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RUBÉN DARÍO

En un día como hoy

15 DE DICIEMBRE DE 2015

EL GOBIERNO NUNCA PAGÓ A DARÍO 9 MIL DÓLARES QUE LE DEBÍA

Dario Vida Muerte

 

Vida, pasión y muerte de Rubén Darío

Por: Freddy Rostrán A.

En un día como hoy 15 de diciembre, pero del año 1915, es decir hace 98 años, Rubén Darío es trasladado a Managua en la ruta inexorable que había comenzado hacia la muerte.

Nuestra máxima gloria había regresado a Nicaragua veintidós días antes, el 28 de noviembre procedente de Guatemala, en un viaje que comenzó en España rumbo a Estados Unidos. Era el último que hacía Rubén Darío. Dejaba en España a su amor de otoño, Francisca Sánchez, y al hijito de ambos, Wicho, entonces de solo 8 años.

En Estados Unidos lo hospitalizaron con pulmonía doble, y los médicos le dieron "el hachazo". Le informaron que su vida estaba llegando a su final.

En Managua fue llevado a casa de su cuñado, el mismo que años antes lo había obligado pistola en mano a casarse con Rosario Murillo.

Rubén esperaba que el Gobierno le pagara alrededor de 9 mil dólares que le debía por su desempeño como Embajador en España. Tenía la expectativa de que al trasladarse a Managua sus gestiones fueran más eficaces, El Presidente Adolfo Díaz le envió 200 dólares, realmente una ofensa para el hombre que dio tanto brillo y gloria a Nicaragua.

FUENTES:

"Vida de Rubén Darío" escrita por él mismo
"Vida y Obra de Rubén Darío" de Francisco Contreras Valenzuela
"Últimos días de Rubén Darío" de Francisco Huezo
"La Dramática Vida de Rubén Darío" de Edelberto Torres
"Rubén Darío en Managua" de Jorge Eduardo Arellano
DARÍO Y SU PRIMERA ESPOSA: Rafaelita Contreras: “Azucena tronchada por un fatal destino” de Jorge Eduardo Arellano
Documentos del Ing. Rubén Darío Lacayo
"La muerte de Rubén Darío" de Isabel Herrera

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19 DE DICIEMBRE DE 2015

RUBÉN DARÍO: YO NO CREO EN LOS MÉDICOS

Luis H

 

Vida, pasión y muerte de Rubén Darío

Óleo del médico, Dr. Luis H Debayle, a quien llamaban El Sabio. (Tomado del libro "Vida y Obra de Rubén Darío", ampliado por el Arq. Flavio Rivera).

Por: Freddy Rostrán A.

En un día como hoy, 19 de diciembre, pero del año 1915, es decir hace 98 años, Rubén Darío pasa una mala noche, su salud se ha deteriorado gravemente.

El poeta se encuentra en Managua, en casa de su cuñado Andrés Murillo. Lo asisten tres médicos. A Rubén le han diagnosticado cirrosis atrófica como consecuencia de un consumo excesivo de bebidas alcohólicas.

 —He pasado mala noche, mala, pésima. El estómago ha crecido un centímetro. Me aconsejaron chalocogue. Creo que he sido víctima de las drogas, le dice a su amigo, el periodista Francisco Huezo.

Rubén sufre retorcijones, náuseas y hemorragia intestinal. Además, se siente fatigado. La noche anterior nuestro poeta tampoco pudo dormir. Para colmo la persona que se quedó a velar para cuidarlo se durmió y roncaba espantosamente.

Rubén tuvo que gritar y pedir auxilio para que llegaran a despertar al dormilón.

- Si lo ves dile que no vuelva a quedarse. Que se lo agradezco en el alma. Ya no quiero alarmar a mi familia con nuevos gritos de ¡socorro!, le pidió a Huezo.

Los médicos que atendían a Rubén en esos días eran los hermanos Emilio y Enrique Pallais, y Jerónimo Ramírez.

El poeta tiene 38 grados de temperatura. Sus labios delgados y la lengua están rojos.

Rubén está muy triste viendo que la muerte se le estaba aproximando, y miraba su vida en retrospectiva.

Soy un tronco viejo, arruinado, en cenizas, le manifiesta a su amigo que lo escucha y que después relatará los últimos días vividos por el panida.

Huezo le dice a Rubén que necesita una asistencia médica más activa, y le sugiere que lo vea el Dr. Luis H. Debayle. El Sabio Debayle, le llamaban.

El enfermo contesta:

—Bueno ¡Está bien! Ya he dicho más de una vez que no creo en los médicos. Le tengo horror a la disectomía, tan en boga en París, y tan combatida por la prensa, por razones de humildad y piedad. Pero que venga, que me vea y que me haga lo que dicen. Quisiera que sólo él procediera, sin que me tocara otra persona. Lo repito: no creo en los médicos.

