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HORACIO PEÑA

Un nuevo poema de Horacio Peña

Hijo del Sol

 

VERSO EN UNA TABLILLA  SUMERIA

Por: Horacio Peña

-Llevo  toda una vida, me confiesa, toda mi vida, traduciendo
Un verso que descubrí en una tablilla sumeria. Pero no logro
la radiante belleza del rey, y el fragor de la guerra.
He hecho noventa y nueve traducciones y ninguna de ellas
se compara con el original cuneiforme de la escritura sumeria.
Aquí le traigo cuatro, le voy a leer las dos primeras y usted lee
las otras dos.
Con una voz que viene de los tiempos más remotos, lee:

El rey, brillante como el sol,
va a la guerra veloz,
en su carruaje de oro

y  luego:

El rey, el hijo del sol,
se adentra veloz en la guerra,
En su carruaje bañado de oro.

Ahora le toca a usted. Leo:

El rey, que es el sol,
se abre paso en la guerra,
en su veloz carruaje bordado con oro

y  la siguiente:

El rey, que nace del sol,
se lanza velozmente a la guerra,
en su carruaje dorado.

-Cual le parece mejor?-
-No puedo decirle, ya que no  conozco la lengua sumeria-.

Se entristece un poco de mi respuesta, pero se anima,
y después de un momento, me dice:
-Se me ocurre otra posible traducción, y musita,  como
un hombre que habla con nadie, la traducción número cien,
de ese verso que encontró  en una  tablilla sumeria:

El rey, coronado de sol,
va, veloz y valiente a la guerra,
montado en su carruaje   reluciente  con oro.

 

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Lunes, 17 de Abril de 2017

Poemas de Semana Santa

Juicio Jesus

EL PROCESO
 
No vine para estar con el sistema
sino para denunciar todos los sistemas.
Gog es el gran consorcio,
la injustica y la explotación.
Magog es el despotismo del estado
el despotismo del partido.
Los dos son abominables
por eso los rechazo.

Ustedes meditan la injusticia
traman el mal durante la noche
y al amanecer lo ejecutan.
Todo cae bajo sus manos
todo va a sus cuentas en los bancos.

Juntan casa a  casa
y campo a campo.
hasta apoderarse de todo el lugar
y quedar  como únicos dueños del país.
Convierten al hombre en una cosa
lo alienan
lo encierran entre cuatro paredes
no le dan un nombre
sino un numero
una tarjeta I.B.M,
roja, verde, amarilla,
según el caso
pero no le dan agua, ni luz, ni aire,
ni libertad.
Para esto vine al mundo
para dar testimonio de la Verdad.
Todo lo que esclaviza y el que esclaviza
será borrado de la tierra.
No crean que la rebelión contra el estado
el alzamiento en armas,
Termina con la muerte del combatiente,
termina solo cuando no haya  nunca mas
ni explotadores ni explotados.
La sangre del pueblo es semilla de pueblo.
La paz no se encuentra  por casualidad,
es la búsqueda de todos los hombres
es el producto de la igualdad y la justicia
es el producto del amor entre los hombres.
Rechazáis el amor y seréis juzgados por el amor.
Como de aquella ciudad
que no quedo ni cimientos ni nada,
de estas ciudades no quedara
ni hierro sobre hierro
ni piedra sobre piedra.
Destruidos serán sus supermercados,
centros comerciales, plazas de compras,
palacios dictatoriales, oficinas de seguridad,
catedral, iglesia, templo
que no fue refugio del perseguido.
Era una amenaza para el sistema
para todos los sistemas.
Un agitador, un peligro para el orden público.
Provoca la fuga de capitales,
ahuyenta las inversiones.
Es un hombre oscuro,
hijo de un carpintero,
un obrero de la fábrica,
un campesino,
Quien preguntara por él?
Quien se preocupara por él?
Ni el mismo pueblo que defiende,
el pueblo siempre fue crucificador de redentores
y siempre fue cobarde.
Lo crucificaron a las tres  de la tarde,
lo tiraron a un camino con cinco balas en el cuerpo.
Pero el  pueblo hizo
que no pasaran  sus palabras.
 
Septiembre de l976

 

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Miércoles, 12 de Abril de 2017

Prendimiento de Jesus

EL PRENDIMIENTO

Llego al huerto de los Olivos
el jefe de los sacerdotes
y el jefe de la policía del templo
y lo rodearon en su círculo de tinieblas.
Linternas y antorchas
espadas y palos sobre su cabeza.
El beso señala la traición:
“Amigo,
a que has venido?”
Ahí está mi doctrina
todos los días la grito
desde los tejados, plazas y  mercados.

Todos los días hablo contra el desempleo,
la mortalidad infantil, el  analfabetismo,
la acumulación desmedida de riquezas,
la especulación con la tierra y el hombre.
Proclamo la buena nueva,
la liberación total
-todo el hombre y todos los hombres-.
Denuncio que a un pasado de colonización
sigue un presente de explotación.
Entre el capital y el hombre, estáis por el capital
entre el estado y el hombre, estáis por el estado,
Pero el hombre es la medida de todas las cosas.
La conquista del reino de los cielos
-que es la conquista de la eternidad-
comienza en este mundo, en este tiempo,
en este aquí y en este ahora.
El hombre no fue hecho para el sábado
sino el sábado para el hombre.
Llegaron a la casa
y se sentaron a la pobre mesa.
Comían.
Entro la guardia, la soldadesca,
el jefe de la policía secreta.
Afuera
los tanques y metralletas,
los focos y megáfonos.
El compañero de armas, ideales,
compartidor del peligro, del sueño y del ensueño,
un oportunista,
un arribista de ultima hora:
-“Amigo,
a que has venido?-“
Lo apuntaron al pecho,
golpearon y ensangrentaron.
Lo escribí en todas partes:
Muros, periódicos y revistas
la radio
y las hojas volantes.
Con el salario que no se paga al trabajador
se construyen quintas y mansiones,
y con la iniquidad se edifican salones y jardines.
Nuestra fe no evade lo real histórico
sino que transforma el subdesarrollo
la opresión y la miseria.
El hombre no fue creado
ni para el estado ni para ningún partido,
esta sobre todos los estados y todos los partidos.
A una violencia injusta
sucede siempre una violencia justa.
Los acusaron de sediciosos,
individualistas,
perturbadores de la paz,
alborotadores.
Hablaban de la dignidad
la libertad
la igualdad comunitaria
los derechos del hombre.
 
Marzo de 1976

 

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Miércoles, 05 de Abril de 2017

lavado-manos 

Por: Horacio Peña

•     DiarioNica se honra en presentarles a partir de hoy miércoles 05 de abril de 2017 Los Poemas de Semana Santa del poeta Horacio Peña

LAVATORIO DE LAS MANOS

Doy vueltas para no ver ni oír.
Inútil.
El está ahí, en ellos.
El es ellos y todos los demás.
Un Dios encarnado, un pueblo encarnado.
Y nada sirve el lavatorio de las manos.
Nada tengo  que ver con lo que aflige al mundo:
la guerra que devasta la ciudad
y siembra de muerte el pobre campo,
yo no la hago.

El hombre que se tortura,
las unas arrancadas, la vida arrancada,
la cara,
los testículos deshechos,
cortados,
arrancados,
Yo no lo llevo ni lo cuelgo.
Trato de no ver
la divina dimensión del hombre.
Pretendo olvidarla.
Y luego sacrifico,
quemo todo lo que tiene de humano.
Me lavo las manos.
soy puro, soy puro, soy puro.
No robo.
No mato.
No engaño.
Pago los diezmos y primicias,
Y sostengo casas de caridad,
asilos y orfanatos.
Cumplo la ley y los profetas.
“Not to get involved.”
No comprometerme.
Pero todo cuerpo
es el templo de Dios
y hemos rechazado comulgar con Dios
a través del hombre.
Primero derramos la sangre del Creador
y  luego de la criatura
hecha a su imagen y semejanza.
El que muere ametrallado
la mujer con su vientre violado
no es mío y no lo toco.
Lo veo y es como si no lo  veo.
Lo oigo  y es como si no lo oigo.
En las minas, fabricas, circos y galeras
esta el miembro visible del Cordero
el otro Cristo, pero lo ignoro, doy vuelta la cabeza.
La guerra entre los pueblos
es  buena para la venta de armas
sube las acciones de la bolsa.
La sequía viene bien
para meter el trigo en los graneros
y sacarlo en tiempo de hambre.
Me pongo  mi sonrisa
de ciudadano honesto, satisfecho, justo,
y me lavo las manos.
Soy puro, soy puro, soy puro.
 
Febrero 1977

 

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Jueves, 17 de Febrero de 2017

50 AÑOS DE ARS MORIENDI

Horacio Peña recibiendo el premio Ruben Dario de Poesia  1967.por su poemario Ars Moriendi y otros poemas. Entrega el premio el presidente de nicaragua Lorenzo Guerrero

Horacio Peña revela los entretelones de “ARS MORIENDI y otros poemas”

“ARS MORIENDI  y otros poemas”, es la vida de un hombre, vita d’un uomo,  que quiere ser todos los hombres.

El tema y el centro del libro, es ese desconocido asediado por la vida y por la muerte. Ese desconocido, en su cuarto de hotel, se asoma al tiempo, y desde su ventana ve a todos sus hermanos:  el hombre de Heilderberg, el de Galilea, el Homo Erectus, el Homo Sapiens, que como el, pasaron por la tierra, sufrieron, vivieron, y al final los alcanzo la muerte.

Y está el otro hombre, hermano de todos, el Homo Atomicus, sorprendido por la máquina, deshumanizado por la máquina, maquina el mismo, convertido en un alienado por la máquina. Este hombre en el hotel, asiste, sin poder  hacer nada, a la destrucción de una civilización por la cual nunca ha sentido gran admiración. Una civilización que ha creado los campos de concentración, que los sigue creando, que levantó los crematorios, y la aniquilación de la vida en las ciudades. Nada de la cual sentirse orgulloso. Una civilización vacía.

Pero esta desesperación que llena su vida, está acompañada de una esperanza. No todo en el libro  es angustia, y muerte sin resurrección. Si bien es cierto que aun en poemas como los de “Frisos con arqueros escondidos”, en los cuales los símbolos de Cristo, “Águila”, “Cordero” “León”, son quemados y reducidos a la nada, está ese símbolo del “Pez”, que   infunde una nueva visión a ese desierto en donde no crece nada, no vive nada:

 pero así y todo basta y sobra
la perfecta redondez del ojo
la insinuación de una línea
el inicio de un movimiento
para poner alegría en el rostro del perseguido.
 
