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MARÍA GUERRERO

Autobiografía de la Profesora María Guerrero

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LA MAESTRA

AUTOBIOGRAFÍA

Yo fui la hija número diecinueve de mis padres. Nací en la finca de Ticomo, comarca a diez kilómetros del centro de Managua, el 6 de diciembre de 1909, fui inscrita, por olvido de mis padres, el 6 de Diciembre de 1910,un año después. Mi partida de nacimiento resta un año de vida a mi verdadera edad. Esto ocurría a menudo en aquella época cuando los familiares vivían poco vinculados con la vida de la ciudad y su régimen de vida no exigía la urgente      inscripción de los hijos en los registros civiles. Muchos padres campesinos nunca inscribían a sus hijos. A nosotros nos inscribían un poco tarde. En el parto que yo nací, mi madre fue atendida en la finca ‘’La Fortuna’’del pueblo de Ticomo por una ‘’comadrona’’ .

En la época de mi nacimiento, la familia había alcanzado la estabilidad económica. Mi padre había pasado de ser un simple peón de hacienda a propietario de 2 fincas cultivadas en Ticomo y Nejapa, una casa en la ciudad de Managua y una finca en la costa del pacífico. Todas ellas con ganado, cultivadas de árboles frutales, con una buena producción de cereales, plátanos, aves de corral, ganado porcino y la producción de leche. Todo fruto de años de lucha de mi padre desde su niñez, quien había quedado huérfano a temprana edad. Venancio Guerrero, mi papá,  se vio obligado a trabajar a edad temprana para mantener a sus hermanos menores. Su vida difícil desde la infancia le formó un carácter duro ante la vida  que lo hizo desafiar las adversidades para abrirse paso en la vida y alcanzar el éxito. La niñez y la juventud de mi padre se puede decir que fue de lucha.

Las fincas eran cultivadas con arado de tiro y  labores agrícolas heredadas desde la colonia española. Mi padre tenía como principio económico la producción para el auto consumo. Por eso, mostró poco interés en tecnificar sus propiedades  e instruir a sus hijos. Se limitaba a enseñar el trabajo ancestral del campesino. A los varones les enseñó el trabajo agrícola y a nosotras, mi madre, el trabajo doméstico. No obstante y por insistencia de ella,  permitió que todos mis hermanos mayores aprendieran las primeras letras y  lograra ser maestra graduada de la Normal de Institutoras de la Divina Pastora. Fui la excepción en la regla y esto ocurrió, porque fui la última y había nacido en otras condiciones socioeconómicas.

En los primeros años de mi vida comencé a familiarizarme con la vida campesina, jugaba con muñecas de olote que vestía con pedazos de tela, granos de maíz, casitas de madera fabricadas con pequeñas ramas secas de montes y otros materiales que recogía de aquí y de allá para dar rienda suelta a las más inimaginables aventuras infantiles. Mi padre nos levantaba a las 5 de la mañana a ordeñar las vacas. Mi primera responsabilidad en el trabajo de la finca fue llevar el balde y el banco que mi padre utilizaba para ordeñar, mas tarde me designaron el cuidado del jardín de la casa, lavar algunos utensilios, ayudar a pasar objetos domésticos a mi madre, darle de comer a las gallinas, y así  poco a poco me integré al trabajo cotidiano de la familia.

Mis primeras letras las aprendí con mi cuñada Hortensia , después a los 8 años me matricularon en la escuela mixta de Ticomo, donde mis dos primeras maestras fueron la Srta. Ofelia Landaverde y Doña Evelinda de Baltodano.

Camino a la escuela pasábamos por un cauce muy peligroso. Esto obligó a mi madre enviarnos acompañados a la escuela. Al regreso  de clases,  al mediodía, me tenía lista una pelotita de masa de maíz para que hiciera una tortilla. Por la tarde, también,  al regreso de clase, me tenía un guacal de maíz tostado para que lo moliera en la piedra. Muchas veces  anochecía moliendo el maíz alumbrada por un candil. Mi madre nos designaba la crianza de determinados cerdos y gallinas, para que cada hijo aprendiera la alimentación y cuido de estos animales.

Entrábamos a clases a las 8 de la mañana, se cantaba el Himno Nacional en el patio de la escuela y en el aula antes de iniciar las clases se rezaba esta oración:

“Dios mío con tu permiso hoy
a clase voy
de vuestra gracia
Dame tu bendición.’’    
 
A la Escuela íbamos mañana y tarde. Orábamos  al inicio de clases y al salir. A las 10 a.m.  y 3 p.m. era el  recreo y a las 11 a.m. y  4 p.m. salíamos de la escuela. Cada estudiante llevaba una botella de agua o refresco a la escuela, porque en ella no había agua.  Después de la oración, nos sentábamos y guardábamos silencio esperando que la profesora iniciara su clase. Siempre comenzaba con una breve charla, en la que recomendaba dar los buenos días al salir y al entrar a la casa o a la escuela. Estudiar en voz baja, explicar la lección en voz alta y en su ausencia guardar silencio y compostura. Ella era una maestra que estaba atenta a corregir el más mínimo error en el lenguaje. Cuando ella decía que repitiéramos los ejercicios, yo afirmaba con la expresión campesina “otra vuelta’’ a lo que ella replicaba diciendo: ‘’Se dice: ¡ Otra vez!’’. Era cuidadosa con el aseo, cuidaba que la basura estuviera en su lugar. Éramos un grupo aproximado de 32 niños, la primera clase era, lectura, escritura y aritmética. Después las lecciones de urbanidad y civismo, estas lecciones tenían que ser aprendidas  al  pie de la letra. Ella manejaba en su mano una regla, pero pocas veces  la ocupó para castigar, la mayoría de los niños éramos disciplinados. Por la tarde se entraba a las 2 p.m. se entregaban las tareas y las lecciones de Español y Matemáticas, una por una  pasábamos al frente ante la pizarra a repetir de memoria las lecciones. Después procedía a dar las lecciones de Ciencias Naturales y Geografía o Historia. Todos los días Jueves nos enseñaban a las niñas costura, deshilar, a tejer y bordar y a los varones a dibujar en cuadernos grandes y blancos sin raya. Don Carlos Quezada, esposo de la maestra Evelinda, una vez  semana de por medio, llevaba a los varones al campo, a jugar con bolas de Tenis.   
                                                                                                                
Después de la jornada escolar de la tarde, llegaba a mi casa a moler maíz tostado para pinol. Después de la cena había unos minutos de charla familiar y pasábamos a dormir. Por la noche no estudiaba en casa porque las lecciones me las aprendía en el curso del camino a casa, cuando llegaba ya sabía la lección. Las tareas de aritmética las hacía de 5 a 6 p.m.  y de 6 a 8 p.m. cenaba, molía  el maíz y nos acostábamos. Estudiar las lecciones mientras caminaba de regreso a casa era  necesario, porque en la casa no había luz eléctrica y el candil lo apagaban temprano. Después de moler el maíz no me lavaba  las manos por la creencia del resfrío en los huesos.     