Le tengo horror instintivo a su ciencia y sobre todo a sus aparatos teatrales. Son pocos los sinceros e ingenuos, los modestos y sabios de verdad. En la mayoría, tropieza uno con farsantes, farsantes cuchilleros, asesinos feroces.

A Rubén le quedaban entonces sólo 60 días de vida.

 

FUENTES:

 "Vida y Obra de Rubén Darío" de Francisco Contreras Valenzuela

 "Últimos días de Rubén Darío" de Francisco Huezo

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Hace 100 años

24 DE DICIEMBRE DE 2015

LA ÚLTIMA NAVIDAD DE RUBÉN DARÍO

LA ROSA NIÑA

 

Vida, pasión y muerte de Rubén Darío

Rubén está consciente de que la hora de su muerte está cerca

Por: Freddy Rostrán A.

En un día como hoy 24 de diciembre, pero del año 1915, es decir hace, 98 años el excelso poeta Rubén Darío pasa la última Navidad de su vida en Managua, Nicaragua. Ha venido a su patria a morir.

Rubén está triste pensando en su hijo Güicho, de tan solo 8 años, que ha dejado al otro lado del Atlántico, y que esa noche no tiene navidad feliz.

 Nuestro glorioso poeta ha dejado en España a la mujer que ama, la Paca Sánchez, su "Lazarillo de Dios en el sendero".  Francisca quedó sola con el chiquillo.

"A usted lo llevan engañado Tatay", le dijo ella al despedirlo llorando en el Puerto.

"Si vivo, nos iremos a vivir a Argentina. Si muero, yo te cuidaré desde el otro mundo", le escribirá él más tarde.

Esa noche el niño de 8 años, sueña con su padre.

Rubén recibe la visita de su amigo, el periodista Francisco Huezo, que se convierte en el testigo de sus últimos días, y habla con él animadamente. Le dice que acaba de leer al dramaturgo noruego Enrique Ibsen y que siente que el resume su destino en el drama Juan Gabriel.

"Tiene frases que condensan mi doloroso destino y que quisiera ver escritas a los pies de mi lecho en el momento de morir. Porque, te digo con sinceridad, yo creo que he venido a Nicaragua sólo a morir. No le tengo miedo a la muerte. ¡Qué importa que venga!...

¿Cuáles son las palabras de Ibsen? Pregunta el periodista.

Rubén responde:

Helas aquí. Son del drama Juan Gabriel. “Has matado mi vida por el amor. ¿Lo entiendes? La sagrada escritura habla de un pecado misterioso para el cual no hay redención. No comprendía yo qué pecado era ese que no podía ser perdonado, ahora ya lo sé. El crimen que no puede borrar el arrepentimiento, el pecado a que la gracia no alcanza…lo comete quien mata una vida por el amor”.

El poeta recuerda persistentemente la trampa que le tendió su cuñado para obligarlo a casarse con su hermana Rosario Murillo, quien ya había perdido la virginidad, lo cual significaba en aquella época que ningún caballero querría casarse con ella.

El 24 de diciembre del año anterior se encontraba en Nueva York, enfermo. Pero sacó fuerzas para escribir un poema navideño dedicado a su hijito Güicho. El Soneto Pascual. En estos versos trasluce cuan adolorida está su alma.

"María estaba pálida y José el carpintero:
miraban en los ojos de la faz pura y bella
el celeste milagro que anunciaba la estrella
do ya estaba el martirio que aguardaba el Cordero.
Los pastores cantaban muy despacio, y postrero
iba un carro de arcángeles que dejaba su huella;
apenas se miraba lo que Aldebarán sella,
el lucero del alba no era aún tempranero.
Esa visión en mí se alza y se multiplica
en detalles preciosos y en mil prodigios rica,
por la cierta esperanza del más divino bien,
de la Virgen, el Niño y el San José proscripto;
yo, en mi pobre burro, caminando hacia Egipto,
sin la estrella ahora, muy lejos de Belén".

Otro gran poema navideño de Darío es el de la Rosa Niña, la pequeña que no tenía nada que ofrecerle al Niño, mientras los Reyes Magos le rinden sus respetos llevándole oro, incienso y mirra. Entonces la niña se convierte en rosa para ofrecerse ella misma, con "su cuerpo hecho pétalos y su alma hecha olor".

Sé que he venido a mi patria solo a morir, dice Rubén en la noche de su última Navidad. Al poeta, efectivamente, solo le quedaban entonces 53 días de vida.

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Darío ofendido

6 DE ENERO DE 2016

YO NO SOY NACATAMALERO

(Cuarta entrega)

RUBÉN

 

Vida, pasión y muerte de Rubén Darío

Por: Freddy Rostrán A.