A pesar de toda esa desolación, el desconocido conserva todavía
una fe en el hombre, como es la referencia bíblica con que
termina el libro:
 
porque el espíritu del Señor sopla cuando quiere
 
Lleno de infinitas alusiones, el lector y lectora irá descubriendo paso a paso, que Ars Moriendi y otros poemas se alza, a pesar de todo su pesimismo, como una tabla de salvación, para ese naufrago marino, o naufrago espacial. Es la humanidad la que puebla las páginas de este libro, es la historia, muy antigua y muy moderna, la que lee este lector o lectora, medio siglo después, cincuenta años después, que apareció este libro por primera vez. Un lector o lectora que puede ser, en apariencia, diferente a los que leyeron el libro en 1967, pero que participa con sus sueños y pesadillas, de esa vida de los lectores del pasado. Vidas diferentes en cierto modo, y, sin embargo, parecida a todas las vidas. Escrito en Paris, cuando yo tenía 30 años, o faltaban pocos meses, las personas que aparecen en el poema, en los poemas, son reales:

 -“Pero si es joven”-
te ha dicho la señora de origen ruso hace solo algunos días
La señora rusa era madame Vacroux, cuyo hijo André yo había conocido en la
Universidad de Notre Dame, South Bend, cuando yo tenía veintitrés años,
André Vacroux, un talentoso estudiante de matemáticas. Cuando los Vacroux
me ofrecieron un cuarto, su hijo André estaba en Chicago, de modo que no pudimos vernos.
En  1969, invitado por  el Gobierno de Francia, mi esposa Ruth y yo, visitamos a los
Vacroux, que nos ofrecen vivir con ellos. El Gobierno francés nos da todo
el dinero del hotel, de modo que nos encontramos con abundantes francos para disfrutar Paris. La señora Vacroux ofrece a mi esposa un abrigo para protegerla del frio. Días después llega el poeta Ernesto Gutiérrez, que también era invitado de Francia, llega subiendo las escaleras, un poco cansado y con una botella de vino. De modo que los Vacroux, permanecen siempre en nuestro recuerdo.
 
 El cuello de tu camisa, sucio, grasiento,
-la muchacha norteamericana ya para separarse
te miraba incesantemente  el cuello  de la camisa
tratando de desviar la mirada.
 
La muchacha era de Nueva York, y estudiaba francés en Paris. Todo lo que se dice en el poema, esos todos y todas que se mencionan, Existieron realmente, en Paris o en Nicaragua, era el juego mortal de la memoria que quería vencer al tiempo, al pasado y al futuro,
dejando sus voces, en Ars Moriendi… Los campesinos dándome la llave de la iglesia, siempre los recuerdo, la mujer bajo la lluvia, ese desconocido o desconocidos que llegan al hotel durante la noche, eran unos nicaragüenses que solo estuvieron una noche en el hotel, y luego se fueron a otra ciudad.
Yo tenía treinta años o faltaban pocos meses, Era el tiempo de los jóvenes iracundos o coléricos en Inglaterra y de los “blouson noirs” en Francia, jóvenes que protestaban, como lo hacen hoy en todas partes, contra las injusticias y los poderosos. A los treinta años, los famosos versos de Darío adquieren una violenta denuncia, contra los que en Nicaragua, en ese momento, se enriquecían y se siguen enriqueciendo con el estado y la sangre de los pobres:
 
Todos ellos tomando parte en la vida política del país,
construyendo una patria nueva, eso dicen,
preocupados por el bien publico
dirigiendo los destino de la nación
-pequeña es la patria, pero grande la suenan ellos-
agrandando sus riquezas y fortunas personales
en el nombre de la patria.
 
Escrito a los treinta años, contra la usura y el enriquecimiento personal, ahora a mis ochenta años, viejo, pero siempre lleno de esa cólera, de cuando era joven, ese verso de Rubén me sirve para   denunciar a los que han hecho sus riquezas con el expolio de los pobres y del país, ahora más pobres que nunca. Una utopía que se traicionó, que se ha traicionado siempre en Nicaragua.
Referencias culturales, históricas, referencia a la pintura, y a la música, a la poesía nicaragüense, y a la poesía universal, se palpan en el libro. La Danza de la Muerte y el Triunfo de la muerte, por esa danza y ese Triunfo aparecen y desaparecen:  Alphar y Helinando, Mateo –Mateus Filis Deus et Mortis- Arnao y Bernardo.
 
La sección del Caballero Cruzado jugando  ajedrez con la muerte, es una
leyenda escandinava, que Ingmar Bergman recoge en su película “El séptimo sello”,
una película que vi por primera vez en un cine de South Bend, Indiana, cuando
estaba estudiando en Notre Dame. Una película que me marcó y cambió para siempre. La mejor película que he visto en mi vida.

José Antonio Luna- periodista, ensayista y editor-, en su extraordinario trabajo “Horacio Pena: visionario existencialista” menciona las causas por las cuales “Ars Moriendi y otros poemas” no se conoce mucho en Nicaragua.  Debo a José Antonio Luna ese rescatar del olvido, este libro, con esta edición conmemorativa en la cual él ha trabajado incesantemente, para salvar “ Ars Moriendi y otros poemas” del olvido, y hacerlo asequible, medio siglo después, a los lectores y lectoras de este 2017. Cuando aparece el libro, escriben sobre el: Julio Cabrales, Rafael Squirru, Augusto Arias., Pablo Antonio Cuadra.

Así y todo, “Ars Moriendi y otros poemas”, ha tenido cierta acogida. En
primer lugar, quiero mencionar la edición bilingüe parcial (La Danza de la Muerte y El Triunfo de la Muerte) que preparó Danilo López, poeta, arquitecto y traductor, y su ensayo: “El poeta-profeta   y la revolución integral”, que se   publicó en Miami en 2004, con una traducción de Mike Canning.
Conocí a Mike Canning y a su esposa Judith, en l967, mientras era profesor de español en la Embajada Americana. Mike trabajaba en la Sección de Información.  Y  publicó en ese tiempo varios artículos en español, sobre la literatura norteamericana, que se publicaron en La Prensa Literaria. Luego fue diplomático en varios países de Latinoamérica y de Europa.
Ahora es crítico de cine en Washington D.C, y su libro más reciente, “Washington
On  the Potomac”,  ha recibido excelentes comentarios. Recientemente ofreció
una conferencia en la Biblioteca del Congreso, sobre  las novelas norteamericanas
que han sido llevadas al cine.
 Quiero citar dos de  las numerosas y acertadas afirmaciones que escribe Danilo:
“Horacio Pena ha tenido siempre una preocupación, un pensamiento central
arraigado en el deseo de la trascendencia humana, del destino espiritual superior
de la raza humana. Desde “Diario de un joven que se volvió loco (l962) pasando por “La soledad Y el desierto”, llegando a Ars Moriendi, y continuando con su obra literaria posterior, su poesía está impregnada de la visión profética.”

Y esta otra: “Una nueva visión del arte está en gestión y yo propongo que Ars Moriendi es uno de los textos centrales que adelanta esa revolución, y Horacio Pena uno de esos artistas espirituales, y Nicaragua otro foco de la siguiente etapa de la evolución del lenguaje en español –otra vez-   y de la persona espiritual; una revolución    no formal, sino de contenido. “.
 
Bertrand Barbe, que tradujo “El soldado desconocido” de Salomón de la Selva, me dijo en uno de los festivales de poesía de Granada, que había traducido “La danza de la Muerte” y “El triunfo de la muerte”.

Debo a José Antonio Luna, con su tenacidad de investigador cultural, el haberme
encontrado y proporcionado, las revistas y fechas de su publicación: La danza de la muerte”, Bulletin de   l’Association des Danses Macabres D’Europe, no.8,   enero de 1966. “El triunfo de la muerte”, Bulletin de  L’Association des Danses Macabres d’Europe, no.9, septiembre de l966.
También aquí en Austin, Texas, Veronique Mazet, tradujo al francés, sin publicarse, secciones de La Danza y el Triunfo, y secciones de “Retrato de un desconocido.”
 
 En un correo electrónico del profesor Alberto Ignacio Bernal, que recientemente
organizó en Colombia una serie de homenajes a Rubén Darío, con motivo del Centenario de su muerte, me escribía: “Di con tu obra, “La soledad y el desierto”, recientemente publicada por la UNAN, Ars Moriendi y otros poemas” y magnífico “Diario de un joven que se volvió loco” que me dio tres vueltas como decimos en Colombia, que leí con ferocidad y pasión. Después la compartí con mis compañeros de escritura en Medellín, y Ars Moriendi y “El retrato de un desconocido”, se nos volvieron himnos y ritos. “La Dama de Elche” es otra pieza que mantengo presente y que comparto con mis alumnos, (actualmente dicto la catedra de Literatura Europea Medieval en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, en la que cada   semestre menciono y divulgo Ars Moriendi cuando trato de las Danzas de la muerte”.
 
Esta edición conmemorativa de “Ars Moriendi y otros poemas”, reitero,
 se hace posible por la imaginación y tenacidad de José Antonio Luna que ha dedicado su tiempo a organizar todo el libro: formato, orden de los comentarios, el de José Domínguez,
el de Álvaro Urtecho, y el de Edwin Silva. Reproduciendo en la contraportada
las palabras que escribiera Pablo Antonio Cuadra, en l967, escogencia de las ilustraciones,
y   en fin, todo el trabajo que lleva  y conlleva la edición de un libro.
Y es por eso, querido lector, lectora de este 2017, que lees este libro que se
publicó por primera vez, hace cincuenta años., hace medio siglo. Gracias Antonio.

Horacio Peña
Austin, Texas, febrero 2017.

 

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Miércoles, 28 de Diciembre de 2016

Un nuevo minicuento de Horacio Peña

Muros

 MUROS

En aquel tiempo  se levantaron muros entre nosotros y los otros.
Hablan un idioma diferente: muros
Tienen  otro color: muros.
Su religion y sus practicas religiosas son distintas: muros.
Refugiados, inmigrantes: muros.
En sus propios paises, los que tienen y los que no tienen: muros.
Las zonas residenciales y las zonas miserables: muros.
Vienen    huyendo de la miseria y de la muerte: muros.
Nosotros no somos como los otros: muros.

Un dia, sucede   el milagro, aunque ya nadie cree  en ellos, y el amor
y la justicia, nacen en el corazon de todos y se derriban todos los muros.
 
Octubre, 2016

 

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Jueves, 15 de Diciembre de 2016

Nuevo minicuento de Horacio Peña

Ciudades Futuro

CIUDADES
 
- Yo conozco  todas las ciudades-.
Ciudades de vidrio y de cemento.
Ciudades sobre el mar
y ciudades bajo el mar.
Ciudades envejecidas, mustias, sombrías y ciudades alegres,
las ciudades del sol.
Ciudades cerradas  a cal y canto, donde no se hablan los unos con los otros,
cada uno encerrado en su propia prisión del orgullo y de  la envidia.
Ciudades fantásticas,  ciudades de la fantasía que giran alrededor
de los astros y las galaxias.