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Los fines de semana me dedicaba a estudiar lo de la semana y alistar mi ropa, no salía a ninguna parte, era poca para ir a fiestas o hacer visitas, a la primera fiesta que asistí fue a la edad de 25 años. Mi uniforme estaba formada de dos piezas, la blusa blanca y la falda azul unidas por una sola costura, la falda llegaba  debajo de la rodilla, con zapatos cerrados negros. En la casa me mantenía con chinela de trapo que tenían el costo de C$ 1 córdoba. Usaba pelo largo con trenzas hasta la cintura, cabello negro, con algunos ganchos de alambre, comprados en los almacenes de Managua, que los ocupaba para prensarme una moña para cuando molía el maíz. En  esta actividad usaba delantal con bolsas; a los 13 años y gracias a la enseñanza de mi maestra había aprendido a tejer y bordar zapatetas, corpiños que los vendía en los pueblos vecinos; En esa época el ovillo de tejer valía 0.25 cts., la aguja de tejer  C$ 1.00 córdoba, un bastidor grande  C$  1.50, un paquete de agujas 0.25 cts. y la aguja mágica  C$ 2.00.
                                              
Mis hermanas también se interesaron en aprender el tejido y la costura con la maestra Baltodano, ellas aprendieron a bordar bellísimo, hacían pañuelos tejidos y bordados con puntada de raso.

En la escuela mixta de Ticomo aprobé el quinto grado a la edad de 15 años, para continuar los estudios había que viajar a la ciudad de Managua a la Normal de Institutoras de la Divina Pastora, porque en la escuela de Ticomo los estudios culminaban con el quinto grado. Continuar mis estudios fue motivo de discusión entre mis padres. Mi papá se oponía a que yo  continuara estudiando, afirmaba que con lo que sabía ya  era suficiente para vivir, mi madre por el contrario apoyaba mis deseos de continuar los estudios.  

En  esa discusión y por falta de apoyo paterno perdí un año de estudios pero, lo gané en experiencia magisterial a temprana edad , fui contratada como maestra de la escuela donde había estudiado. Resulta que Don Silvestre Cornavaca, casado con mi tía en segundo grado de consanguinidad, Doña María de Jesús Guerrero, gestionó el cargo de maestra para la Escuela Mixta de Ticomo,  la antigua maestra por su avanzada edad, jubilada,  se retiró a vivir a Rivas, dejando vacante el cargo. Esto ocurrió para 1926, todo ese año trabajé como maestra ¡Fue una gran experiencia! El local de la escuela era prestado por el mismo Don Silvestre Cornavaca, era un corredor de su casa  hacienda,  este local se había escogido por ser él más amplio y mejor ubicada en el pueblo. Además, Don Silvestre lo prestaba gratuitamente. La matricula rebasó las expectativas ese año, hicieron falta pupitres. Don Pablo Leal Alcalde de Managua en esa época, a través de solicitud de la Escuela envió pizarras y pupitres. Mi cuñada Hortensia Torres, profesora de experiencia, mas tarde me ayudó a trabajar en la escuela de Chiquilistagua, para continuar en la docencia. Mi primer sueldo fue de C$ 10.00 córdobas me deducían 0.50 cts. para propaganda del partido conservador y recibía C$ 9.50 como sueldo neto. Dicho sueldo lo cobraba acompañada de mi padre, quién lo recibía, me entregaba un C$ 1.00 córdoba y guardaba el resto. Para mi C$ 1.00 peso era suficiente y no objetaba que mi padre hiciera uso de los C$ 8.00 pesos restantes.

Mi deseo de continuar estudiando era más fuerte que el dinero, después de ese año logré convencer a mi padre que me autorizara continuar mis estudios, solicitud que aprobó con la  condición de  no dar apoyo económico, por eso mis hermanos y mi madre me ayudaron a través de sus propios ingresos a financiar mis estudios en  la   Escuela Normal de  Institutoras de la Divina Pastora. Este era un centro de enseñanza religiosa que en aquella época se cursaban los estudios secundarios o los cursos para institutriz o maestra de primaria. Este   último era un título que se otorgaba con II año de secundaria aprobado y servía para ejercer como maestra.  De hecho antes de iniciar estos estudios, ya había laborado como maestra 1 año. En  la Divina Pastora estudié el sexto grado, primero y segundo año de secundaria, obteniendo el título de Maestra de Primaria. Como antes mencioné estos estudios fueron con grandes sacrificios y limitaciones debido que mi padre se opuso a dar dinero para este propósito.             
 
Pasé a vivir a la casa de mi abuelita, llamada Mamá Chica o Francisca Calero y mi tía Juana Calero hermana menor de mi madre, que vivía de vender huevos y pastos para caballos.

Mi horario de estudios era mayor al de la escuela de Ticomo, me levantaba por las mañanas a las 6 a.m.  entraba a clase a las 7 a.m, regresaba a las 12 m. a almorzar y volvía a las 2 p.m. saliendo  a las 5 p.m. A esa hora hacía compras para preparar la cena y el desayuno del día siguiente, porque con el dinero que me daba mi madre me proveía mi propia alimentación, independiente de mi abuela y tía.              

En los primeros meses dormí en una banca porque en aquella casa no había otra cama. Así transcurrieron 5 meses hasta que mi madre pudo ahorrar para comprarme una tijera , mi padre como de hecho  no estaba de acuerdo que continuara estudiando, me quito el apoyo. Mi alimentación tenía un costo de 0.70 cts. semanales, 0.10 cts. por día, en la mañana pan y tiste, al mediodía  0.30 cts. de comida donde el chino y en la noche tomaba leche y pan. Mi madre me ayudó a comprar el uniforme, de color blanco, blusa manga larga y falda mas abajo de la rodilla.
    
Los fines de semana los pasaba en la finca. Abraham  mi sobrino  me acompañaba todos los lunes de Ticomo a Managua y de Managua a Ticomo.  Salíamos de la finca “La Fortuna ” a las 5 a.m. caminábamos 10 Km.  Los días sábados regresaba a casa con mi padre quien después de hacer sus compras habituales de fin de  semana en Managua me pasaba llevando. Lo dedicaba para alistar mi ropa y ayudarle a mi madre en los quehaceres domésticos, destazaba cerdo y vendía nacatamales. Los días Domingos se vendían  a 0.50 cts.  

En las vacaciones largas de fin de año pasábamos en la finca de Nandayosi , comarca de El carmen,  que colindaba con el mar. Por las noches mis hermanos y yo íbamos al mar y a los ríos en busca de camarones, guabinas, guapotes, que cocinaba mi madre Sara.  La pesca, la caza y la producción de frutas era abundante, cocos, jocotes, papaturros, papalón, granadillas, mangos, cañas, plátanos... aquello era abundante, era un paraíso. Allí se pasaban dos meses de vacaciones, Marzo y Abril, para entrar nuevamente a clases de Mayo a Febrero. Después de las vacaciones escolares regresaba a la casa de Mamá Chica para volver a clases. En 1930, concluí mis estudios y regresé a la finca.

Mi abuela era una mujer muy religiosa, trabajadora y muy saludable. A la edad de 90 años no sufría de achaques ni enfermedades que son muy frecuentes en los ancianos de esa edad. Ella, usualmente vestía de naguas y blusas almidonadas  y con grandes vuelos. La casa de Mamá Chica quedaba en  el Barrio San Antonio, de la vieja Managua, antes del terremoto del 31 de Marzo de 1931. La casa era de barro, bambú, taquezal  y se derrumbó con el sismo. Cayó sobre ella y aunque todavía mi abuela vivía al momento del rescate su estado era agónico, murió horas después, su cuerpo estaba totalmente golpeado y fracturado.            