En un día como hoy, 5 de enero pero del año 1916, es decir hace 98 años, Rubén se encuentra en su lecho de enfermo en la ciudad de Managua, la cirrosis está minando su vida, y sufre una terrible cólera cuando uno de sus amigos llega a felicitarlo porque el Gobierno de la República que le debe más de 9 mil dólares por servicios prestados en el campo de la dilplomacia internacional, ha aprobado entregarle doscientos dólares...¡Sólo doscientos dólares!

El poeta estalla:

—Para ti, para Manuel Maldonado, Santiago Argüello y Luis Debayle, para todos los que viven en la Papusia, esa suma puede ser suficiente, pero has de saber que yo no soy nacatamalero como ustedes. Yo soy Rubén Darío, y la cosa cambia de aspecto. Esa cantidad es insignificante y no la acepto. Dicen que mañana mandarán más: ¡Mañana! ¡Mañana!

El Gobierno nunca le pagó a Darío lo que le debía, pero cuando murió le rindieron honores como Ministro de la Guerra...Honores póstumos...para qué?

Rubén fue tratado como pordiosero por el Gobierno. No tomó en cuenta cuanta gloria había dado al país.

Lo estaban tratando como pordiosero a él, que era príncipe...¡Príncipe de las Letras Castellanas! Tan solo nueve años atrás, Nicaragua lo había recibido apoteósicamente. Era el hombre que había revolucionado la poesía. Era el fundador del modernismo. Era el periodista más ilustre que había producido Nicaragua hasta entonces, y que no ha vuelto a producir otro de su categoría.

Ahora está abandonado viendo como la muerte se aproxima. A él, que se ha entrevistado con reyes, que ha recibido la bendición personalmente de parte del Papa León XIII, que ha sido llamado "Hijo"  por el gran prócer de América, José Martí, que había escrito los poemas más bellos y hermosos de nuestra lengua, que había recibido reconocimientos por parte de gobiernos extrangeros, le enviaba como gran cosa el Presidente de su patria, unos míseros billetes.

 - Yo no soy nacatamalero, yo soy Rubén Darío...

El era Rubén Darío, pero los tiempos de gloria habían quedado atrás. Los tiempos de gloria se habían ido como aquellas noches bohemias con sus amigos poetas en los bares y cervecerías de Argentina, o de Chile, o en el Barrio Latino de París, o corriendo peligros como en Hungría, donde escaparon de matarlo.

 El mismo diría:

"En cuanto a la bohemia inquerida, habría yo gastado tantas horas de mi vida en noches blancas, en la euforia artificial y desorbitada de los alcoholes, en el desgaste de una juventud demasiado robusta si la fortuna me hubiese sonreído, y si el capricho y el triste error ajenos, no me hubiesen impedido después de una crueldad de la muerte, la formación de un hogar?...

 "Esperanza olorosa a yerbas frescas, trino

del ruiseñor primaveral y matinal,

azucena tronchada por un fatal destino,

rebusca de la dicha, persecución del mal...

A Rubén Darío le quedaban entonces solo 42 días de vida.

 

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Los 3 amores

07 DE ENERO DE 2016

EL VIAJE HACIA LA MUERTE

El Viaje hacia la muerte y los tres grandes amores de Rubén Darío, el de la Garza Morena, el de Stella y el de la mujer campesina de España...

(Quinta entrega)

ROSARIO EMELINARAFAELARUBÉN Y PACA

Vida, pasión y muerte de Rubén Darío

Por: Freddy Rostrán A.

En un día como hoy 7 de enero, pero del año 1916, es decir hace 98 años, Rubén Darío, muy enfermo, es trasladado en tren de Managua hacia la ciudad de León. Es su último viaje, el viaje hacia la muerte. Va sobre la misma ruta donde años atrás vio al impresionante Volcán Momotombo,  aquel volcán de siglos,  lleno de majestad, duplicándose en el armonioso espejo del Lago de Mangua. Entonces tenía 15 años, una estrella en la mano, y era en su Nicaragua natal.

Ahora el hombre va completamente adolorido, con la cara avejentada, el vientre hinchado, aparentando ser una persona de 80 años cuando no ha cumplido siquiera 49 años.

Le acompaña en el viaje Rosario Murillo, quien fuera su primer gran amor, pero que por las paradojas de la vida, se convirtió en la fuente de inmensos dolores para su corazón.

Va también en el ferrocarril, el Dr. Luis H. Debayle, a quien llamaban El Sabio Debayle, pero que en realidad no era tan sabio.

El tren iba rodando sobre sus rieles, pero esta vez, Rubén no tiene 15 años, ni tiene una estrella en la mano. Su estrella se va apagando.

La mujer que va a su lado, Rosario, fue el primer gran amor de su vida. Se enamoró perdidamente de ella cuando tenía solo 13 años.  El poeta la habría de recordarla más tarde como su musa ardiente y sacra para su alma. ¡Bendita aquella boca, que murmuró por primera vez inefables palabras a la orilla del encantador Lago de Managua!