Se me dio la dolorosa visión de las ciudades del futuro  destruidas por el odio
y  por  las guerras. Las guerras que vienen de los odios.
Yo conozco todas las ciudades. Solo me hace falta conocer una.
Mañana comienzo mi último viaje de peregrino, hacia la que un hombre llamo
Civitas Dei, la Ciudad de Dios.

 

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MINICUENTO DE HORACIO PEÑA

Viernes, 18 de Noviembre de 2016

HAMBRE
Hambre HP 

-Hambre- dijo. Todos tenemos hambre.
Hambre de poder.
Hambre de riquezas.
Hambre de amar y ser amado.
Hambre de ser y conocer.
Hambre de odio y de venganza.

Hambre de paz, esa paz que  el mundo no puede darnos.
-Hay   muchas clases de hambre- anadio.
Hambre de soledad.
Hambre de ser conocido y reconocido.
Hambre ,hambre.
Hambre de Dios.

_ Cual es el hambre de ustedes?- pregunto. En medio del silencio
se  encamino  hacia la puerta, y salio a la radiante oscuridad  de la noche.

Septiembre 2016

 

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HORACIO PEÑA

Miércoles, 19 de Octubre de 2016

6 mini cuentos

diluvio universal 

LA ETERNIDAD
 
-No abra esa ventana- le suplican a la mujer.  Si la abre, comenzará el diluvio universal de la eternidad,
y no tenemos el arca milagrosa para salvarnos.-
-Yo soy la eternidad- contesta la mujer.
Y abre la ventana.
 

Satanas 
EL MAL
 
-No cierre esa puerta- le gritan. Si la cierra,  empezara el reino del Mal. El Mal será el Señor del Mundo.-
-Siempre ha sido el Mal el Señor del Mundo,- responde.  Nosotros somos el Mal.
Y   cierra la puerta.
 
Piedra 
LA  PIEDRA
 

-No toque esa piedra- lo previenen. Si la toca, será como la piedra: dura, fría, que no piensa,
ni siente, .-
-Eso quiero  ser,-  contesta. Ser piedra, no pensar, no sentir.-
Y toca la piedra.
 
Apocalipsis-Nuclear 

LA PALABRA

 
-No diga esa palabra- le ruegan. Si la dice, vendrá el fin del mundo. La quinta y última destrucción
del mundo-
-Ya lo hemos destruido cuatro veces,- replica. Ahora  el mundo volverá a la Nada.
Y  dice la palabra.
 
demonios 
DEMONIOS
 

_No mire esa pintura- aúllan los demonios. Si la mira, se volverá como uno de nosotros.
Pero el hombre ya es absorbido por la pintura. Ahora es otro demonio, de esa legión de demonios.
 
demonios 2 
OTRO DE DEMONIOS
 

-No mire esa pintura- le susurra el hombre. Si la mira, se convertirá en  otro de los demonios, en esa pintura
infinita-
Y distingo entre las llamas infernales al hombre que me habla. Y comienzo a ver, mi propio rostro,
transformado  en el rostro de uno de los demonios.
 
Septiembre, 2016

 

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Lunes, 19 de Septiembre de 2016

Poesía metafísica de Horacio Peña

POESÍA  NUEVA DE HORACIO PEÑA

Noche Horacio Peña

LA NADA
 
Toda tu vida has luchado
para dar vida  a la Nada:
Le Neant
Das Nicht
La Nada
The Nothingness.
En vano.
Ahora,
cuando el tiempo  te  apremia y urge,
-con más angustia y desesperación que nunca-
luchas contra la Nada,
para dar vida a la Nada.
 
                  Abril, 2016
 

 

OTRA VIDA
 
Me despierto,
y no logro relacionar lo soñado,
con ninguna experiencia de mi vida.
De  esta vida.
Me pregunto,
en qué vida viví,
la experiencia de este sueño?
 
                                   Mayo, 20126
 

DE LAS FALSAS APARIENCIAS…
 
El negro,
sobre lo negro en el negro:
es el blanco.
La vida,
sobre la vida en la vida:
es la muerte.
La muerte,
sobre la muerte en la muerte:
es la vida.
De las falsas apariencias,
Líbrame Señor.
 
                                Agosto, 2016

 

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Jueves, 21 de Abril de 2016

CHIAROSCURO

Poeta HoPeña 

Por: Horacio Peña

El color parece desaparecer,
perderse en el espacio,
pero  esta en lo más profundo de la superficie.
Tienes que bajar de una capa a otra capa
-con humildad-
para verlo
para tocarlo.
El color.

Como tu dolor,
que parece desaparecer,
perderse en el tiempo
-lleno de las cosas de todos tus días-
pero que vive,
más dolorosamente con cada día que pasa,
en lo más profundo de tu corazón.

 

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Miércoles, 30 de Marzo de 2016

ZHASLAHLLA, O LA MUERTE DE LOS ARBOLES

Un relato de realismo trágico

Hojalata

Por: Horacio Peña


    Cuando niño su padre prometió llevarlo. Toda la gente iba. Algunos tardaban días, otros semanas y otros en fin, años. Otros llegaban sin moverse del sitio donde nacieron, pero todos hacían el viaje. Solos o formando interminables caravanas, en carretas con tolda o sin tolda, a lomo de camello o de mula, se adentraban en el desierto, en su espejismo de rostros y seres queridos, o sobre las ruinas, habitadas ya sólo por el lince y el chacal. A través de los mares y los ríos de agua solidificadas, no blancas, sino azufrosas, casi negras, la gente se dirigía a ese lugar milagroso lleno de prodigios.

    Se recobraba la juventud ahí o parecía recobrarse, porque los que volvían eran como más jóvenes y bellos, emergían de las aguas, cuando las aguas eran azules y la espuma blanca. Renacían. Los enfermos mejoraban y los tristes, al regresar, mostraban una sonrisa que no se les conocía.   

    Pero nunca pudo ir. Padre y madre murieron como habían muerto muchos, de ese polvo fino cargado de una fuerza aniquiladora, cuando los pulmones de los hombres se convirtieron en aletas inútiles, inmóviles, de piedra, y funcionaban con dificultad o no funcionaban del todo, sin respirar aire, sino ese polvito dorado que llevaba el viento y que rugía sobre las cabezas formando extrañas figuras en el cielo o lo que se podía ver de los cielos abiertos, y era como un viento que sollozara, que hablara.

    Una vez le preguntó a su madre qué ruta había que seguir para llegar, y ella contestó:

-En línea recta-    
pero no quedó satisfecho, quiso saber más
-¿Y en qué dirección?
-No importa la dirección. Se comienza a caminar en línea recta y al final se lo puede contemplar, ahí, abajo. Luego hay que descender.- Era un sitio de peregrinaje, algo sagrado. Siempre le intrigó ese nombre que le recordaba un santuario hindú, o tal vez un templo budista, o una palabra mágica que se pronuncia al frotar la lámpara para que salga el genio: Zhaslahlla

    A medida que corrían los años aumentaba su curiosidad. Los relatos de los viajeros lo describían como una especie de paraje encantado, un paraíso que se recobraba o que nunca se perdió. Ríos, pájaros, todo era verde. No era grande, pero lo rodeaban montañas, era un lugar montañoso o un pueblo cercado de montañas y en el centro esa maravilla que jamás terminaban de describir, que se alzaba ante los ojos como un cohete que se remontara y luego explotara en el aire, como esos fuegos de bengala que suben hasta el cielo y estallan en mil colores.

    Pero algunos lo recordaban como ese hongo luminoso que se levantó y destrozó la noche, las estrellas. Un hongo luminoso que encegueció y oscureció todo, y los había obligado a volver al comienzo de las cosas. Y todavía podía verse su forma en el cielo, una forma gigantesca, ya diluída, que parecía abarcar el Todo y la Nada, lo que permanecía abajo y lo que flotaba arriba, cubriendo el Infinito y el Absurdo.

    Ahí, en el centro, mientras los recién llegados se acercaban con una gran religiosidad, un sentimiento que era de miedo, temor, surgía esa maravilla, ese último milagro que no terminaba de morir. Algunos permanecían una semana, otros varios meses, y había quien se quedaba para no regresar. Otros en cambio sólo llegaban por unas pocas horas, pero cualquier tiempo era suficiente para que se realizara la metamorfosis: la juventud revestía el cuerpo: la alegría, los ojos.     

    Le preocupaba sobre todo que el lugar desapareciera de pronto, y más que el lugar, lo que existía en él, eso que brotaba del centro del pueblo, y que no pudiera verlo, temía que se disolviera en el aire, que se perdiera en la bruma que rodeaba a la pequeña aldea, o se secara convirtiéndose en una momia, con los pies, los brazos, la cabeza envuelta en un sudario blanco o amarillo.     

    Circulaban toda clase de leyendas. Ya desde niño pasaban de boca en boca, o de lo que fue alguna vez una boca, con labios, una boca que hubiera servido para hablar, cantar, adorar, o besar. La leyenda que más lo atemorizaba sugería que cuando comenzara a salir la sangre, todo terminaría, la vida sobre la tierra o lo que llamaban vida sobre la tierra, esos pequeños seres reptantes, con sus pulmones pisciformes, sería una muerte implacable, lenta, y nadie podría detenerla, la sangre blanca continuaría saliendo, blanquizca, lechosa, deslizándose, y subiendo las montañas, convirtiendo todo en un mar blanco y pegajoso, y la sangre iría luego a las ciudades o lo que restaba de las ciudades, y cubriría todo, una corriente pegajosa, viscosa. La leyenda añadía que luego los hombres, o lo que se asemejaba a los hombres, se convertirían en eso que acababa de morir, y de acuerdo con las buenas o malas acciones realizadas a través de las interminables muertes y resurrecciones, serían más grandes o más pequeños que eso glorioso, esplendente, como resucitado de su sepulcro.

    Hacía miles de años, de muchas lunas, eso que ahora sólo se podía ver en este lugar mítico, encantado, existía en todas partes, en cualquier sitio, eso relataban las viejas, gigantescas piedras sobre las cuales se grabó la historia, viejas estelas con figuras fantasiosas, fantásticas, que recordaban eso allá lejos, enormes piedras negras, blancas, todas cubiertas de signos, líneas, espirales, círculos, hombrecillos de rodillas. Las piedras afirmaban que antes era común verlos en los caminos, en las plazas, moviéndose lentamente y que cuando el viento pasaba entre ellos, como si el viento fuera un dios, se oía una música maravillosa que volvía felices a los hombres.  