La Escuela Normal de Institutoras de la Divina Pastora era regentado por monjas de la orden Franciscana, la Directora de enseñanza secundaria era Sor María de la Cruz Manzano y de enseñanza primaria era Sor  Clemen. A esta escuela asistían en su mayoría las hijas de familias de ingresos altos  y algunas hijas de artesanos y agricultores  que con mucho sacrificio estudiaban. Estas últimas sufríamos la discriminación por parte de las primeras por nuestro origen. Matilde Tenorio, fue mi compañera de confianza, ella al igual que yo, era campesina, sus padres eran agricultores y sufría el rechazo de las niñas de la ciudad, probablemente esto nos haya unido con fuertes lazos de amistad.
    
Todos los días asistíamos a misa y comulgábamos, iba con un velo blanco. Los días Jueves llegaba el padre Vélez Páíz a dar charlas de religión. Mis profesoras fueron Carmen Páíz, Catalina Soriano, Sor María del Amor Hermosa y Trinidad Medal. Las clases eran en dos jornadas. las lecciones de Español, Ciencias Naturales, Geografía, Historia y Urbanidad. Debíamos aprender al pie de la letra.  La Matemática era razonada. En Geografía comprábamos un Atlas que debía llevarse a la clase, como también cuadernos de ejercicios, nos enseñaban a declamar poemas,  a cantar himnos, a bordar y tejer. Siempre aparecí en el cuadro de honor que mensualmente la dirección de la escuela publicaba. Esto se debía a que mi conducta y rendimiento era bueno. Probablemente haya influido la educación rígida de mis padres y mi primera maestra que sentaron las bases con una fuerte carga de educación formal y moral.

Las demás compañeras se burlaban de mí cuando aparecía en el cuadro de honor, pues decían que estaba ahí porque era sierreña  .  
 
En aquel entonces no se usaba lapicero sino plumas, un empatador y un tintero que había que llevar diariamente a la escuela colgado de la mano con una Manila. Si  nos manchábamos o  pringábamos el uniforme o las manos, éramos castigadas severamente. Mi compañera de clase, Concepción Saravia, era la que más burla me hacía cuando pasaba al Pizarrón y cometía errores. A Concepción Saravia, le decían de mal apodo sardina seca por ser muy delgada. Saravia generalmente me decía “falló la maestra sierreña’’, esta expresión de burla se debía a que era del conocimiento en la escuela que antes había trabajado como maestra en las sierras de Managua. Yo generalmente era dócil y de buena conducta pero un día esta niña Saravia me provocó tanto con sus burlas de ‘’maestra sierreña’’ que le enterré la pluma en el brazo. Eso me costó las amonestaciones y sanciones reglamentarias.

La niña Catalina Soriano una de mis profesoras, me quería mucho porque ella conocía a mi familia y era la madrina de todos los hijos de mi hermano Venancio. Además, frecuentemente llegaba a la finca. La niña Catalina en una de estas visitas a mi casa tomó mucha chicha de coyol . Se embriagó y tuvimos que traerla a Managua en la carreta de mi padre.       

Siempre terminé mis estudios con buen éxito, cuando llegaba a la casa con la nota de fin de año mis hermanos y mi madre me recibían con entusiasmo; yo estudié hasta el II año de secundaria que era el grado que para la época se necesitaba para el título de institutriz equivalente hoy al título de Maestra de Primaria. Algunas compañeras continuaron estudiando hasta obtener el título de Bachiller; generalmente lograban esto quienes no se casaban, o no tenían problemas económicos .

Unas de mis compañeras que  decidió después de muchos años seguir estudiando, terminó su Bachillerato, con mi tercer hijo en el Instituto Monseñor Lezcano en 1969.

 

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En 1930, a los 22 años me gradué de institutriz. No trabajé en la docencia, me dediqué a ayudar a mis padres en el hogar y recibir un curso de modas con Doña Lola Fletes, famosa modista de Managua. A este curso iba con mi prima Luisa Calero, para realizar mis practicas alquilaba una   máquina de coser a la Sra. Petronila Blanco en C$ 15.00 pesos mensuales, esto era necesario  porque debía llevar la máquina para poder aprender.  

Para 1931, se produjo una sequía que afectó siembra y cosecha  de granos, productos básicos para la alimentación y actividad económica de los campesinos. Además, la falta de pastos impedía alimentar al ganado, por lo que eran fácil presa de las enfermedades y epidemias que los diezmaban. En ese panorama económico se produce el terremoto de 1931 que junto con los efectos de la crisis económica mundial de 1929-1932 la situación de hambre y falta de dinero hizo fracasar a muchos campesinos que vivían de la economía de autoconsumo y la  producción de granos básicos. Mi familia no se escapó de los efectos de la crisis, todos mis hermanos y yo nos vimos obligados como nunca lo habíamos hecho a buscar trabajo. Yo trabajé  como vendedora en una tienda del árabe Moisés Hanine,  mis hermanos con sus carretas y bueyes se dedicaron a transportar diversos materiales para la construcción de Managua y el transporte de café.   
      
En el almacén del árabe vendía telas de lunes a sábado y un día a la semana hacía el aseo del local y la acera, esto me hacía sentir apenada porque jamás había estado al servicio en una casa extraña y de extranjeros, laborando como empleada doméstica después de haber estudiado para maestra. La necesidad era tanto que fue mi propia madre  quien me buscó el trabajo, decisión que mi madre jamás se habría visto en la necesidad de tomar en los años de bienestar económico.  

Managua antes del  terremoto de 1931 era una ciudad muy pintoresca, en los barrios  las casa eran cercadas de piñales con puertas de maderas y al fondo del solar después de un jardín estaba construida la casa; En el centro, desde el Barrio San Antonio, la Catedral, los mercados, las parroquias de San Sebastián, Candelaria, San José, Santo Domingo y Cristo del Rosario. La construcción más importante fue la casa No. 1 que era de dos pisos, ésta fue la casa presidencial del presidente Zelaya. Para estos años  se ejecutaban conciertos en el parque central con la banda del ejército.
 
La Catedral  fue destruida  y se levantó otra moderna y mas artística que fue dañada por el sismo de 1972. Aun se conservan sus ruinas frente al Palacio Nacional . La catedral  antes de 1931 era un templo muy parecido al edificio de la iglesia de la actual  Tipitapa,  pero un poco más grande y alta.  No se le decía catedral sino  Parroquia de Santiago que es el patrón oficial de Managua por decreto de los Reyes Españoles en la época Colonial.

En 1931, con el terremoto todas las Iglesias de Managua se cayeron, fueron  reconstruidas  en el mismo lugar para caer en el terremoto de 1972, solamente la Iglesia Candelaria no se reconstruyó y desapareció desde 1931; La destrucción  fue casi total pues estaban construidas de tejas, piedras, madera y barro.

La casa de mi padre en Managua antes del terremoto del 31, estaba del plantel de carretera 2c. ½ arriba cerca de la vieja penitenciaria que ocupaba los predios de lo que es hoy el Estadio Nacional, Cranshow, bomberos, el Sony boy, casa del obrero y la Iglesia de San José que fue destruida en el terremoto de 1972, incluyendo La Plaza de Toros, Escuela No. 1 y antiguos terrenos de lo que  fue la  Colonia Somoza.