Cuánto encantamiento embriagador sintió aquella alma adolescente de poeta junto aquella mujer tierna, de  cabellera castaña que acariciaba sus manos, cautivándolo con su rostro color de canela y rosa, con su boca de Cleopatra, su cuerpo gallardo y virginal…

Pero también fue ella la que le causó la mayor decepción que puede sentir un hombre enamorado.

Allí va Rosario, tenaz, con el marido que se consiguió obligando a decir “SI” ante el altar, a punta de pistola.

Rosario logra pescar con mañas a Rubén Darío cuando el pobre hombre no ha salido del dolor causado por la muerte de su primera esposa, Rafaelita Contreras…Rafaelita que le devolvió la luz cuando todo lo miraba negro. Rafaelita que le dio su primer hijo. Rafaelita, alma tan delicada y exquisita.

Habían pasado dos meses apenas de que su Stella bajara a la tumba, cuando el hermano de Rosario le tendió una trampa que cambió completamente su vida, condenándolo a no tener nunca un hogar estable.

No dejaría de pensar nunca Rubén Darío en su Stella, aquella alma que le acompañaría siempre desde el más allá. El poeta preguntaba a los lirios por Stella, si la habían visto.

Aquí en la tierra sus últimos pensamientos serían para Francisca Sánchez, la campesina española con quien se quería casar divorciándose de Rosario Murillo.

Llegan a León, e inmediatamente trasladan al poeta a la casa de su amigo Francisco Castro en el Barrio San Juan, donde habría de morir pocos días después.

A Rubén le quedaban entonces solo cuarenta y un días de vida…

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Sin vino, ni música, ni flores...

18 DE ENERO DE 2016

EL ÚLTIMO CUMPLEAÑOS DE RUBÉN DARÍO

DARÍO DIBUJO

 

Vida, pasión y muerte de Rubén Darío

Por: Freddy Rostrán A.

En un día como hoy 18 de enero, pero del año 1916, es decir hace 98 años, Rubén Darío celebra el último cumpleaños de su vida.

El más grande poeta de la literatura castellana de todos los tiempos ha sido trasladado a la ciudad de León en grave estado de salud. Su médico, el Dr. Luis H Debayle le ha practicado una operación que no dio los resultados esperados, registrándose más bien un mayor deterioro de su salud.

El Obispo de León ha llegado a administrarle la extremaunción para prepararle espiritualmente para su tránsito a la otra vida.

Rubén ve que sus fuerzas  se van apagando y cree que va a morir en la fecha de su cumpleaños. No es este 18 de enero de 1916 una ocasión festiva, sino más bien de vela. El enfermo se encuentra en estado delicado.

Otros 18 de enero han sido mejores, mucho mejores…

Cuando tenía 15 años festejó esa fecha con sus amigos poetas y periodistas de Managua. Un día antes ese joven quinceañero había deslumbrado a la clase política gobernante - el Presidente de la República, los ministros, los embajadores y los diputados - .

El muchacho de 15 años que ya ejercía el periodismo, lee ante el Congreso de la República sus cien décimas de El Libro, escandalizando a los conservadores y entusiasmando a los liberales.

Cuando cumplió 35 años estaba con Paca Sánchez en Málaga, España, gozando de las delicias de un amor tranquilo y sereno.

Su cumpleaños número  41, en Managua, fue deslumbrante.  Hubo mucho vino, mucha música y muchas flores. Rubén estaba entonces en la cúspide.

Los intelectuales y el mundo oficial, las bellas damas, todos saludaban efusivos al bardo que le daba fama a Nicaragua a escala universal. Eran tiempos de gloria. En esos días el Presidente José Santos Zelaya lo nombró Embajador en España.

Solo unos cuantos meses antes había regresado triunfalmente al país, y en León lo recibieron apoteósicamente. El pueblo lo levantó en hombros. Era como la entrada de Jesús en Jerusalén.

En 1916 su natalicio  era dramáticamente diferente. La fiebre no lo dejaba en paz. La mano de Rubén quemaba. Su carácter era irascible. En algunos momentos se sentía con buen apetito y pedía pastelillos…¡Cómo le encantaban los pastelillos de España, y los de Francia! Aquellos bocadillos que le daban en León no le gustaban tanto, los probaba un poco y los dejaba de comer.

Cuarenta y nueve años atrás, Rubén había venido al mundo en un caserío perdido, lejos de la civilización. Rosa, su madre, con más de ocho meses de embarazo tomó la increíble decisión de dejar la cómoda casa de sus padres adoptivos en León, y viajar en carreta por un camino malo, pésimo, recién pasado el invierno, tratando de llegar antes del parto a un lugar del norte llamado Olominapa, donde vivía una tía suya, pero no alcanzó a llegar.

Los dolores de parto le sobrevinieron en el villorio conocido como Chocoyos. Una partera atendió a la muchacha que llevaba en su vientre al genio que años después habría de revolucionar la Literatura Castellana.