    Sobre las piedras, sobre algunos muros en pie, como frescos, como centinelas del ocaso, podían verse esos dibujos que una mano vacilante trazara en un instante desesperado, en un intento de recobrar la eternidad, ese infinito que se perdió en medio de una luz hirviente, hirviendo, se los veía como cohetes que explotaran, como una luz que revienta en añicos, y una explosión de miles y miles de soles que se abrieran y cayeran sobre la tierra dormida, una explosión que invadió los trece cielos y los nueve infiernos.

    Pero luego comenzaron a desaparecer, a ser destruidos. En las piedras también se grabó eso. Hacía miles de años, cuando el agua era todavía azul y la espuma blanca y centellante. Los signos hablaban sobre la destrucción a que fueron sometidos, se los podía ver tendidos en el suelo, como cadáveres después de una batalla, o como cuerpos que se deslizaban sobre grandes tablas hacia el crematorio, alineados, y esas inmensas máquinas, eso le parecían a él, cercenándolos, arrancándolos con todo y tierra y dejándolos caer sobre otras máquinas, que los llevaban a otras máquinas, que daban a otras máquinas movidas por otras máquinas, movidas por el hombre, todavía calientes, chorreando sudor y sangre y tierra fresca, un olor a tierra fresca, a cuerpo oloroso. Había en el aire toda clase de aromas, toda clase de colores y formas, eran como los cuerpos de los hombres, no parecían pensar o sentir, sino que realmente sentían y pensaban, realmente eran los cuerpos de los hombres, con los brazos levantados, como orando, o brazos que rodeaban amorosamente la cintura, miles de eso que ahora sólo se podía ver en este lugar prodigioso, en Zhaslahlla, un santuario al que iban sin que importara el peligro de los desiertos, los mares o las ruinas, sin importar el peligro del asalto o de la transformación en estatuas, porque se tenía que ir, algo así como la Fuente de la Juventud, o El Dorado, algo milagroso que devolvía la vida, algo en que la gente creía, como creyó en el Santo Grial. O lo que se llamó alguna vez La Meca, hacía de eso ya mucho tiempo, cuando había gaviotas, cuando la gente creía, porque luego abandonó todo eso y se dio a la fábula, no creyeron ni en los dioses ni en los hombres, nadie creía ya en nada. Pero ahora sólo existían las pocas cosas que se arrastraban sobre el suelo, que levantaban la cabeza para ver esto que emergía día y noche, noche y día, a cualquier hora, en el lejano pueblo.

    Tal vez comenzó con el humo de las maquinas que invadía las carreteras despidiendo esa costra que se incrustaba en ellos cubriendo los poros, impidiéndoles respirar, una costra que se extendía por todo el cuerpo ocasionando la muerte por asfixia, una costra cada día más gruesa, pegándose a ellos, envolviéndolos con vueltas y más vueltas, como en un sudario. Una costra que era como esas manchas de aceite que se extendían sobre las aguas aniquilando, los animales que vivían en ellas, o que se esparcía por todo el cuerpo, de arriba abajo y de abajo arriba, por la cabeza, los brazos, los ojos, sin dejar lugar libre para respirar.     

    El paisaje era bello entonces, así se lo contó su padre que se lo contó su padre que se lo contó su abuelo o el abuelo del abuelo y así de generación en generación, porque él sólo los conocía sobre los grabados de las piedras.

    Al marchar por la carretera se los podía ver uno tras otro, pasaban ante los ojos a una velocidad asombrosa, parecían moverse, realmente se movían, explicaba su padre. Iban el uno tras el otro, todos detrás de uno y cuando se inclinaban se saludaban los unos a los otros y todos saludaban al viajero que pasaba vertiginosamente delante de ellos. El viajero sembrando muerte, porque despedía ese humo que formaba la costra que se pegaba sin soltarlos nunca más. Primero murieron ellos y luego murieron los hombres.

    Y se inclinaban, devolvían bien por mal, se balanceaban y parecían decir “Adiós”, realmente se inclinaban y decían “Adiós” o “Buenos días”, cuando los hombres se dirigían a sus trabajos y luego al regresar, ahí los esperaban a lo largo de las carreteras, cuando el rostro volvía cansado y opaco, y los ojos sin brillo, ahí se los podía contemplar, saludando con sus largas cabelleras movidas por el viento y soltaban de esas cabelleras pájaros y dioses, o dioses-pájaros, y movían sus largos brazos y hablaban como en un susurro, pero claramente: “Buenas noches, espero que haya tenido un buen día.”

    Y ellos daban felicidad y alegría cuando se adentraba por los caminos. Eran vigilantes, genios protectores. Nunca hacían mal a nadie, sino que eran fieles amigos que protegían cuando uno cansado, se arrimaba a su sombra, a su cuerpo.

    Todos iban hacia ellos: los niños, los enamorados y los viejos. Los niños jugaban a su alrededor, saltaban dando vueltas o bien ascendían entre sus poderosos, amigables brazos, allá arriba, y los niños entonaban canciones tomados de la mano al girar y revolotear. Los enamorados se sentaban bajo su mirada y se oía el rumor circulando en lo alto, más allá del cielo, cuando pasaba el viento, una canción, un rumor de amor y los enamorados dejaban sus nombres y dos corazones atravesados por una flecha. Y los hombres jóvenes escribían poemas y canciones y los viejos llevaban algo para leer bajo la verdosa, verde, verdeante mirada.

    Y todos se acercaban con confianza para tocarlos y separarse luego un poco para verlos mejor, para que el prodigio se realizara, se acercaban con fe, y amor. Pero esta gente o que parecía gente, que fue alguna vez gente, llegaba con un sentimiento de culpa por todos  sus antepasados, por el mal que hicieron todos sus antepasados, un mal que se trasmitía de generación en generación, los antepasados que destruyeron todo lo bello y lo inocente que existía sobre la tierra, convertida en un mundo seco, vacío, desolado, con sus enormes ruinas de hierro, cemento, concreto, cristales, todo retorcido, retorciéndose, un mundo helado, como el mismo sol que se mostraba más que nunca cercano a la tierra, que casi se podía tocar con la mano, pero un sol blanco, frío. La culpa en el corazón de todos estos seres que se arrastraban sobre su vientre estéril, escamoso, sin esperanza de que nunca más naciera algo o alguien de esas entrañas, ninguna señal que anunciara al  que debía venir: ni el elefante ni la estrella.

    Después de la muerte de todos ellos se trató de construir algo parecido, pero nunca se logró, nada era semejante a ellos, ni mucho menos, porque a pesar de todo el tecnicismo no se lograba dar la vida, los sacaban por millones de las fábricas, pero no servían para nada y sólo duraban unas pocas horas, porque eran artificiales, de plástico, celuloide, cartón, papel, paja, puro plas, arbolatas, arboles de lata, a lo largo de las calles y en las plazas, que daban un realismo trágico a toda  la ciudad, artificiales como la gente que los fabricaba y como los sentimientos de esa gente, artificiales. Los colocaban por la noche y por la mañana amanecían quemados, despidiendo el olor que dan todas las cosas y los seres que carecen de vida, que no participan de la vida, así eso que salía de las fábricas, pero que no daban alegría cuando se corría por las carreteras o se entraba a las casas.  

    Sólo eso permanecía en medio del lugar, glorioso. Con él comenzó el poder y la gloria y con él comenzó la expulsión y el peregrinaje que no llevaba a ninguna parte, sólo a ciudades solitarias, un éxodo a través del tiempo y la soledad hasta terminar en ese hongo que continuaba disolviéndose, pero que nunca desaparecía, como si estuviera ahí para recordar siempre esa maldad que nunca muere y que vive en el corazón de los hombres.

    Bajo él nació el Iluminado, el que enseñó cómo se debe vivir para no morir, la ley que preserva de la muerte. Inútil todo. Bajo él un rey impartió justicia, cuando todavía había justicia en el mundo. Sobre él alguien intentó salvar el mundo.     
                

Sobre el dulce leño
está el dulce dueño

    Y llegó ahí. Llegó sin moverse y en línea recta como le explicó su madre. Llegó sin trasladarse. Llegó llegando, llegó sin llegar.

    Y lo vio más bello que nunca: gigante, un hongo, no maligno, sino encendido, con esa luz que nos hace renacer, con nervios y carne, levantado, erguido, brotando desde las enormes profundidades del sueño, y siempre un susurro, el viento que pasaba.

    Y reptando, todos se acercaban, y mientras se acercaban resplandecían y se volvían blancos como la nieve.

    El único de su especie que no fue destruido por el hombre, que se salvó, nadie sabía cómo, pero que se lo podía ver, esperando a esta multitud que extendía sus brazos, sus manos suplicantes o algo que era como manos y como brazos.

    Se acercó más, se acercó sin moverse, como si fuera sobre el aire o en el aire, como si fuera aire, se acercó más para ver la antigua herida, y de pronto tuvo miedo a lo desconocido, el miedo a la leyenda, porque mientras se acercaba sobre el aire le pareció ver esa leche pegajosa que comenzaba a salir.

 

 

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Lunes, 14 de Marzo de 2016

Un mini-cuento de Horacio Peña

LA CALLE   LA RUE  DIE STRASSE  LA STRADA  THE  STREET
LA RUE 
-No entre por esa calle, me grita, todos los que entran desaparecen, yo entré y desaparecí. Soy el desaparecido que ahora se aparece a usted, para que usted no entre, no desaparezca.-    

Pero yo ya había entrado en la calle,  demasiado tarde ya.

-‘No entre por esa calle, le grito a usted desde el  fondo de esta página,

no entre , confiado lector,  ingenua lectora. Yo entré y desaparecí, soy el

desaparcido que ahora se aparece a usted, para que usted…….

 

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Sábado, 27 de Febrero de 2016

EL “YO” EN DARIO

 Horacio P MMD

Para estudiar el “yo” dariano hemos escogido: “De otoño”, que nos entrega un “yo” humano y “Yo persigo una forma” que describe la búsqueda de la belleza por el “yo”. Nos ha parecido conveniente reproducir cada uno de los poemas para facilitar al lector la comprensión del análisis que aquí se hace. A ellos podrá referirse cuando aludamos a sus diversos pasajes. He aquí el primer poema:

Yo sé que hay quienes dicen: ¿Por qué no canta ahora
con aquella locura armoniosa de antaño?
Esos no ven la obra profunda de la hora,
la labor del minuto y el prodigo del año.