Para esa época en la loma de Tiscapa no se había construido la casa presidencial, solamente era una  fortaleza. La avenida central de Managua bajaba de la loma hasta el lago, en esa avenida estaba el campo de Marte y el Colegio de los hermanos cristianos o La Salle. La Casa Presidencial antes del terremoto del 31 fue la casa No. 1 frente al parque central, ahí vivieron José Santos Zelaya, Adolfo Díaz y Emiliano Chamorro, al ser destruida la casa No.1, el Campo Marte fungió por un tiempo como casa presidencial hasta que se construyó la nueva  en la Loma de Tiscapa; los mercados San Miguel y el municipal se quemaron en el terremoto. También, fueron reconstruidos en el mismo lugar.
     
Después del terremoto de Managua de 1931 trabajé un año en el almacén del Turco y volví a la finca donde me dediqué a cultivar la tierra, sembraba tomates, repollos, cebollas y ajos; Primero, hacía almácigos de buenas semillas, después un mozo araba la tierra y transplantaba, la cosecha siempre era abundante y la mayoría de ella la vendíamos en la ciudad con mi sobrino Abraham  Benavides, quien salía a las 4 de la mañana en carreta o a caballo para llegar a Managua temprano y contratar la venta del producto con las vendedoras del mercado. El dinero producto de la venta era para mi uso personal, esta actividad la combinaba con las actividades domésticas, cocinar y cuidar el jardín de la casa;  atender a mis padres y mis hermanos Genaro e Ignacio; quienes eran solteros y trabajaban con mi padre en la finca. La actividad del día era la típica de una pequeña finca campesina, sembrar, cuidar los animales de corral, ordeñar el ganado, fabricar queso y cuajada, vender la leche por la mañana, cocinar y lavar. A las 7 de la noche después de la cena, alumbrados con la luz de un candil, mi madre y yo nos sentábamos a escuchar música de una vitrola. Esta la había comprado producto de la venta de un buey sin cachos después del terremoto.       

Generalmente los fines de semanas recibíamos visitas de los barrios circunvecinos o de amistades del centro de Managua y a veces de las ciudades periféricas a Managua, era tradición de mis padres atender muy bien a los visitantes, los niños jugaban con bolas de hule y trepaban a los árboles para cortar y comer de las diferentes frutas que abundaban en los predios de la finca, cuando los visitantes se despedían mis padres les regalaba a los niños frutas, atol pujagua y chicha, a los mayores 1 ½ de maíz, chicharrón, frito de cerdo y tortillas calientes.
    
Después del terremoto de 1931 los inviernos fueron excelentes, las cosechas fueron buenas, el ganado aumentó, abundaba la comida, las frutas y la leche, aumentaron por eso la visitas,  llegaban comían y salían cargadas con muchos obsequios. Para proveernos de agua potable en un inicio fue a través de pozos o pilas estas se llenaban durante los aguaceros, después fue por latas o barriles en un puesto que estuvo instalado en Batahola y para aguar  el ganado se iba hasta la laguna de Nejapa.

Las fiestas se hacían en los corredores y  patios de la casa, los visitantes llegaban a caballo y luciendo sus mejores vestidos, se bailaba al son de guitarra y bandolinas, se repartía refrescos, chicha, café y nacatamales.

El noviazgo, etapa de mi vida en la mayoría de edad, se iniciaba formalmente cuando el pretendiente pedía permiso a papá y mamá. El novio me visitaba solo los domingos todo el día. Cuando salíamos a fiestas íbamos acompañados de mi madre o hermanos, no tomábamos cerveza ni licor, cuando me visitaban  nos sentábamos separados y jamás estábamos solos, siempre estaba mi mamá y papá o un hermano en la sala; no podíamos ni lo permitían mis padres tomarse las manos, si se hacía,   daba vergüenza.

Para esta época tuve como enamorado pretendiente al hijo del Dr. Leandro García, de nombre Enrique  García, quién vivía frente al mercado Boer , me visitó en mi casa durante 2 años, Enrique dejó de visitarme, sin explicación que yo supiera y sin mediar mucho tiempo. A pesar que su padre era profesional, Enrique era una persona de pocas aspiraciones,  lo expresaba con sus deseos de instalar un puesto de ventas de granos básicos en el mercado Boer. Nunca expresó deseos de estudiar una carrera o mucho menos.

Apareció un segundo pretendiente, el Sr. Francisco Gaitán, coronel del ejército, quién primero había sido mozo de la finca de mi padre y después se había ganado el grado de coronel con su participación en la guerra de 1927. Francisco Gaitán antes de ser coronel lo había visto con desdén, por ser un mozo mas de la finca, pero ahora el llegaba con su carro oficial a visitarme, me invitaba  a las fiestas del antiguo Casino Militar y me ofreció matrimonio, pero nunca llegó la fecha del matrimonio  y aburrida de verlo lo retiré de la casa.

Llegué a la edad de 27 años sin casarme, a esa edad comencé a pensar que era necesario tener un hogar propio, tener mis hijos y mi propio núcleo familiar.

Después de terminar con el pretendiente Francisco Gaitán.  En una reunión, Alfonso Guardado, amigo y sastre de la familia, me invitó a una fiesta en el club Social de Obreros, cerca del antiguo local de la Cruz Roja donde conocí a Gilberto Alegría. Me presentó a ‘’Yilber’’, así le decían a Gilberto sus amigos. Momentos antes de la presentación habían conversado  Alfonso Guardado y Gilberto sobre si era soltera, si tenía buenos padres y si era una excelente señorita. Entonces, Gilberto decidió invitarme a bailar y me preguntó donde vivía. Como recién había terminado el noviazgo con Francisco Gaitán tuve miedo que mis padres me reprocharan mi conducta y dudé un poco.     

No obstante, después de darle mi dirección, Gilberto me preguntó si podía visitarme en mi casa, a lo que yo conteste negativamente, explicándole que a mis padres no les iba a parecer que recién pasado un noviazgo con el Sr.Gaitán llegará inmediatamente otro a visitarme. Entonces, le dije que nos encontráramos en la casa de Doña. Dolores Gómez, ella tenía la mejor casa de la zona, quien  vivía con su hija Josefa Gómez quién también era soltera. Tenían una refresquería y panadería ubicada en el Km. 7 carretera vieja a León, la casa quedaba ubicada  antes de llegar al camino que va a la Laguna de Nejapa, Barrio de Ticomo;
    
La propiedad de Doña. Dolores colindaba con la finca de mis padres, era amiga de la familia y Señora muy formal, allí acordamos encontrarnos el próximo Domingo. Al terminar la  fiesta Gilberto y Don Alfonso acompañado por Doña Eugenia de Velásquez me acompañaron hasta mi casa.

El primer Domingo que me visitó llegó a las 2 de la tarde, acompañado de un amigo, en cuanto llegó se lo presenté a Doña. Lola con quien simpatizó mucho, ella en broma le dijo ‘’que si  nos habíamos puesto de acuerdo de verse en su casa’’, a lo que Gilberto respondió que había sido una feliz casualidad. Después, pasamos a conversar sobre distintos temas, recordando que ya nos habíamos visto en Managua muchos meses antes de la fiesta recién pasada. En esa ocasión –recordamos – caminaba por una calle del centro de Managua acompañada de mi prima Olga Benavides, íbamos solas cuando de repente nos encontramos con él y sostuvimos una rápida conversación en la que se ofreció llevarnos  a casa en taxi, pero yo le rechacé porque en esa ocasión su forma de proceder no me simpatizó.