Sin copas de vino, ni brindis, ni música, ni flores, ni mujeres elegantes y hermosas, transcurrió en una casa nada confortable del Barrio San Juan de León el cumpleaños número 49 de Rubén Darío, que se debatía en abierta lucha con la muerte.

A Rubén le quedaban solo 19 días de vida…

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Conmoción nacional

22 DE ENERO DE 2016

SE CONOCE INMINENTE MUERTE DE DARÍO
OLEO DE ARNOLDO GUILLÉN 2

 

Vida, pasión y muerte de Rubén Darío

Óleo de Arnoldo Guillén

Por: Freddy Rostrán A.

En un día como hoy 22 de enero, pero del año 1916, el periódico El Comercio, el más antiguo de Nicaragua, da a conocer una terrible noticia: es inminente la muerte de Rubén Darío. El Dr. Escolástico Lara, uno de los médicos que atiende al poeta, informa que el país y el mundo deben prepararse para un desenlace fatal.

La nación está conmovida. La noticia salta a los periódicos de todo el mundo:

Rubén Darío, el autor de Azul, de Prosas Profanas y de Cantos de Vida y Esperanza, ha sido desahuciado por los médicos.

El poeta vive sus últimos días en una casa ruinosa del Barrio San Juan de la ciudad de León, que no está definitivamente a la altura del Príncipe de las Letras Castellanas, del hombre que ha proyectado a Nicaragua no solo en el campo de la poesía, sino también del periodismo. Es sin duda alguna, el periodista nicaragüense de mayor relieve de todos los tiempos.

El enfermo está hirviendo en temperatura. El vientre del poeta ha vuelto a llenarse de agua, y se han perdido todas las esperanzas de salvarlo de las garras de la muerte.

El Gobierno lo ha abandonado a su suerte, ni siquiera le paga lo que le adeuda por sus servicios como Embajador en España. Pero apenas se dan cuenta que está por morir, comienzan a preparar las honras fúnebres.

Rubén todavía no ha muerto, y el congreso decide rendirle honores de Presidente de la República. El poeta oye todo lo que se está comentando ante su muerte inminente, y se lamenta que le estén preparando regios funerales cuando bien podían atenderlo en vida.

Se dispone que van a declarar luto oficial por ocho días al registrarse su muerte. El cadáver será embalsamado y estará en capilla ardiente durante 10 días para dar tiempo a que lleguen al país las delegaciones extranjeras.

Rubén Darío comenzó a ejercer la noble profesión del periodismo cuando apenas tenía 14 años. Fue entonces nada menos que editorialista del periódico La Verdad que se editaba en León.  Sus editoriales tenían una tremenda contundencia contra el régimen conservador.

La vida del muchacho corría serios riesgos en León, y sus amigos liberales lo trasladan a Managua, donde rápidamente se incorpora a los periódicos de la capital.

Trabaja también para varios periódicos centroamericanos, hasta que se da su viaje a Chile donde va a brillar como poeta, como prosista y como periodista.

Su gran ascenso se produce cuando lo nombran corresponsal del gran periódico La Nación de Buenos Aires, cuando tiene tan solo 23 años…y comienza a codearse con los grandes del periodismo mundial.

Las coberturas que hizo en España tras la derrota que sufrió la Madre Patria ante los Estados Unidos en 1998, retrataron como nadie lo había hecho, el alma española hecha pedazos.

Rubén está muriendo abandonado, y el mundo oficial se prepara para rendirle ostentosas pompas fúnebres. En realidad, al panida, solo le quedaban entonces 15 días de vida.

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El testamento

31 DE ENERO DE 2016

LA HERENCIA DE RUBÉN DARÍO

LOS MOTIVOS

 

Vida, pasión y muerte de Rubén Darío

Rubén Darío dicta su testamento

Por: Freddy Rostrán A.

En un día como hoy 31 de enero, pero del año 1916, es decir hace 98 años, Rubén Darío, el hombre que ha revolucionado la poesía castellana, y que ha fundado un movimiento literario que cambió los cánones de la literatura en el mundo, se encuentra moribundo en una casa sucia del Barrio San Juan de la Ciudad de León, y se dispone a dictar su testamento.

Es el poeta que desde niño ha deslumbrado a todos con su poesía. Versos dulces en su niñez, tristes en su adolescencia y juventud, coloridos y musicales en su plenitud, y llenos de profundidad filosófica en su edad madura.

Cuando tiene 19 años convierte en versos todo el dolor que le produjo darse cuenta que la muchacha a quien amó con locura desde que era niño, ya había tenido relaciones íntimas con otro hombre.

“Yo era un joven de espíritu inocente
Un día con amor le dije así,
Escucha: el primer beso que yo he dado
 es aquel que te di…
Ella entonces lloraba amargamente.
Y yo le dije: ¡Es amor!
Sin saber que aquel ángel desgraciado
Lloraba de vergüenza y de dolor.