Yo, pobre árbol, produje, al amor de la brisa,
cuando empecé a crecer, un vago y dulce son.
Pasó ya el tiempo de la juvenil sonrisa:
¡dejad al huracán mover mi corazón! (PC 676)

En “Criterio de esta edición”, notas que Ernesto Mejía Sánchez ha escrito en “Poesía” de Rubén Darío, se traza el momento histórico y vital de este corto poema, lleno de vida y de mundo:

“De otoño”, no se conoce publicación anterior ni manuscrito, pero según carta de Darío a Juan Ramón Jiménez, París, 12 de Dbre. 1904, ha enviado a “Blanco y negro” “una cosa de otoño”, se la han pagado y no sabe si ha aparecido; el 24 de diciembre vuelve sobre el asunto: “No me han mandado “Blanco y negro”, ni sé si han salido versos míos sino por lo que V. me dice”. Al parecer, “De otoño” se publicó, pues, en esa revista, a finales de 1904.

Arturo Marasso señala que Darío tenía treinta y cinco años cuando escribió esta estancia. Si tomamos en cuenta la fecha de su publicación, Darío tendría treinta y siete años cuando el poema sale a luz, en todo caso está muy lejos de haber llegado al final de su vida como lo indica el tono doliente y angustiado. Pero es necesario recordar el intenso existir de Rubén que lo ha agotado físicamente, su “juventud de rosas y ensueños”, abolida, y los engaños, desengaños, su vida amarga y dura que lo llena de experiencia, de nostalgia, de duelo del corazón, sin fiestas.

Envejecido, para su edad, con sus ánforas colmadas por el infinito negro donde nuestra voz no alcanza, el poeta se mira en el espejo del tiempo. El grito que sale al ver ese reflejo no es un grito de terror como en “Eheu”, en donde el poeta, en medio del desierto clama sin que nadie le responda. Este grito “De otoño” está empapado de honda melancolía, de conmiseración “yo pobre árbol”, pero al mismo tiempo lo satura cierto orgullo y conciencia  de sí mismo y de su canto: “dejad al huracán mover mi corazón”.

Poema autobiográfico, auto retrato físico, espiritual y emocional de Rubén que en un momento dado, para Rubén  son muchos momentos, se detiene con la barba en la mano y mira el río de Heráclito. Si Rembrandt es tal vez el pintor que más auto-retrato nos ha dejado, estableciendo a través del dorado y del claro-oscuro un viaje pictórico que es su vivir afectivo y físico, tal vez sea Darío el poeta que más se haya auscultado con un mirarse angustiado, compasivo, desesperado, pero también con un mirarse optimista, en sus momentos de juventud y de triunfo: “yo tenía quince años: una estrella en la mano” (PC 705); “Yo soy el amante de ensueños y formas/ que viene de lejos y va al porvenir” (PC 736).

Múltiples facetas de ese “yo” que no cesará en su lucha por encontrarse y realizarse en un análisis de lucidez cegadora: con sus sueños y derrotas. Un debe y haber implacable, lo que es y lo que pudo ser. Rubén nos escribe una autobiografía, pero es sobre todo en su obra poética donde encontramos ese yo más cercano a nosotros, más real, verdadero. Su obra es un vasto y obsesivo “yo” que dibuja un arco cada vez más denso y tenso, que va desde el nacer al morir de ese “yo”, que se desnuda a cada instante ante él mismo y frente a los demás. En Rubén el desnudarse, la desnudez, es símbolo de la sinceridad y de la pureza: “El alma que entra allí debe ir desnuda” (PC 629).

“De otoño” es un poema meditación, un ejercicio espiritual que examina sin ninguna concesión, con sentimiento pero sin sentimentalismo, su propia vida, la vida misma. Podrían establecerse dos planos en los cuales se construye este poema, cada plano compuesto de dos elementos de esencial significación: el “yo” y el tiempo, y el “yo” y la poesía.

El “yo” del poema está muy lejos de ese ego que el romanticismo exaltado y frenético erigió como un nuevo dios, un dios cuyo grito desafiante no dejaba ver el dolor. El “yo” encuentra en el romanticismo su mejor medio de manifestarse. La glorificación del “yo” significó una mayor libertad de expresión poética y la pérdida de cierto miedo de mostrar el “yo”

Pero este “yo” llegará a hipertrofiarse. Es un desnudo que de tanto exhibirse pierde su castidad y su sentido del misterio. El “yo” dariano intenta devolver al “yo” romántico su vocación de soledad y tristeza, y restituir a ese “yo” desnudo su original sentido de pureza. “Yo” que se pronuncia en voz baja, en la intimidad. Replegado sobre sí mismo, de cara a sí mismo, este “yo” establece al mismo tiempo un distanciamiento con los otros, no negando esa segunda presencia, sino al contrario, afirmando esa conciencia separatista que crea dos mundos diferentes y revitalizando por medio de esa separación, su propio “yo”.

Los verbos reflejan la necesidad y consumación de lo absoluto. El primero es un verbo de conocimiento, el segundo de existencia: saber y ser, verbos-ejes de “Lo fatal”: “Ser y no saber nada” (PC 688), son los mismos verbos que vivifican esta angustia otoñal de Ruben.

Este “yo sé” que inicia el poema, es un conocer a los otros que implica el propio conocimiento. Si Sócrates pedía el conocerse a sí mismo como un camino para llegar a ser, para ser, no es menos cierto que el conocimiento que podamos tener de los demás, nos ayudará a comprendernos mejor.
Del conocimiento de ese abismo de los otros, a la contemplación de nuestro propio abismo. Darío conoce a esos que se preguntan, que es un preguntarle: “Yo sé que hay quienes dicen: ¿Por qué no canta ahora/ con aquella locura armoniosa de antaño?” (PC 676). Y esta pregunta lo obliga a penetrar en él mismo, en ese túnel en que está ahora. Esa interrogación le descubre su presente-pasado que es su futuro, es, será el hombre de dolores el Ecce Homo, el yo-muerto, el yo-muerte. No en vano Darío, en un gesto de profunda humildad compara su alma con la de Cristo: “Cual la de mi Señor Jesucristo, / mi alma está triste hasta la muerte” (PC 1136).

Es un “yo” que se contempla en los tres niveles del tiempo. El “yo” comienza cada una de las estrofas: “Yo sé”, y después “yo pobre árbol”. En el primer caso el saber es un verbo explícito, en el segundo caso, el verbo ser está implícito, pero es un verbo que corre y palpita a lo largo de todo el poema.

Y este “yo” está ligado al tiempo y con el tiempo, un tiempo que ejerce, tiránico, cambios inevitables: desgate físico, la muerte, y cambios emocionales que nos dan una diferente perspectiva de la vida. Reino exterior y reino interior que no pueden impedir el nacimiento de la hiedra, el musgo sobre la piedra. La primavera y el otoño son las estaciones símbolos más gratas a Rubén, hasta llega a unirlas en “Canción de otoño en primavera”. Anderson Imbert se refiere a esta relación vida-otoño que aparece en Darío:

La insistencia con que Darío compara su vida a un otoño no es mera y anecdótica referencia a su edad, sino también una metafísica del Tiempo.

Obsesión del “yo” y obsesión del tiempo. Metamorfosis del “yo” que se ve y metamorfosis del “yo” que se nos entrega a través de la obra. El plano de la primera estrofa es la relación yo-tiempo. El tiempo es uno de los motivos de Rubén, lo es de todos los poetas, tiempo que se asocia inevitablemente con la vejez y con la muerte. Pero en Rubén  hay una rebelión contra este pasar del rio cuyas aguas nunca son las mismas, y en las cuales el mismo rostro nunca se mira a sí mismo dos veces. Si el tiempo todo lo hace olvidar, Rubén levanta contra ese olvido, el amor.

El transcurrir del tiempo lleva a la nada, a no sentir, contra eso se rebela el poeta que levanta contra la nada-tiempo, el sentir-vida. Si el primer cuarteto responde o intenta responder al Jano del “yo” y el tiempo, el segundo analiza esa relación poesía-vida o “yo” poético con la vida. El árbol es uno de los símbolos con el cual se compara Darío: “Yo pobre árbol”. Pedro Salinas señala el contraste brisa-huracán, manifestaciones de la naturaleza identificadas con estados emocionales:

Nueva pareja de imágenes, nueva expresión del conflicto de conciencia. Ayer “era un aire suave de pausados giros” en la noche. Hoy es el nocturno huracán. Estación de brisa y estación de vendaval.

Esta asimilación al árbol, un yo-árbol, es imagen frecuente en Darío que es un yo-árbol-poeta. En “La canción de los pinos” se proclamaba hermano de ellos. La imagen del árbol que canta movido por la brisa o por el viento nos lanza a un mundo mágico. El árbol ha sido asociado a todo lo humano. Como el hombre, el árbol canta, llora, susurra. Tal vez lo más maravilloso del árbol es que puede hablar, que realice el milagro de la palabra; “Lo que el árbol desea decir y dice al viento” (PC 672).

Juan Eduardo Cirlot en Diccionario de símbolos (Barcelona, 1978), señala que el árbol que canta o árbol cantador, está asociado con los cuentos folclóricos (p. 81), y ya sabemos  cómo Darío está lleno de hadas, príncipes, princesas, gnomos, del mundo de lo maravilloso.

La segunda estrofa aborda la relación entre la vida y el arte, en este caso específico, la poesía, y el poeta como un inagotable vaso comunicante que sufre la vida y la transforma en poesía. La “juventud, “cuando empecé a crecer”, que es un crecer en la poesía, tañe, y al tañer, lleva un “vago y dulce son”: Abrojos, Azul, Rimas cuando la primavera era todavía luminosa.

Pero termina la estación, se oculta el sol y el mundo no puede ser visto bajo la misma luz, otros contornos rodean a las cosas. La luz primaveral que despierta la locura del vivir, no es esa luz del otoño, apacible, que detiene el frenesí. En la primavera el “yo” vive hacia afuera, en el otoño hacia dentro. El poeta reflexiona, y al reflexionar nos enseña.

Notemos el título “De otoño”, que nos recuerda ciertos libros de apólogos de la Edad Media con sus enseñanzas morales, como el libro del Infante Don Manuel, El conde Lucanor, en donde las diversas historias o ejemplos, comienzan con un prevenir que es un persuadir: “De lo que contesció a un rey con un su privado”, “De lo que dijo un genovés a su alma cuando se hobo de morir”, “De lo que contesció a un rey con los burladores que fizieron el paño”.

En el Libro de buen amor encontramos esta misma forma de titular los capítulos, al menos en algunos de ellos: “Del castigo qu‘el arcipreste da a las dueñas e de los nombres del alcayueta”, “De la penitencia qu’el flaire dio a Don Carnal e de cómo el pecador se debe confessar a quién ha poder de lo absolver”.

Libros que tenían como fin adoctrinar sobre la vida y la muerte, el bien y el mal. Así Darío nos enseña en “De otoño”, un enseñar ético y estético, tomando como centro de ese ejemplo, su propio “yo”, el poeta-hombre.