El siguiente Domingo Gilberto me visitó en la casa de mis padres acompañado de Don Carlos Penske. El tercer Domingo habló con mis padres para formalizar nuestras relaciones de novios. A partir de ese día todos los Domingos me visitó, salíamos a visitar las fincas aledañas, a las amigas; a veces llevaba una botella de licor y comida para tomársela con Carlos Penske. Para entonces tenía 28 años y deseaba casarme, fue así que a los dos meses nos estábamos casando. Gilberto me dio dinero para comprar muebles, una piedra de moler y para comprar el vestido de novia.
 
Nos casamos civil el 29 de Junio de 1938, y el 2 de Julio de 1938 el matrimonio eclesiástico en la Iglesia de San Antonio, la fiesta fue en la casa de Don Toño Soriano, padre de las niñas Sorianos; Catalina, Teresa, Juana y Lola Soriano esta ultima casada después con el Dr. Julián N. Guerrero; por la amistad y vinculación estrecha  con la familia, las profesoras Sorianos atendían a los invitados y se bailó hasta las 12 p.m.  Gilberto tenía su casa,  era cómoda, ubicada  de ‘’Rosa Blanca’’ ½ c. al lago; este era un negocio de repostería y panadería ubicado de San Antonio 2c. al lago, cuando la fiesta terminó, mis padres pasaron dejándonos por la casa de Gilberto. Como en los matrimonios siempre hay personas interesadas en poner toque de chismografía, durante la fiesta una de las invitadas dijo que mi matrimonio no duraría mucho, pues Gilberto tenía otras mujeres e hijos, lo último era cierto, lo primero no lo fue, pues vivimos juntos hasta su muerte, Gilberto tenía dos hijos al momento de casarse conmigo, Adolfo Alegría hijo de Emelina Picado con quien había vivido 14 años y Roberto Pasquier, hijo de Rosa Pasquier.

De ocho hijos que le concibieron solo Adolfo y Roberto estaban vivos, otro malestar que también entorpeció la completa felicidad el día del matrimonio fue la inconformidad de mi hermano Genaro con Gilberto que por olvido involuntario este no lo incluyo en la tarjeta de invitación a nombre de mis padres, pero a pesar de esos inconvenientes el matrimonio se realizó sin mas tropiezos. El día siguiente también hubo problemas entre Genaro y Ana, mis hermanos, quienes discutieron por celos y caprichos, por cuestiones familiares y domésticas. Pues bien, como se ve, mi matrimonio comenzó con algunos pequeños problemas como augurando mas dificultades y sacrificios en el devenir de nuestro hogar.

MIS PRIMEROS AÑOS DE MATRIMONIO:

Gilberto alquilaba una casa en Managua, donde tenia un pequeño restaurante. El primer año de matrimonio vivimos ahí, donde ocurrió la primera dificultad; Debido a un resfrío que sufrí después de haber planchado, padecí de parálisis facial, afectándome un ojo. Los gastos médicos fueron elevadísimos. Gilberto prácticamente invirtió todo su dinero en medicinas y tratamiento, de hecho el capital de su pequeño negocio. Cuando se vio sin dinero comenzó a trabajar como albañil y maestro de obra. Esta crisis nos obligó a pedir dinero a mi padre y para no pagar el alquiler de la casa nos trasladamos a vivir a la casa de mi padre que tenía en el barrio San José  vecinos de la familia Calero, ahí vivimos hasta el año 1939, año de la muerte de mi madre. Viendo que Gilberto trabajaba duro y su negocio había fracasado, comencé a impartir clases a particulares en la casa, es decir, comencé a ejercer mi profesión que desde mi primera experiencia como maestra en 1926 no ejercía.

En 1940, siendo jefe del plantel de carretera, Gilberto viajó a supervisar las construcciones que el Gobierno realizaba en Masaya, en el trayecto del viaje, el vehículo tuvo un accidente en el cual se fracturó la clavícula, fue subsidiado con medio sueldo; Esto significaba menos ingresos y mas limitaciones por lo que tuve que poner una pulpería en la casa con un préstamo. En esa época existía una institución estatal denominada ‘’ Monte de Piedad’’ donde prestaban por prendas de oro y otros objetos de valor. Allí hice varios prestamos para poder instalar la pulpería. Una vez sano Gilberto se reintegró al trabajo y fue trasladado al Viejo, departamento de Chinandega donde  vivimos 2 años.             

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 A los dos años  salí embarazada de mi primer hijo por lo que regrese a Managua para tener el niño, donde fui atendida hasta el momento del parto por Doña Emira de Alegría madre de Alberto Alegría en el barrio San José, ese mismo año murió mi mamá.
Mi padre viudo, a  la edad de 50 años se casó con Margarita Carbonero, al año de fallecimiento de mi madre. Mujer de 35 años y con 4 hijas mujeres, de su primer matrimonio. A solicitud de la Carbonero mi padre vendió la finca en 20.000 mil córdobas, propiedad que tanto sacrificio había costado a mi madre, hermanos mayores y a el  mismo. Con ese dinero le compró a su nueva mujer una casa en la calle Colón Oriental, la cual estaba en construcción y   la terminó de construir para la hija mayor Carbonero. En el barrio Mira Flor al occidente de Managua le compró un pequeño Bar  para  la familia Carbonero, todas estas propiedades las inscribió a nombre de Margarita, ni siquiera como propiedad de él, esto fue motivo de reclamo de todos mis hermanos pues el siempre había manifestado rectitud y ecuanimidad. Con esta acción  demostraba todo lo contrario e irrespetaba el sacrificio y memoria de nuestra difunta  madre. A partir de esto todos nos alejamos de él, ocasionalmente le visitábamos. La mayoría de mis hermanos  estaban inconformes con su forma de actuar. Un día nos reunimos todos y le exigimos que pasara a nombre de nosotros sus legítimos hijos la casa ubicada en el barrio San José, ultima propiedad en su poder que aún no había inscrito bajo nombre de Margarita Carbonero, mi padre aceptó  pero,  pidió por su firma  C$ 2.000 córdobas ¡Absurda condición! Cuando las mejores propiedades las había puesto a nombre de la familia Carbonero sin recibir ningún centavo, mas que los besos y caricias interesadas de M. Carbonero. A pesar de esa condición se aceptó, en vista que ninguno podía darle esa cantidad a mi padre decidimos vender esta propiedad en C$ 20.000 córdobas, darle a él su parte y el resto repartirlo por partes iguales entre los hermanos, esto era preferible antes que mi padre diera el paso de venderla o pasarla a manos de M. Carbonero.

El tiempo pasaba y no aparecía comprador, como debía ser pronto, decidimos Gilberto y yo comprarla a través de hipoteca. Para eso hicimos acuerdos entre los hermanos en que la venta sería por C$ 16.000 córdobas. Para eso hicimos un documento de hipoteca por los C$ 16.000 mil, en el documento aparecía  como compradora pero la propiedad quedaba hipotecada a nombre de un prestamista . Después de pagar los honorarios del abogado cada unos de mis hermanos recibió C$ 2.200. El abogado repartió el dinero en el acto  legal de firmas y no se tomó en cuenta en la repartición del dinero a mi padre tal como habíamos acordado con el abogado. Mi  papá al  no recibir dinero comenzó a exigir gritando sus C$ 2.000 mil córdobas, todos hicimos caso omiso a sus reclamos y  tomando cada uno su dinero salimos uno a uno  de la  casa.   Así pagó mi padre las bandidencias que nos había hecho en complicidad con Margarita Carbonero.               