El hombre que está muriendo tirado en un catre en León es el mismo que ha asombrado al orbe con la musicalidad marcial de su Marcha Triunfal…

Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes,
los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas,
La gloria solemne de los estandartes
llevados por manos robustas de heroicos atletas.
Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros,
los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra,
los cascos que hieren la tierra.
Y los timbaleros,
que el paso acompasan con ritmos marciales.
¡Tal pasan los fieros guerreros
debajo los arcos triunfales!

Rubén ha visto los grandiosos desfiles militares de Francia, y fue testigo presencial también de la majestuosa marcha que tuvo lugar en España con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América por Cristóbal Colón. Todas esas imágenes espectaculares fueron traducidas por su cerebro privilegiado en versos heroicos que prenderán en la imaginación de generación tras generaciones.

Rubén ve venir la muerte a paso rápido. Su cuerpo ya no resiste más. La cirrosis atrófica que le han detectado lo está matando. Sus amigos le recomiendan que dicte su testamento, y ante los oficiosos notariales de otro poeta declara heredero universal de sus obras, lo mismo que de la casa que le dejó la Tía Bernarda en la Calle Real, cerca de la Iglesia de San Francisco, a su hijito de 9 años que se encuentra en España.

El poeta ha dejado esos valores a su hijo Güicho, y también dispone algunas cosas para su esposa Rosario, pero a la humanidad de todos los tiempos ha heredado una producción en verso y en prosa llena de luz con enseñanzas y reflexiones que forman realmente un gran tesoro.

En su etapa madura nos entregó ese poema tan pequeño en extensión, pero tan lleno de profundidad filosófica que dice que “dichoso es el árbol que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque  esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente”.
Y cuando entra Rubén al último tramo de su vida, nos regala una de las más hermosas páginas de la literatura universal, para decirnos con el Hermano Francisco de Asís que todas las criaturas son nuestros hermanas…

”Los hermanos bueyes, las hermanas estrellas y los hermanos gusanos”.

El poeta dicta su testamento y se prepara para morir en paz. En ese momento a nuestro cantor le quedan solamente seis días de vida.

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Un día terrible para Darío

02 DE FEBRERO DE 2016

EL SABIO DEBAYLE ACELERA LA MUERTE DE DARÍO

RUBÉN Y LUIS H

 

Vida, pasión y muerte de Rubén Darío

Rubén recibe la visita de Doña Bernarda, que ha fallecido años atrás
Rubén sueña que se disputan sus vísceras

Por: Freddy Rostrán A.

En un día como hoy 2 de febrero, pero del año 1916, es decir hace 98 años, los médicos que atienden a Rubén Darío deciden operarlo del hígado asegurando que tiene pus, y que la operación le va a ayudar a sentirse mejor. Pero ocurre todo lo contrario.

El Sabio Debayle está al frente de los cuidados médicos del poeta en la ciudad de Leòn. Al final resultó que el Sabio Debayle no era tan sabio, y sus decisiones terminaron acelerando la muerte del panida.

“Tu lo que quieres es asesinarme, quieres convertirme en una más de tus víctimas”, le había gritado Rubén hacía tan sólo unos cuantos días.

Debayle con el respaldo de uno de sus colegas, Escolástico Lara dice que hay que sacarle pus del hígado.

La víctima, perdón, el paciente, insiste en que no tiene nada en el hígado, que no siente nada ahí, y presiona con los dedos para que vieran que ese órganono no tiene nada malo, y que sí estaba sintiendo un gran dolor en la parte baja del vientre.

Otros dos médicos que están presentes le manifiestan a Debayle que el hombre no tiene nada en el hígado.

Hay que sacarle la pus insiste Debayle, y Escolástico marca  con lápiz el lugar donde van a hacer la incisión.

Debayle toma el instrumento cortopunzante y con mano firme da la estocada.

Nada. No sale nada de pus.

Hay que darle en otro lugar del hígado para sacarle la pus, enfatiza El Sabio…Y ataca de nuevo.

Nada. Otra vez nada. No hay pus, y el gran poeta se desmaya.

Debayle con su estilete deja en condición grave al hombre que con su inmenso genio ha deslumbrado al mundo y ha dado tanta gloria a Nicaragua.

Lentamente el poeta recobra el conocimiento. Su situación es muy lastimosa. Más lastimosa que nunca.

…Es entonces cuando él ve a una persona muy noble y buena, muy dulce que llega a acompañarle. Es la tía Bernarda que ha fallecido algunos años antes.

“Cuanta bondad he visto en ella”, dijo el poeta.

Pero también ve a dos personas que no recuerda quienes son, pero que le molesta verlos.
Ve llegar a un hombre que se sienta en su cama.

“A ese viejo calvo no dejen que vuelva a entrar. Me afecta”, exclamó Rubén.

Nadie ha visto entrar a nadie.

El poeta ve también a una mujer que no quiere ver.

