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Las costumbres de Semana Santa en Chinandega

Ha concluido la Semana Mayor, y sus ecos nos permiten hacer añoranzas sobre la forma en que se celebraban esos días en las décadas de la primera mitad del siglo pasado cuando Chinandega era La Ciudad de Las Naranjas.

san-antonio_chinandega_nicaragua.jpgNo nos vamos a referir al significado de la semana santa desde  el punto de vista religioso, sobre lo que significa la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo para el perdón de nuestros pecados y la recompensa de la vida eterna, en la presencia de Dios, lo cual representa su nuevo pacto con el ser humano.

Vamos más bien a narrar como se celebraba en Chinandega, hace 50 años dicha semana.  En primer lugar la gente asistía a las iglesias a escuchar las prédicas de los sacerdotes y a participar de las misas, religiosamente asistían el viernes santo a las 3 PM, a escuchar el sermón de las 7 palabras, las últimas que pronunció nuestro Señor, también las familias iban a misa el Sábado de Gloria, que por alguna razón llamaban la misa del gallo.  Ese mismo día en las casas a las 12 de la noche, los padres les pegaban a los hijos porque, existía la creencia de que esa manera, ellos crecerían. El resultado: Los muchachos lloraban pero no crecían.

Igualmente la gente apaleaba a los árboles ese mismo día, para que dieran frutos. El resultado era que los árboles sí daban frutos, para ello hay una explicación científica y es una práctica que algunas  empresas utilizan para estimular la floración.

En las casas la gente no comía carne sino comidas como sopa de queso, tortas de pescado y pescado seco. Durante los Jueves y Viernes no se cocinaba, para poder asistir en familia a las actividades religiosas y a las procesiones.   Asimismo, se acostumbraba  a preparar y a comer dulces como el almíbar de mango, jocotes y marañones, que eran y son una delicia. 

Sin embargo lo más sobresaliente de todo esto era el respeto que había durante la semana, no se hablaban malas palabras, no circulaban los vehículos, ni los coches y carretones, no se corría, no se escupía en el suelo, porque se decía que  en la tierra  estaba el cuerpo de Jesús, el Cristo.  También y a pesar de la pobreza en esos días la gente estrenaba zapatos y ropa, por lo que en las semanas  anteriores los sastres y las costureras estaban muy ocupados.  Se estrenaba sobre todo el Viernes, Sábado y Domingo, cuando la alegría volvía a la ciudad por la resurrección del Señor.

En las iglesias los padres acostumbraban llevar a los niños a hacer guarda desde el Jueves Santo, la imagen de Jesús estaba en el suelo y 4 niños con rifles de madera hacían guardia, era un privilegio y se pensaba que sólo los niños bien portados podían participar de este evento honorífico.  Los niños por lo general se vestían de camisa blanca manga larga y pantalón azul.

Las procesiones eran un capítulo aparte, la gente iba acompañando a las imágenes con candelas y con mucha devoción, los jóvenes aprovechaban para conocerse e iniciar un noviazgo, cuántos conocieron a sus esposas en una procesión de la iglesia Santa Ana, Guadalupe o el Calvario. Otros cargaban imágenes o las luces que iluminaban las calles, por llevar luces les pagaban, no obstante los adultos pagaban por cargar las imágenes, especialmente el santo sepulcro, la contribución a la iglesia se establecía en base a recorrido de  100 metros.

Los músicos iban tocando el redoblante, aunque después los filarmónicos tocaban piezas fúnebres, acordes al momento que se vivía, excepto el Domingo de resurrección que tocaban piezas alegres,  yendo la procesión a paso rápido en contraste con el Santo Entierro que marchaba lentamente y tomaba hasta 6 horas para regresar al templo. El Viernes la gente, tanto adultos como niños,  por lo general vestía de negro, blanco y azul, en señal de pesar y tristeza.  También se observaban a promesantes por la noche vestidos todos de blanco portando candelas o en el día en la procesión de la iglesia Santa Ana a la iglesia el Calvario, llamada la Vía Sacra,  que salía a las 11 Am y entraba a las 12:30 PM, bajo el ardiente sol que destilaba vapor del pavimento.  Algunos caminaban descalzos durante todo el trayecto, se quemaban los pies, que terminaban llagados.  Pero reconfortados al creer que habían sufrido como Jesús y que sus pecados habían sido perdonados.

Las personas de los barrios que gustaban del teatro, con mucho entusiasmo semanas antes preparaban sus ropas de judíos y romanos y los parlamentos, sacados de la Biblia y de su imaginación.  Interpretaban la pasión y muerte de Jesucristo, llamada la Judea,  el grupo teatral del barrio Guadalupe recorría las calles, desde el templo hasta el cementerio, a partir de las 10 de la mañana.  Aun siendo mediodía una importante muchedumbre los seguía para observar como  azotaban, golpeaban y crucificaban  a Jesús, en no pocas ocasiones el castigo simulado se volvía real, ante lo cual protestaba quien hacia el papel del Señor, con palabras salidas de tono.  Esto causaba risa a los espectadores.  Usualmente hacía de Jesús un señor a quien llamaban Tita Espinoza.

Asimismo, grupos de personas a caballo se disfrazan de soldados romanos, vestidos según la costumbre y recorriendo a caballo las calles de la ciudad. El jefe, el centurión, se lucía el Jueves en la procesión del silencio. La imagen de Jesús iba vestida de blanco, vendado y amarrado, mientras el centurión iba halando el mecate y ofendiéndole con frases de falso profeta, para arriba.  Igual el Viernes recorrían todos los templos, seguidos de los niños que corrían presurosos detrás de los caballos.

La actuación de estos hombres soldados romanos y centurión era para pagar promesas por algún milagro recibido, el centurión conocido con el apodo de “nariceta”, todos los Jueves y Viernes santos sonaba su espada contra su escudo y marchaba al galope de su caballo, en busca del falso profeta, para atraparlo, torturarlo y crucificarlo. La gente desde meses antes colaboraba económicamente con estas personas para hacer sus trajes y pagar otros gastos y así adornar las calles de Chinandega y darle ese sabor pinolero a la semana santa.