Con ese dinero mis hermanos compraron  terrenos en Managua y comenzaron a construir sus humildes viviendas de obreros, pues ahora si nos habíamos  convertido en obreros, pues ya no éramos hijos de un agricultor propietario de fincas, ni teníamos esperanza de recuperar esos bienes porque nuestro padre ya no era dueño de las fincas y el mismo se había convertido en un pobre viejo sin propiedades dependiente de una mujer joven que lo controlaba física y mentalmente.

Gilberto y yo habitamos por poco tiempo en la casa de el barrio San José, la que al fin y al cabo resultó vendida. Cuando ya no podíamos amortizar los intereses de la hipoteca tuvimos que venderla en C$ 18.000 córdobas un año después del conflicto con mi padre y con el dinero que obtuvimos de ganancia que eran C$ 2.000 mil ahorramos y compramos una casa en el barrio La Veloz, valorada en C$ 6.000 mil ,  pagamos C$ 4.000 mil y quedamos debiendo C$ 2.000 mil en hipoteca. Nos trasladamos a esta casa  en 1948.

En el transcurso de estos hechos que acabo de relatar yo me había hecho cargo de educar a tres hijos de mi hermano Venancio quien había muerto dejando a sus hijos huérfanos. Ellos eran Socorro, Hortensia y Teodoro Guerrero, también había tomado a mi cargo a Adolfo Alegría hijo de Gilberto, a esto había que agregar el nacimiento de mi hijo René y a los dos años el nacimiento del segundo, llamado Gilberto.

Al momento del traslado al barrio ‘’La Veloz’’, yo estaba embarazada  con mi tercer hijo. Socorro y Hortensia que a mi lado habían aprendido el oficio de tejer y coser, comenzaron a trabajar y decidieron quedarse con mi hermana Julia, solamente Teodoro se traslado con nosotros al barrio ‘’La Veloz’’.

Éramos una familia numerosa de 6 miembros y en nuestros primeros años eso fue una carga económica de efecto negativo en los momentos de crisis. Viviendo en ‘’La Veloz ‘’, Gilberto comenzó a tener relaciones con otra mujer, ‘’La Pocha Rojas ‘’, con quien se fue a vivir a la Costa Atlántica donde estaba dirigiendo las construcciones del plantel de carreteras, también se llevó a su hijo Adolfo. En la Costa Atlántica hizo dinero con la ‘’Pocha’’ y se olvido de mi por dos años, todo esto ocurrió estando embarazada de mi tercer hijo. Mi situación económica se complicó, tuve que alquilar parte de la casa, la familia  que la alquilaba vivía de lavado de ropa, a lo que yo me sumé, ellos me llevaban ropa para que lavara y así obtuviera otros ingresos. Teodoro, mi sobrino comenzó a  trabajar para su propia manutención. Al momento del parto Teodoro corrió a buscar la partera, ahí nació Mario; Teodoro me ayudó en los primeros 8 meses;  Mario creció sano.  
    
En los meses de verano daba clase de preescolar, y fundé una escuela de párvulos que le llamé “La Perla” . Para ayudarme con otros ingresos destazaba cerdo y hacía nacatamales el día Domingo y me dedicaba ese día a  atender la ropa de mis hijos, también iba a misa con mis hijos y les leía parte de la Biblia. Los días Domingos me visitaba  mi hermano Genaro, los demás llegaban a los meses y de parte de mi esposo Gilberto nadie.

Mis hijos: René, Gilberto y Mario estudiaban en el colegio del Sr. Francisco Huezo. En esos días recibí una carta de Gilberto donde me decía que estaba enfermo y quería regresar a casa pero me solicitaba que Teodoro no lo viera, porque le daba vergüenza volver a casa fracasado y después de todo lo que había hecho. Conversé con Teodoro, el aceptó irse antes de la fecha que     Gilberto volviera. Llegó fracasado, mas viejo y con su caja de herramientas y  Adolfo.
 
Nos reconciliamos y comenzamos una nueva vida, pero durante esos dos años no había podido pagar los intereses de la casa, entonces dispusimos cambiarnos a una colonia de alquiler de cuartos en Monseñor Lezcano propiedad de Alfonso Guardado. En ese momento ya trabajaba como maestra en el Ministerio del Distrito Nacional, hoy Alcaldía de Managua. Por las paradojas de la vida, este cargo de maestra lo había conseguido a través de Rosario Carbonero, pariente de Margarita Carbonero, quien su suegro era Andrés Murillo, Ministro del Distrito Nacional.

En 1952, la  plaza de maestra era en  Casa Colorada, allá me trasladé a vivir por la distancia entre El crucero y Managua.  Gilberto estaba sin trabajo y arruinado. Mi sueldo de maestra era el único sustento familiar. El trabajo de maestra volvía a mi como una necesidad sin sospechar que ese habría de ser mi destino de vida y que me marcaba desde una edad temprana.

Poco tiempo trabajé en casa colorada porque me trasladaron a Managua al año siguiente. Gilberto se dedicó al destace de cerdo y se vendía en casa. Gestioné ante el ministerio que en la casa me autorizaran una escuela de párvulos. Entonces, nació la segunda Escuela.
María Canales, mi sobrina, estudiante de enfermería, me  ayudaba en los quehaceres domésticos, su tía Juana Calero y María Canales llegaban a ayudarme a hacer nacatamales; Con ahorros y sacrificios se juntó la suma de C$ 7,000.00 córdobas y compramos un terreno grande esquinero en el barrio Monseñor Lezcano, donde se construyó una panadería que Gilberto llamó La Fortuna, una colonia de cuartos de alquiler, una área para la escuela de párvulos y una área para destace de cerdos, venta de carne y nacatamales. Todo esto ubicado de donde fue el Banic de Monseñor Lezcano 1c. Al lago y 2c. Arriba. En verdad está fue la etapa de mejor nivel económico que pase en mi vida matrimonial, hubo abundancia de bienes tanto materiales, como paz y salud espiritual. Fue un respiro después de las crisis pasadas.

Mi vida fue casi siempre un reto, porque la abundancia no duraba mucho. El  sacerdote Cantijermo Siero, cura párroco de la Iglesia de Monseñor Lezcano nos hizo una propuesta de cambiar nuestra propiedad por otra que tenía en el Crucero. El propósito del sacerdote era construir allí un orfanato para niños pobres.

En 1953, Gilberto hizo la permuta de la casa de Monseñor Lezcano  con dos terrenos en el crucero y un Jeep propiedad de Siero, los terrenos eran cultivados con café, madroño y jenízaro. Cuando se hizo la permuta el abogado Julián N. Guerrero no hizo la escritura de traspaso del vehículo por mandato del sacerdote Cantijermo Siero,  alegando éste que en el trato no estaba incluido el jeep; previamente Gilberto ya había firmado el traspaso a  Siero y el acto estaba consumado. Siero nos dio 48 horas para que  desalojáramos la propiedad. Así , Siero engañó a Gilberto.