“A esa no la dejen entrar”, grita.

Este 2 de febrero ha sido un día terrible para nuestra máxima gloria…Al fin se queda dormido, pero sus suplicios no han terminado.

Se despierta sobresaltado y exclama:

* “Qué horror…! He visto mi cuerpo destrozado, y se disputan mis vísceras…

* Duérmete, Rubén, es solo una pesadilla. No está pasando nada, le dice Lola, su hermana de madre, que lo está cuidando.

Lo que Rubén ha visto como una visión premonitória, se cumple cinco días después, tan solo unas pocas horas después de haber expirado.

El Dr. Debayle al hacer la autopsia del ilustre poeta la madrugada del 7 de febrero extrae el cerebro de Rubén Darío, y dice:

“Aquí está el depósito sagrado”, y se lo lleva. Lo sigue el cuñado del difunto poeta, Andrés Murillo para evitar que el médico carnicero se apropie del cerebro, y terminan los dos disputándose aquel cerebro único en el cuartel de la policía.

Ante aquel pleito del médico y el cuñado, el mismo que obligó a Darío a casarse, los policías tuvieron que llamar por teléfono al Presidente para que él decidiera a quien le quedaba el cerebro.

* Entréguenselo  a la viuda, dijo el mandatario.

* He visto mi cuerpo destrozado, y se han disputado mis vísceras, dijo Rubén la noche del 2 de febrero.

Le quedaban entonces a Rubén Darío solo cuatro días de vida.

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Darío clama por la paz desde Nueva York

04 DE FEBRERO DE 2016

DARÍO CLAMA POR LA PAZ MUNDIAL

DARÍO DIBUJO A LÁPIZ

 

Vida, pasión y muerte de Rubén Darío

Los encuentros de Rubén con su hijo primogénito, Rubén Darío Contreras

Dibujo a lápiz tomado del Libro "Vida y Obra de Darío" de Francisco Contreras, ampliado por Flavio Rivera

Por: Freddy Rostrán A.

En un día como hoy 4 de febrero, pero del año 1916, es decir hace 98 años, el más grande poeta de América, se encuentra al borde de la muerte en la ciudad de León. La desafortunada operación que le practicaron dos días antes los médicos Luis H. Debayle y Escolástico Lara lo tienen tumbado en un viaje irreversible que termina en la tumba.

Un año antes, el jueves 4 de febrero de 1915, Rubén se encontraba en la Universidad de Columbia de Nueva York dando a conocer su poema Pax, en el que clamó por la paz del orbe sacudida en esos días por la Primera Guerra Mundial, que provocaba miles y miles de muertes, mejor dicho, millones de muertes.

Los imperios de Europa se estaban desmoronando dejando una horrible estela de sangre.

“Voy a dar lectura a un poema de paz, en medio de ecos de guerra”, dijo el gran panida.

Desde entonces, a Rubén lo asediaba tenazmente  la muerte, y había llegado a Nueva York muy fatigado y débil. El rudo invierno norteamericano lo estaba triturando, y aquella atmósfera mercantil, y la estridencia de la ciudad frenética atacaban sus nervios sin piedad.

En Nueva York la salud del poeta se deterioró gravemente, y fue hospitalizado. Allí recibió la visita de su hijo primogénito, Rubén Darío Contreras, que también lo había visitado en Barcelona.

Rubén Darío Contreras, fruto del amor del gran genio con aquella tierna, dulce y bella poetisa, Rafaela Conteras (Stella), era también hijo de América, nacido en El Salvador, de padre nicaragüense, de madre costarricense, de abuelo hondureño, con ramificaciones posteriores a nivel continental. Muchacho bien formado en el hogar de su tía materna, estudiaba en Inglaterra, era amante de los deportes y un virtuoso del piano.

El físico de su primogénito impresionaba a su padre que miraba en él una reproducción de su robusta juventud.

Pero ahora, Rubén Darío estaba viviendo sus últimos días, mejor dicho sus últimas horas en una casa del Barrio San Juan de León.

De las estocadas que le dio Debayle en el hígado, ya no podrá levantarse, y solo le quedaban entonces, dos días de vida.

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Un eclipse solar despide al sol viviente

05 DE FEBRERO DE 2016

DARÍO HA SIDO ABANDONADO

DARÍO AGONIZANTE

 

Vida, pasión y muerte de Rubén Darío

•    Un eclipse solar oscurece a toda Nicaragua
•    Vida, pasión y muerte de Rubén Darío

Por: Freddy Rostrán A.

En un día como hoy 5 de febrero, pero del año 1916, es decir hace 98 años, Rubén Darío, el gran poeta de Nicaragua y del mundo, vive las últimas horas de su existencia, y todos le han abandonado.

El periodista Francisco Huezo reporta al periódico El Comercio de la capital, que el genio que ha dado tanta gloria a Nicaragua, se encuentra agonizante y abandonado. La esposa está íngrima.