Si los “Nocturnos” son la obsesión ante la muerte, la vida y la soledad, hay otra serie de poemas que revelan la preocupación dariana ante el problema del arte. “La fuente”, “Palabras de la satiresa”, “Ama tu rimo”, son diferentes respuestas a ese constante interrogar de la esfinge.

“Yo persigo una forma…” es otro intento de contestar a esa pregunta sobre la poesía, la palabra, el fondo, la forma, la inspiración. Si el poema es un ars poética, el Darío que aquí se nos presenta es un yo-poético angustiado no ya ante la existencia, sino ante el arte y el misterio de la poesía, ante la búsqueda de su ser poético que no termina de realizarse.

Si en un momento Darío se mira como hombre ante el espejo del tiempo, en otras ocasiones Rubén se mira ante su obra y se pregunta no ya de dónde venimos y hacia dónde  vamos, sino cómo expresar eso que siente dentro de sí mismo, y expresarlo en una forma que sea capaz de convertirse en eternidad. He aquí el poema:

Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo,
botón de pensamiento que busca ser la rosa;
se anuncia con un beso que en mis labios se posa
al abrazo imposible de la Venus de Milo.

Adornan verdes palmas el blanco peristilo;
los astros me han predicho la visión de la Diosa;
y en mi alma reposa la luz, como reposa
el ave de la luna sobre un lago tranquilo

Y no hallo sino la palabra que huye,
la iniciación melódica que de la flauta fluye
y la barca del sueño que en el espacio boga;

Y bajo la ventana de mi Bella-Durmiente,
el sollozo continuo del chorro de la fuente
y el cuello del gran cisne blanco que me interroga. (PC 622)

En el “Fedro” de Platón se considera a la poesía como locura. En el diálogo Sócrates reconoce que hay dos clases de locura, una debida a los desórdenes del cuerpo, y la otra causada por una perturbación de origen divino. En esta locura divina hay que distinguir cuatro clases: (1) la locura de la inspiración, causada por Apolo, (2) la locura mística, que es provocada por Dionisio, (3) la locura del poeta, originada por las musas y, (4) la locura del amante que provocan Eros y Afrodita.

A la idea platónica de que la inspiración se posesiona del poeta y lo hace escribir, cantar o decir el poema, Darío no se opone, pero añade un elemento nuevo: el poema viene después de una búsqueda constante y dolorosa y la palabra atormenta y huye.

El poeta es un ser activo que se lanza a la aventura de encontrar ese Vellocino de Oro, la poesía, y que desafía el tema, la idea, aun a riesgo de la propia vida y de la razón. Todo debe sacrificarse para descubrir la poesía. Penetrar hasta el fondo de lo Desconocido, como enseñaba la mística baudelariana, para encontrar lo nuevo.

“Forma” y “estilo” podría traducirse por el cómo se dice y el qué se dice, o por el vocablo y el pensamiento o idea. Rubén encuentra desde muy temprano lo que deseaba decir, la problemática se planteaba en cómo decirlo de una manera original. En una aparente contradicción, Darío hallará su camino siguiendo multitud de huellas.

Del pensamiento a la palabra, pero tiene que ser la palabra exacta, “le mot juste”, vida de las cosas y del pensamiento, palabra que es eso que se siente y se piensa, sentimiento y pensamiento preciso, y no otra cosa.

Esta preocupación de la precisión de la palabra que obsesionara y obsesiona a muchos poetas, a Eliot y a Juan Ramón Jiménez, para mencionar a un poeta de habla inglesa y a otro de habla española, era una inquietud de Platón. En el “Cratilo” se interroga sobre el origen del lenguaje, sobre la imposibilidad de la palabra para expresar ciertos conceptos, como el de bondad y de belleza, y sobre la relación existente entre la palabra y la cosa que se describe, identificación de la palabra con la cosa que resulta muy precaria.

Juan Ramón Jiménez se hace eco de ese problema de la imposibilidad de la palabra para darnos la cosa exacta, lo que es ella y no otra cosa:

¡Inteligencia , dáme
el nombre exacto de las cosas!
… Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente.

Y el Prufrock de Eliot reconoce, balbuciente, cómo el decir traiciona el sentimiento:


It is impossible to say just what I mean
But as if a magic lantern threw the nerves in patterns on a screen

Would it have been worth while
If one, settling a pillow or throwing off a shawl,
And turning toward the window, should say:
‘That is not it at all,
That is not what I meant, at all.

Darío no es ajeno a esta preocupación por la palabra. Sabe que ella parece entregársenos por momentos, pero luego inicia la huida.

Perseguir, buscar, actividad, movimiento hacia la realización y el encuentro. De lo imperfecto, “botón de pensamiento”, a la plenitud: “la rosa”. Cirlot analiza este simbolismo de la rosa, básico, esencial en Darío, porque nos conduce a Venus, diosa que en Rubén llena gran parte de su poesía. La rosa es símbolo de perfección, y a ella están asociados la idea del Centro místico, el corazón, el jardín de Eros, el paraíso de Dante, Venus.

“Botón de pensamiento que busca ser la rosa”, la idea que trata de encontrar dónde contenerse toda, plenamente, con sus múltiples implicaciones y sugerencias, sin perder su original y primer significado, pero esta palabra es imposible de dar con ella, se escapa, y siempre permanece el problema de la comunicación total.

Siempre existirá la insatisfacción del creador que se da cuenta de que la poesía, la música, la pintura, o cualquier otra forma artística, son incapaces de revelar lo que se desea. De ahí esa serie de poemas o pinturas que tratan una y otra vez el mismo tema, la misma idea dicha mil veces de mil modos distintos, pero nunca dicha. Búsqueda de una belleza que jamás se nos entrega, que se vislumbra por instantes, pero que se escapa de entre los dedos, como el agua, o la arena.

Momentáneamente parece que se logra esta identificación pensamiento-palabra, objeto-palabra, pero es un espejismo, un sueño. “Yo persigo una forma…” conserva un ambiente irreal, de imposibilidad física y espiritual, “se anuncia con un beso que en mis labios se posa/ al abrazo imposible de la Venus de Milo”. Esta lucha inútil por poseer la belleza, la expresa el mismo Rubén en “Cantos de vida y esperanza”: “la adusta perfección jamás se entrega, / y el secreto ideal duerme en la cumbre” (PC 630)
Yo-poético y yo-amoroso. Tres figuras del eterno femenino incendian las llanuras de la mente y el corazón: la Venus de Milo, la visión de la diosa, Venus, y la Bella Durmiente. En este paisaje onírico, donde todo da la impresión de haberse detenido y sólo reina el silencio, se acumulan una serie de símbolos de tipo emocional y emotivo, no intelectual.

A esa calma física corresponde una calma interior, espiritual, no desprovista de cierto desasosiego. El mismo paisaje del poema, dentro de su placidez, nos inquieta y conturba. Movimiento dentro de una quietud cada vez más exacerbada. Fluir  y bogar son las líneas que enmarcan este poema-pintura, este “yo” poético y amoroso, esta búsqueda del poema y del acto del amor.

El acto creador ha sido identificado con el acto sexual y Darío participa de esta idea. Uno de sus consejos era la creación constante, estar sobre el poema como quien está sobre una mujer: “Cuando una musa te dé un hijo, queden las otras ocho en cinta” (PC 547).

Si la revelación de la belleza va a producirse, o puede producirse, si la posesión estética es posible, dentro de su imposibilidad, no es a través de la actitud pasiva, sino por ese acoso a que es sometida la revelación o la inspiración. El poema no se entrega de una manera gratuita, sino que se vence después de un batallar con la palabra que se rinde, pero nunca incondicionalmente.

Se anuncian dos posesiones, dos posesiones que no se realizan, pero que permanecen en estado latente: posesión poética, desgarramiento del velo del poema, y posesión sexual, desgarramiento de la carne.
Existe una abundancia de símbolos que nos descubren esa unión del “yo” con la revelación poética, y del “yo” con la celeste carne, ambrosía, más bien. La palma es emblema de la victoria, pero también de la fecundidad, elevación y exaltación; y el blanco es iluminación, ascensión y revelación:

Adornan verdes palmas el blanco peristilo;
los astros me han predicho la visión de la Diosa;
y en mi alma reposa la luz, como reposa
el ave de la luna sobre un lago tranquilo.

Ave, luna y lago han despertado siempre en la imaginación de los pueblos multitud de asociaciones. El ave posee connotaciones fálicas y en los cuentos folklóricos los pájaros que hablan y cantan simbolizan el deseo amoroso, la incitación al acto sexual. El pájaro representa la metamorfosis del amante, Zeus-cisne, seductor de Leda, esposa de Tindaro, mito usado por Rubén.

La luna aparece en casi todas las culturas y representa la mayoría de las veces el principio femenino, mientras el agua es el principio masculino. La idea del viaje que aparece en el poema, “la barca del sueño que en el espacio boga”, sin rumbo, o hacia la luna-mujer, sugiere connotaciones pitagóricas:
La idea del viaje a la luna después de la muerte se ha conservado en culturas avanzadas (Grecia, India, Irán). El pitagorismo dio un nuevo impulso a la teoría astral; las “islas de los bienaventurados” y toda la geogafría mítica se proyectan sobre planos celestes; sol, luna, Vía Láctea (Cirlot: p. 284).
Y bien sabemos la influencia ejercída por Pitágoras en Darío. Raymond Skyrme estudia esta influencia:

While Pitágoras personifies Dario’s conception of the poet in the widest sense, the qualities which he embodies, together with related musical terms, also play a vital role in Dario’s treatment of the theme of creativity.

Y en “Ama tu ritmo” que es otra ars poética retornará la presencia del filósofo: “y al resonar tus números dispersos/pitagórica en tus constelaciones” (PC 617).

La  fecundidad asociada con la luna, elemento despertador e incitador de los deseos sexuales de la mujer, nos ayuda a descubrir esa relación del “yo” con la carne. La influencia de la luna sobre las pasiones de la mujer se ve ilustrada en el hecho de que ciertas tribus prohiben a sus mujeres que miren a la luna, porque ésta las incita a las orgias.

Pero la luna también encierra una significación espiritual que nos facilita el comprender la consumación del “yo” con la revelación o la inspiración. La luna se asocia con la noche en el doble simbolismo de ésta: de madre protectora, por el carácter envolvente de las sombras, pero al mismo tiempo posibilidad de peligro por la oscuridad que trae consigo. Por la palidez de su luz que medio ilumina los objetos, la luna se identifica con la imaginación y con el sueño, como una intermediaria entre la negación del “yo”, y el cegador resplandor de la inspiración.