Como los terrenos en el Crucero era tan lejos de Managua, Gilberto tuvo que vender los terrenos  y comprar uno pequeño cerca de un cauce por el puente de la fosforera en el barrio Altagracia. Hizo una  casa en el lote y nos trasladamos a vivir allí.

En 1953, hubo en Managua uno de los inviernos mas fuertes que produjeron daños serios y las aguas del cauce subían hasta la casita amenazando la vida de mis hijos, por esa razón buscamos un nuevo terreno.

En 1955, Andrés Zamora estaba lotificando cerca de allí y le compramos un lote de 17x30 m. en el mismo barrio. Gilberto hipotecó la casa contiguo al puente de la fosforera, con eso construimos en el nuevo terreno y compró un bus que le llamó ‘’El cumiche’’ para tener una ruta urbana de transporte. Como el bus era usado y se descomponía  continuamente, era mas el tiempo que pasaba parado que lo que circulaba,  lo cambió con una casa en el barrio oriental, la reconstruyó y la vendió en C$ 15.000 mil córdobas. De ese dinero compró madera, bloques y construyó un horno en la casa nueva. La otra la perdió por no pagar la hipoteca.

Gilberto era una persona luchadora y emprendedora, aunque no en todos los negocios le iba bien. Ya tenia 54 años, padecía de presión y su salud se deterioraba. En 1956, fue la muerte de Somoza, el lloró porque era liberal militante, pertenecía a la reserva de la guardia nacional.
 
Gilberto muere el 19 de Agosto de 1957 de derrame cerebral, el amaneció bueno por la mañana, después de comerse un nacatamal, a las 7.00 p.m. se sintió con calentura, a las 8.00 p.m. cayó sin habla y perdió el conocimiento. Don Enrique Barberena, un vecino lo levantó para acostarlo en la cama, lo llevé al hospital en una ambulancia,  al llegar a la sala de emergencia, Sor Conchita Alegría tía de él dijo que se le llevó muy tarde y que moriría. Entonces, se llevó al sacerdote de la parroquia de Altagracia y le dio los Santos Oleos. A las 9.00 p.m. había muerto. Gilberto murió a los 56 años.
    
Fui esa misma noche a casa de Domingo Morales, apodado cuero de chancho, quien me  prestó C$ 1.000 mil córdobas para la caja. A las 2.00 a.m.  llegamos con la caja y mi sobrino Jesús Guerrero (chucito) junto con Genaro Guerrero, lo colocaron en la caja  y lo trajeron en carretón de mano del hospital a casa, porque cobraba mucho una camioneta de acarreo. Genaro luego se fue a la sociedad mutualista obrera  a la que pertenecía Gilberto, denominada Fraternidad Comercial y le dijeron que como debía C$ 48.00 córdobas no le darían su beneficio y al ver esto su hijo Roberto Pasquier, expresó: ‘’que clase de sociedad a la que perteneció mi padre’’.

Los vecinos se portaron bien, las hermanas de la casa Nazaret le enviaron dos coronas,  la familia Barberena y Medal le arreglaron la casa con cortinas y a las 4.00 p.m. salió el cortejo fúnebre con mas de 400 personas. No hubo necesidad de sociedad  alguna y en los  hombros de sus amigos fue llevado hasta el cementerio, lleno de flores.

A mis manos llegaron ayuda de C$ 10.00 a C$ 500.00 córdobas con lo que compré 5 quintales de harina para trabajar la panadería que había construido en vida Gilberto, porque mi sueldo de maestra no me daba para educar a mis hijos. Su hijo mayor Roberto Pasquier  fue quien me ayudó con el pago de una misa en la Iglesia San José, que la ofició Monseñor Carranza párroco de la Iglesia.                                  
                                                    
De Ticomo me mandaron donaciones para los 9 días, leche, huevos, compuestos de licor y compañeros de trabajo le hicieron el altar. Durante los 9 días me dieron permiso de no dar clases. El Ministro del Distrito Nacional, Andrés Largaespada, a quien le llamaban de apodo el ‘’Indio Armonioso’’y quien en vida fue amigo de Gilberto, llegó a los rezos y en sus conversaciones recordaba la estafa del cura Cantijermo Siero y como esto le había afectado la salud a Gilberto.

Enviudé a los 47 años, quedé con 5 hijos varones y 1 entenado de nombre Adolfo Alegría de 18 años, mi hijo mayor, René de 12 años, Gilberto de 10 años, Francisco de 6 años, Mario de 8 años y Juan de 3 años. A los pocos meses del deceso, Adolfo contrajo matrimonio con la señorita Daysi Beteta, buena joven modista y formó su familia de manera independiente.

La escuela inició sus clases en dos jornadas, mañana y tarde.  Me levantaba a las 4 a.m. para despachar a mis hijos al colegio, impartía clases en la escuela municipal y también a domicilio para ajustar con los gastos del mes, También, atendía las compras y ventas  del taller de panadería que Gilberto había dejado funcionando de manera artesanal .

LA VIUDEZ

La viudez es el estado en que la mujer queda sola y sin apoyo del esposo. Tuve que hacer el rol de padre y madre de cinco hijos varones. Tarea dura cuando en la soledad y pobreza una mujer lucha por salir adelante para que sus hijos no pasen necesidades, ni humillaciones  y mucho menos deshonra. Es por esas razones que decidí luchar sola, con la ayuda de Dios que nunca abandona.

La experiencia de  19 años de casada y los esfuerzos por constituir una familia económicamente consolidada como se había logrado en los años anteriores, me enseñaron que si luchaba con el mismo tesón lo  lograría ahora sin la compañía de Gilberto.  El camino era  largo y duro pero debía iniciarse. Contábamos con lo básico, un terreno, una casa,  el taller de panadería artesanal,  mi empleo de maestra y mis clases privadas. Poco después,  destacé cerdos los sábados para vender carne, manteca y nacatamales. Es decir, fui maestra, panadera y carnicera. Así fue mi modo de vida de 1958 a 1963.

En 1963, la escuela había crecido en número de estudiantes y  grados.  Había una matricula de 300 estudiantes y cuatro grados de primaria. Mi casa ya era pequeña para albergar tantos alumnos, había necesidad de pupitres y aulas. El Ministro del Distrito Nacional, compró un nuevo local y lo acondiciono con cuatro aulas, oficina de Dirección.  Se trasladó la escuela, bajo mi dirección. Allí fui Directora de 1964 a 1967,  la Escuela se llamó Escuela Mixta Maestro Gabriel . Así fundé,  la segunda escuela, ahora bajo la supervisión y control del Ministerio del Distrito Nacional.  

La Escuela Mixta Maestro Gabriel del Barrio Altagracia quedaba del puente de la Fosforera 1c. Al sur. Donde fue la escuela hoy pasa una pista adoquinada que divide al barrio Altagracia en dos zonas, esta escuela fue destruida por el terremoto de 1972.

En 1967, por intrigas políticas de algunos miembros de la comunidad ligadas al partido liberal en el poder, so pretexto que había votado en las elecciones por el partido conservador fuí dejada cesante del cargo de  directora de la escuela que yo misma años atrás había fundado.