La noticia causa revuelo y reacciones inmediatas de crítica al hombre de prensa que solo ha dicho la verdad.

La hora final de Rubén Darío se acerca, y los periódicos de Nicaragua y de todo el planeta informan sobre el estado crítico del poeta.

En León se comenta de persona a persona la paseada ocurrida con el doctor Luis H. Debayle y el Dr. Escolástico Lara que demolieron al enfermo buscando como extraerle pus del hígado, pus que nunca encontraron.

El ambiente es de consternación. Dos días atrás el cielo se había oscurecido a plena luz del día, como si fuera de noche. Un eclipse de sol había llenado de sombras a todo el país.

Los leoneses dijeron que la naturaleza entera estaba despidiendo al sol viviente.

Rubén ya no habla. Está arropado con sábanas blancas de lino. Tiene la boca entreabierta y su cara está pálida. Los ojos están cerrados, y los labios no tienen color. La esposa permanece a su lado rezando. Rubén ha entrado en franca agonía. 

A Rubén Darío, a esta montaña habitada por el fuego de Dios, solo le queda un día de vida.

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6 DE FEBRERO DE 2016

¡¡¡RUBÉN DARÍO HA MUERTO!!!
FUNERALES RUBÉN

Vida, pasión y muerte de Rubén Darío

Por: Freddy Rostrán A.

La noche del 6 de febrero de 1916, el provinciano pueblón de León dormía plácidamente, con el silencio interrumpido únicamente por los ladridos de algunos perros en los barrios, cuando de repente el estruendo de un bombazo sacudió a la población…Detrás de la primera explosión vino otra, y otra..Al final fueron 21 cañonazos disparados desde el Fortín de Acosasco que domina la ciudad.

Junto a los cañonazos empezaron a doblar las campanas de todas las iglesias. Ya no había duda.
Acababa de morir el gran poeta de América, la máxima gloria de Nicaragua…

En el vecindario del Barrio San Juan la gente escuchó el desgarrador grito de dolor de la viuda. Rubén Darío acababa de morir. Eran las 10 y 15 minutos de la noche, la misma hora que quedaría marcando para siempre un reloj Ingersol, al que le rompieron la cuerda en el momento en que el poeta exhaló su último suspiro.

A esa hora, al otro lado del Atlántico, un chiquillo sueña con su Padre…El niñito sueña que su padre lo llama cariñosamente.

Un médico que le dio la estocada final al panida con una operación fallida al hígado,  se prepara para hacer la autopsia, y para extraerle el cerebro que lo quiere para él, y cuando lo tiene en sus manos, tiene que pegar carrera porque hay otro personaje – personajillo- que también quiere quedarse con el cerebro de Darío.

“Que horror,  dijo Rubén poco antes de morir, he visto mi cuerpo destrozado, y se han disputado mis vísceras”.

La noticia estremece al mundo. Los periódicos imprimen el informe de última hora. Paca Sánchez, la campesina, la jardinera española que le dio tanto amor en la edad madura a Rubén, escucha  a los voceadores gritando que ha muerto un príncipe…El muerto era el Príncipe de las Letras Castellanas. Su Tatay, su Rubén, el hombre con quien convivió durante 15 años y que se quería casar con ella.

El Gobierno de Nicaragua que le ha escamoteado sus salarios como Embajador de España. Ahora sí, ahora que está muerto ordena pomposas honras fúnebres.

¡Hay que darle honores de Ministro de la Guerra!

No...de la Ministro de la Guerra, no…de Presidente de la República. El alto clero decreta honores de Príncipe de la Iglesia para Rubén.

El pueblo se lanza a las calles para dar su último adiós al bardo rey.

Ocho días duran las honras fúnebres. El cuerpo es trasladado en hombros hasta el Palacio Municipal. Después es llevado a la Universidad.

Hay veladas todas las noches declamando La Marcha Triunfal, Sonatina, a Margarita Debayle, Los Motivos del Lobo y demás poemas del laureado genio. Los oradores dicen discursos preciosos, grandilocuentes. Llegan delegaciones extranjeras de todas partes del mundo.

Bellas muchachas leonesas van regando flores al paso de los funerales. El pueblo tributa a Darío el entierro más conmovedor de la Historia de Nicaragua.

La noche del 13 de febrero de 1916, el cuerpo de Rubén Darío baja a la tumba, al pié de la Estatua de San Pablo en la Catedral de León.

Desde España el gran Antonio Machado nos regala su famoso poema:
 
Que en esta lengua madre tu clara historia quede.
 Corazones de todas las Españas, llorad.
 Rubén Darío ha muerto en Castilla del Oro;
esta nueva nos vino atravesando el mar.
Pongamos, españoles, en un severo mármol
su nombre, flauta y lira y una inscripción no más:
 nadie esta lira taña si no es el mismo Apolo,
 nadie esta flauta suene si no es el mismo Pan.