Si el ave y la luna encierran ese yo-poético y yo-amoroso, el lago se une a los símbolos que nos ocultan esa entrega de la revelación al poeta:

La agregación del agua al símbolo del abismo no hace, por el papel del elemento líquido, como factor de transición entre la vida y la muerte, entre lo sólido y lo gaseoso, entre lo formal y lo informal, sino ratificar el significado funerario. De otro lado el lago, o, mejor, la mera superficie de sus aguas, tiene el significado de espejo, de imagen y auto contemplación, de conciencia y revelación (Cirlot: p.267).

El agua, elemento de transición entre la vida y la muerte, es una contraparte de esa Bella Durmiente, suspendida ella misma entre la vida y la muerte, Bella Durmiente hermana de esa pálida y triste princesa de “Sonatina”, cuyos labios serán encendidos, vueltos a la vida, por el beso de amor.

La fuente, otro de los motivos darianos: “el sollozo continuo del chorro de la fuente”, la encontramos en “Las leyes” de Platón, identificada con el poeta. Así como el agua de la fuente corre libremente, así los pensamientos y sentimientos del poeta. La fuente ofrece asimismo un significado de tipo espiritual y de la fuerza de la vida interior. Ya Rubén en “Triste, muy tristemente…” establecía una relación entre el manar de la fuente y el proceso poético: “Y ese artista era yo, misterioso y gimiente, / que mezclaba mi alma al chorro de la fuente” (PC 1106).

Fuente-alma asociada a lo inconsciente. Este símbolo de la fuente ha intrigado a Jung que descubre en él una cadena de asociaciones. Para Jung la fuente es imagen del alma y de la fuerza interior, de la energía espiritual. Jung la relaciona con la infancia. La necesidad del viaje a la fuente, nace cuando el hombre descubre la sequedad de su alma.

Es curioso notar en la descripción de Darío esa comparación de la fuente con el sollozo, porque nos regresa a una relación con ese país o tierra de la infancia con que Jung asocia a la fuente, ya que el sollozo nos acerca al niño, o en todo caso, a un estado de impotencia.

Dolor, sequedad del alma, que es precisamente el estado del poeta, incapacidad de encontrar lo que persigue, fuente que sin embargo es también la energía y el poder creador.

“Yo” poético y “yo” amoroso escondido en esa selva de símbolos en donde el cisne nos ayuda a contemplar la dualidad de ese yo, por medio de la misma dualidad del cisne: poético, el cisne era dedicado a Apolo, dios de la música; sexual, el cisne blanco era dedicado a Venus, y él sugiere en poesía y en literatura la imagen de una mujer desnuda, llena de castidad y de inmaculada blancura.

Poema onírico, “Yo persigo una forma…” es un ars poética que nos revela el goce y el dolor del “yo” en el acto creador, goce y dolor en ese otro “yo” de la posesión amorosa, la posesión carnal.

NOTAS

 

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Martes, 23 de Febrero de 2016

EL FIN DEL PLANETA TIERRA

 Apocalipsis

Por: Horacio Peña
 
Ojos que no  son  de este mundo
-que vienen de otros mundos-
miran la total desolación
anunciada por el profeta.
Ni piedra sobre piedra.

¿Cómo se destruyó la tierra?
-pregunta la mujer-.

Fue el  odio,
-contesta su compañero de viaje-
en el planeta Tierra,
se odiaban los unos a los otros.

 

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Sábado, 23 de Enero de 2016

Fecunda cosecha poética de Horacio Peña

Horacio comp 

Dos nuevos poemas

PURIFICACIÓN DEL PENSAMIENTO

En el principio
comenzaron quemando los libros,
y luego terminaron quemando
-para proteger y conservar
la pureza de pensamiento-
a los que leían
y escribían los libros.

Agosto 2015


HAMBRE

No es posible
para los que nunca han sufrido hambre,
sentir el hambre
de los que se van a dormir cada noche,
sin haber probado durante el día
-durante toda su vida-
un bocado de comida.
no,
no es posible  sentir  el hambre.
es imposible.

Octubre 2015

 

 

 

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Lunes, 21 de Diciembre de 2015

Un poema de Horacio Peña en DiarioNica

Via Lactea Poema DN 

EL BIEN Y EL MAL
 
Sobre la Vía Láctea
o  dentro de la Vía Láctea,
los astrónomos descubrieron recientemente
dos inmensos , infinitos espacios
-vacíos y negros-
en perpetua lucha el uno contra el otro
y  los llamaron el Bien y el Mal.
Nihil novum sub sole,
nada nuevo bajo el sol.

Dentro de los inmensos, infinitos espacios
-más vacíos y más negros-
que los de la Vía Láctea,
-mi propio corazón, el tuyo, el de todos-
el Bien y el Mal
han vivido siempre, viven siempre,
en una implacable lucha
el uno contra el otro.
 
En el tiempo,
otros hombres, que es el mismo hombre,
-conocieron el Bien y el Mal con otros nombres,
y los llamaron:
Ormuz y Ahriman
el Día y la Noche
la Luz y las Tinieblas.
 
Veo al hombre
que nace de nuevo en el camino a Damasco,
lo estoy viendo,
que escribe
-agónico_:
-“El Bien que quiero hacer, no lo hago.
el Mal que no quiero hacer, ese sí, lo hago.-“

 

 

 

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HORACIO PEÑA

Viernes, 20 de Febrero de 2015

TODOS SOMOS INMIGRANTES

Horacio Pea 2 

POR: HORACIO PEÑA

Esta es una  nación de naciones

Walt Whitman

Ya Walt Whitman señalaba en ese su poema epico “Hojas de hierba” que los Estados Unidos se construía, se estaba construyendo con toda la gente venida de todas las partes del mundo:

Este país es una nación de naciones cantaba Whitman.   Y son los inmigrantes con su trabajo, iniciativa, imaginación, unida a la inmensa riqueza de este país, los que han transformado a los Estados Unidos  en una nación de naciones, rica en cultura, rica en ideas, rica en idiomas.

Una riqueza material  y una riqueza espiritual, con recursos todavía no explorados ni descubiertos.

Pero de vez en cuando surge en este país, y esa parece ser la tendencia en todo el mundo: Francia, Alemania, Espana, surge, digo, una tendencia  anti-inmigrante, olvidando que todos somos inmigrantes.

Basta leer la historia de los Estados Unidos, una historia que algunos parecen haber olvidado, para recordar que este país se expandió,  nació y creció, con la llegada de esas primeas olas migratorias  que sin saberlo, se adentraron en lo que llamamos Los Estados Unidos.

Las primeras olas migratorias, los primeros inmigrantes,  los primeros habitantes   de este país con su sistema religioso, económico, con sus lenguas, costumbres, que fueron poblando toda la superficie de los Estados Unidos :montanas, lagos,  llanuras, mesetas, que Walt Whitman ha cantado tan espléndidamente.   Inmigrantes que se movían de un lugar a otro, como ahora. Los primeros indios, los primeros americanos.

Despues  vinieron otros inmigrantes, nuevas olas humanas  que  se mezclaron, intercambiaron sus vidas con otras vidas que ya estaban aquí. Y    luego un nuevo oleaje humano, un oleaje   que no termina, que no cesa. Venimos. Vienen.

La mezcla de culturas, de razas, religiones, creencias, que ha hecho la grandeza de este país. Que la sigue haciendo.

Hoy existe un temor,   y un sentimiento anti-inmigratorio, y este temor origina odio, violencia contra los inmigrantes.

Hay que confesar que no en todos los estados existe esta violencia y odio, este odio y violencia es mas fuerte y mas terrbile en ciertos lugares que en otros.

Gente que se opone al multiculturalismo, el multiculturalismo ya esta aquí, ha estado aquí desde hace ya mucho tiempo, lo que se tiene que hacer es ensenarnos los unos a los otros,   a ser tolerantes ,a comprender y a compartir. A no tener miedo de lo otro o del otro.

El Presidente  Obama ha defendido su acción ejecutiva de evitar las deportaciones, . “La inmigración, ha dicho, es lo que nos  define como país” ,  y  ha declarado que la  Casa Blanca luchara contra le decisión de un juez de anular el decreto ejecutivo  que beneficia a millones de inmigrantes.

En 1995 los Obispos Catolicos de Florida, hicieron una declaración  que siempre tiene vigencia,  declararon los obispos:

“El estado tiene el derecho y obligación de controlar sus fronteras nacionales, pero existen normas morales y éticas que deben ser consideradas al desarrollar las políticas nacionales de inmigracion.”

 

 

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LITERATURA INMIGRANTE

Domingo, 04 de Enero de 2015

En espera del bus

 Esperando el Bus

Por: Horacio Peña

Aquí estoy, otro día en la plaza, esperando ese bus que me lleva siempre a la casa de la señora rica. Hace un poco de frío, y una tiene que ponerse mucha ropa encima. La señora me dio una chaqueta y un pañolón, y los uso cuando se nos viene el mal tiempo, como ahora.

Cuando vengo a la plaza ya están otras personas esperando el bus. La mayoría son mujeres, entre los 25 y los 40 años, que se ganan, la vida de la misma manera que yo: limpiando casas. Pero también hay hombres en el grupo, entre los 40 y los 45, y jóvenes, de 16 a 20 años, nos subimos, y el bus nos va dejando en las mansiones que hay en el trayecto, y en los hoteles, hasta que llegamos a esa pequeña ciudad que está a la orilla del mar. "Carmel junto al mar" se llama la ciudad, y es muy bonita y muy limpia, con muchas tiendas, y vitrinas en las aceras, y restaurantes.

Subimos al bus y nos saludamos, casi siempre somos los mismos, aunque algunas veces veo un rostro nuevo, alguien que acaba de llegar, que cruzó el muro, el río, y se ha venido a esta ciudad, donde dicen que la gente tiene mucho dinero, y es verdad, porque todo es muy lindo aquí. No he visto todavía ningún pobre en la ciudad, los pobres que miro, somos nosotros mismos, pero siempre estamos hablando en los buses y en las calles. La gente de aquí dice que somos muy ruidosos. Cuando uno se sube a un bus donde van sólo ellos, es muy tranquillo, nadie se saluda, ni se abraza, nosotros vemos a alguien sentado y a veces, aunque no lo conozcamos, lo saludamos y empezamos a conversar.

En cierto modo, somos diferentes a ellos, ellos hablan inglés, y nosotras español, son ricos, nosotras pobres, pero en el fondo somos lo mismo, ellos también se mueren y sufren y se preocupan. Yo sólo tengo buenos sentimientos para la señora y el señor. Son buena gente. Los niños, tienen dos, una niña y un niño son muy simpáticos. Muchas veces nos dan la comida que queda después de una fiesta. Es buena comida, en mi pueblo no comí nunca cosas tan deliciosas.

Es raro, no ha venido nadie todavía, a estas horas casi están todas aquí, algo habrá pasado, tal vez el frío, o perdieron el bus. La Rosa no limpia casas, trabaja en un hotel y hace las camas de los cuartos. Va como tres meses que trabaja ahí. Una amiga, creo que fue la Gloria, le dijo que necesitaban alguien en el hotel y la Rosa fue, y le dieron el trabajo, así no más. Sin preguntarle nada. La gente que va al hotel son turistas ricos y la Rosa esta muy contenta porque le dejan su buena propina, "los verdes", como llamamos a los dólares, y hasta le dan alguna ropa cuando se van.

A la Rosa la conocía desde mucho antes, somos del mismo pueblo y las familias se conocen, la de ella y la mía. Se vino con un grupo y tuvo que pagar "al coyote" que los pasó. Se vinieron en un camión todo viejo, sucio y todo el tiempo "el coyote" les decía que bajaran la cabeza, porque "la migra" podía aparecerse. Gracias a Dios no hubo problemas, y aquí están, yo no sé cómo, pero aquí está la Rosa, la Virgen de Guadalupe, supongo.

Ahora es mucho más difícil venirse, porque "la migra" está por todos lados, y hay unas grandes luces que tratan de ver a los que se están pasando. "La migra" los agarra y los echa presos y luego los devuelven. Pero lo mismo, intentan regresar, una y otra vez, pues ni modo, allá no hay trabajo y no te pagan nada. Tortillas y frijoles es lo que se come. Aquí estoy muy bien, me gusta, ahorro y mando dinero a mi madre.

Fue la Tomasita la que me dio "el soplo" de esta señora rica, vio que necesitaba a alguien y me lo dijo, me llevó donde la señora, y así fue la cosa. Se llama Jelen, pero yo le digo Doña Elena, y a ella le gusta. No todas las familias son como ella. Yo he oído cosas malas de otras familias. La Felicia me contó que su señora es muy exigente y a veces le grita, pero la mía no. Es muy "nice".

Ya comienzan a llegar, ahí vienen todas. Emilio viene abanicándose los brazos para darse calor, es buena gente, a veces me invita a comer donde los mejicanos o donde los chicanos, y me toca la mano, pero de ahí no lo dejo pasar. A ese joven no lo conozco, probablemente es amigo o pariente de alguno de los del grupo, porque cuando se viene uno, se quieren venir todos, se corre la voz de que hay trabajo, de que hay una "buena chamba" y aquí están, a los dos días.

Si yo tuviera trabajo allá, no me hubiera venido, pero ni modo, el gobierno no hace nada por nosotros, y luego está protestando que aquí no nos tratan bien, si se interesaran por nosotros, el gobierno nos daría trabajo, para que no nos vengamos, pero allá es la pura robadera, como aquí, pero diferente.

Ya viene el bus, ya todas están aquí. Voy a subir, la "Chayo", ya se sentó. A veces se pone cerca del chofer, cuando el chofer es uno de los nuestros y habla español, pero yo quiero guardar la distancia con Emilio y con los otros muchachos.

Ya se va el bus. Mañana será el mismo día

Horacio Pea 2

 

 

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Más allá de la poesía nicaragüense

Lunes, 13 de Agosto de 2012

HORACIO UN GRAN VALOR

 

oracio Pea 2

Por Alberto Cuadra M

En ediciones del Festival  Internacional de Poesía de Granada, (año 2010) con el título “El autor y su obra” se publica una reseña muy amplia  del poeta y ensayista Horacio Peña, quién  actualmente  reside desde 1979 en Austin Texas.

En el folleto que fue dedicado al escritor Horacio Peña en el mes de Septiembre del 2010 dice lo siguiente: “Poeta, narrador, ensayista, crítico de cine, traductor de inglés y francés. Nace en Managua un 12 de Agosto de 1936. Estudia y realiza viajes a centros culturales en Estados Unidos, España, Francia, Alemania, Italia. En 1979 se marcha a Austin, Texas, donde concluye su doctorado, residiendo desde entonces como catedrático universitario. En el 2003 fue electo Miembro correspondiente de la Academia Nicaragüense  de la Lengua.

 

Actualmente es profesor  en Huston Tilltson University, y es reconocido en los círculos intelectuales como uno de los poetas nicaragüenses más importantes de América. En el verano en Defense Language Institute, Monterrey, California, imparte clases de español, literatura y cultura en general, y orienta a sacerdotes episcopales que trabajarán con congregaciones hispanas”.

Horacio Peña, quién  lleva en sus hombros una alforja cargada de poesía, de cuentos, relatos y ensayos, también lleva en esa misma alforja una masa humana de humildad, sin vanagloriarse, ni presumir,  de lo que es como escritor.

Por poco tiempo, el autor del poema “NO NECESARIAMENTE EN HIROSHIMA MI AMOR” estando como catedrático en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, inauguró las lecturas de poesía  en el auditorio “Fernando Gordillo’ de ese recinto universitario “Rubén Darío”, donde dió a conocer muchos talentos del estudiantado universitario que se mantenían escribiendo de una forma silente, y que los amantes dedicados a  las letras no conocían, por permanecer en el anonimato.

Peña quién hace algunos años  ganó el premio internacional de poesía Rubén Darío, también ejerció por poco tiempo el periodismo con gran acierto, trabajando en el diario La Prensa, y una vez estando como catedrático de literatura en USA, se dedicó también a proyectar mediante ensayos literarios a los poetas nicaragüenses radicados en los Estados Unidos de Norteamérica.

El poeta Horacio Peña quién formó parte de una antología en inglés con el título “Eleven Nicaraguan Poet”  editada en Miami, por el también escritor y ensayista, Danilo López, recientemente acaba de publicar su libro de cuentos  que titula “DIRECCION DESCONOCIDA” cuentos que resultan muy interesantes basados en su propia realidad del quehacer vivencial, en que uno, se encuentra sometido en el camino de la vida, y que se transforman en algunos casos en sucesos reales

El poeta en este largo recorrido que le ha tocado vivir, y que vive por las letras, y que lo hacen vivir las letras de otros poetas en su quehacer diario, mantiene una gran vitalidad y un torrente de poesía, que sale de fuente pura y  cristalina, penetrando profundamente  con sentido de la vida  en el ser humano.

En el poema que a continuación presentamos, el poeta nos habla no solo, sobre la gran masa humana que se convirtió en una inmensa muerte  en Hiroshima, sino de  otras muertes diferentes  que se cometen  en casi todo el mundo principalmente en los gobiernos dictatoriales y donde la democracia no es más que la muerte misma del ser humano, como el dice: “Y aquí estamos tú y yo/para recordar al Inemenso Muerto/, al Muerto que muere cada día en las democracias”/.

Peña logra con este poema mover las fibras del ser humano sentando al mismo tiempo conciencia para que en un futuro no vuelvan a producirse tantas muertes.”No necesariamente en Hiroshima mi amor”.  

Aquí su poema.

NO NECESARIAMENTE EN HIROSHIMA MI AMOR

No solamente en Hiroshima,
mi amor.
En algún lugar nos encontraremos.
Desearía encontrarte.
Deseo encontrarte.
En cualquier calle de tu ciudad o de mi ciudad.
No necesariamente en Hiroshima,
mi amor.
En cualquier lugar:
Cuerpos deformados. Rostros sin ojos
No fotografías, sino cuerpos que salen al encuentro,
cuerpos con los cuales tropezamos
y de los que salen moscas y ratas y sangre.
Todas las calles llenas de muertos.
En ciudades donde no ha habido guerras.
Ni han estallados bombas.
Pero ciudades simplemente habitadas por el hombre.
La creación de mil muertes para los que hablan.
Para los que protestan.
No necesariamente en Hiroshima,
mi amor.
No conocemos ninguna de las cifras de estos muertos
que mueren en la democracia,
o en las dictaduras disfrazadas con el nombre de democracia,
Pero sabemos que alguien muere  por la mañana,
alguien muere por la tarde,
alguien muere por la noche.
Uno cada vez.
Con un horario bien preparado.
Pero desconocemos las cifras oficiales de estos muertos.
No necesariamente en Hiroshima,
mi amor,
en cualquier lugar deseo encontrarte.
Para reir juntos.
Para llorar juntos.
Para consolarnos mutuamente de tu muerte y de mi muerte.
Para que yo pueda conocer la profundidad y el misterio de tu cuerpo.
Para que tú puedas conocer la profundidad y el misterio de mi cuerpo.
Un goce que yo no conocía.
Un goce que tú no conocías.
Pero por este goce conoceremos miles de nuevos dolores.
Millones de nuevas muertes.
No necesariamente en Hiroshima,
mi amor.
Y sobre estos muertos nadie hace películas.
Nadie comenta .Nadie habla.
Pero tú y yo vamos a sacar  estos muertos
de sus cenizas,
de los ríos en los cuales fueron echados con piedras al cuello,
de los cuartos en los cuales fueron abandonados
después que las maquinitas cumplieron su “trabajo”.
Pero además de tú y yo
están también los otros,
los que siempre llevan sangre a la rueda de su molino,
los que usan y usaron a los muertos
para poner el miedo en el corazón del hombre,
y permanecer en el poder,
y los que usaron y usan a los muertos
para poner el odio en el corazón del hombre,
y conseguir el poder.
No necesariamente en Hiroshima,
mi amor.
En todas partes somos devorados por el tiempo.
Mi cuerpo hecho de soledad.
Tu cuerpo hecho de soledad.
Y en la noche quisieras tener un cuerpo a tu lado
que te haga creer que estás menos sola.
Y en la noche quisiera tener un cuerpo a mi lado
que me haga creer que estoy menos solo.
Pero todo es inútil,
En vano recorremos los bares en los cuales habíamos visto
a nuestros amigo, todo se han ido.
No necesariamente en Hiroshima,
mi amor.
Pero tu dolor y mi dolor,
no pueden ser contenido en un solo nombre,
porque tu nombre no es, no puede ser
nevers,
sino que es Cuerpo Ardiente que crece bajo mis aguas,
y tu nombre no es, no puede ser
Hiroshima,
sino que es Cuerpo Desnudo puesto debajo de mi cuerpo desnudo,
para crecer y multiplicarse más allá del odio y de los miedos.
No necesariamente en Hiroshima,
mi amor.
Y aquí estamos tú y yo,
para recordar al Inmenso Muerto,
al Muerto que muere cada día en las democracias,
al Inmenso Muerto,
nuevamente fusilado,
nuevamente en las cámaras de gases,
nuevamente en las sillas eléctrica,
nuevamente sobre un Arbol Ardiente.
No necesariamente en Hiroshima,
mi amor.

Horcio Peña
(Del libro:Ars Moriendi y otros poemas)