Nuevamente tuve la necesidad de crear otra escuela en mi casa, con el nombre de Escuela Mixta Alfonso Cortés ,  esta escuela nace con la ayuda de mi tercer hijo, Mario Alegría y  el apoyo de la Profesora Conny Mendoza, quien contribuyó a  que fuera reconocida por el Ministerio de Educación. Continué ayudándome con los ingresos que producían la Panadería y la venta de  los nacatamales, estos dos últimos negocios fueron una constante en mi vida, por los bajos salarios que ganamos los maestros. Cuando llegué a los 60 años, me jubiló el Instituto de Seguridad Social con 180 córdobas mensuales. Una pensión baja por lo poco que era el salario del maestro de primaria en los años 50 y 60.  Con esa pensión no podía vivir y debía dedicarme a buscar otros ingresos porque mis hijos aun estaban pequeños.

Para 1967, mis hijos mayores tenían  20 y 23 años de edad, había uno alcanzado la mayoría de edad y el otro estaba cerca de serlo. Ellos tenían bajo su responsabilidad una mujer e hijos, sobre todo el mayor. Esto presentó nuevas dificultades y retos  para mi economía doméstica, porque René, mi hijo mayor, mas tarde abandonaría el hogar y me dejó la responsabilidad de la crianza de los nietos. Su carácter fue muy voluble y cambiante, se casó tres veces y  el  alcoholismo en su vida fue una constante; así como un carácter violento, estas dos ultimas características muy parecidas a las de su progenitor. Probablemente influido por ese modelo no pudo definir una vida propia, diferente y estable con sus esposas.

René se graduó de perito contador y gran parte de su juventud laboró como contador de varias empresas, durante ese tiempo fue apoyo para sus hermanos menores. No obstante, cuando inició su etapa alcohólica todos los proyectos de vida para este joven se vieron truncados y perdió el respeto, la consideración y el amor del hogar. Siempre lo apoyé en sus crisis, lo interné en un centro de rehabilitación, estuvo en los AA  y lo envié a Chile para apartarlo del ambiente en que se propiciaba el alcoholismo. En Chile intentó llevar una vida normal durante dos años. En 1972, después del terremoto de Managua regresó a Nicaragua influenciado por el socialismo de Salvador Allende, régimen que gobernaba Chile durante su estadía en ese país. Regresó con ideales revolucionarios pero con la misma conducta alcohólica.  Como consecuencia de la acción guerrillera llamada repliegue, en el mes de junio del año 1979 la Guardia Nacional hizo una “operación limpieza” en Managua. Esta encontró a René con un grupo de jóvenes alcohólicos y drogadictos que habían hecho actos de vandalismo; así como en posesión de bienes ajenos y armas. Al encontrar eso, fueron capturados y los dieron por desaparecidos un 30 de junio de 1979.  

Mientras la vida de mi hijo René transcurría de ese modo. De 1967 a 1972, la Escuela Mixta Alfonso Cortés se desarrolló con los seis grados de primaria y para 1970 se abrió el ciclo básico de secundaria con el nombre de Instituto Nocturno Luis A. Somoza. Este nombre prácticamente lo impuso el supervisor del Ministerio de Educación, en la época que era Ministro el Sr. Leandro Marín Abaunza. No afirmo esto para justificar el nombre sino porque el régimen  lo sugería,  lo imponía o por miedo a no ser autorizada la escuela uno mismo lo sugería para ablandar a las autoridades del Ministerio y que la autorización fuese rápida.

Cuando me reunía con mis hijos a conversar los proyectos de ampliar la escuela y el nombre que se le podía dar. Ellos propusieron   el nombre del poeta Lino Arguello. Cuando se consultó el nombre  fue rechazado por el Ministerio porque era un poeta conservador. De esta manera se establecía  que los nombres de los centros debía estar ligado al partido de turno, en este caso el régimen de la familia Somoza o del Partido Liberal. Constante que se mantiene hasta hoy en todos los regímenes de turno, sean conservadores, liberales o sandinistas.

La escuela había crecido. En 1972, comenzamos a construir un pabellón de dos plantas para la escuela. Cuando estaba en su fase final, en Diciembre de 1972, ocurrió el terremoto y destruyó el edificio que se levantaba como el principal proyecto de mi vida. Se perdió años de ahorro y sacrificios,  todo quedó en escombros a las 1:30 de la mañana de un 23 de diciembre. Mi hijo Mario impresionado por la destrucción me dijo ¿y ahora que haremos, madre? A lo que contesté, que así como lo habíamos logrado hacer , nuevamente lo volveríamos a lograr, no estábamos vencidos, porque aun estábamos con vida que era lo mas precioso. En efecto la escuela la reconstruimos,  no igual como hubiese sido con el edificio de dos plantas, se levantó mas modesta y  sin recursos.

La reconstrucción se logró sin donaciones ni ayuda internacional. Dos de mis hijos menores, Francisco y Juan, apoyados por la familia Moreira se fueron a Chinandega. Ellos trabajaron el primero en una desmotadora como contador y el segundo como profesor de la Escuela Leonor Moreira de Oviedo, mas conocida como la escuela de Chon Oviedo. Ellos aportaban con sus ingresos en la reconstrucción de la escuela y en Managua con mis otros dos hijos, Gilberto y Mario,  impartiendo clases en aulas improvisadas aportábamos el resto para la reconstrucción total.

En 1973, se inicio el año en las modestas instalaciones reconstruidas,  con una matricula numerosa y comenzó un ascenso de la matricula y crecimiento con nuevos servicios como carreras técnicas y  con la secundaria hasta cuarto año. Este crecimiento se detuvo con la crisis de los movimientos guerrilleros que surgen a fines de 1977 y se recrudecen en 1978 y 1979.  A finales de 1978, estaba en trámite la solicitud de aprobación del V año de secundaria. Soñaba con una primera promoción de bachilleres. Si autorizaban el V año de secundaria en 1979,  los primeros bachilleres del Instituto egresarían en 1980.  Proyecto inviable por el derrocamiento del Régimen que trastocó todas las bases políticas, institucionales y jurídicos del sistema y dejó a la escuela en una situación vulnerable tanto económica como política.

La insurrección sandinista quebró la economía del país y las pequeñas empresas fueron las primeras en ser afectadas por tan prolongado conflicto.

Mi vida como se puede ver fue azarosa, primero por mis deseos encontrados con mi padre que se oponía que estudiara para ser Maestra, segundo la estafa del cura Cantijermo Siero que pasamos de la bonanza económica a la pobreza. Tercero, los terremotos de Managua que en mi juventud y en mi vida adulta afectaron la vida normal y el progreso de las empresas familiares, y cuarto el Derrocamiento del Régimen político liberal de los Somoza y la instauración de otro Régimen que limitó la iniciativa privada como un terremoto social destructivo.

Todos estos sucesos ocurrieron en momentos de progreso y crecimiento tanto de mi vida familiar como del país. Pareciera que los nicaragüenses en este siglo estábamos condenados a luchar contra la corriente.

Cansada de luchar a mis 64 años, jubilada y en serios conflictos con mis hijos mayores, quienes desde 1979 reclamaban su herencia en vida. Decidí  entregarles el Instituto y retirarme a mi casa de habitación, mi hijo menor Juan, también, optó por buscar lo suyo y se retiró conmigo a trabajar en la casa y en la panadería que  teníamos en el Barrio Santa Emilia de Managua. Juan consigue un contrato como profesor de la UNAN e inicia su independencia de la familia.  

Aquí comienza mi vida de virtual retiro y soledad. Relativo porque en mi casa imparto  clases a niños de los primeros grados de primaria que los padres me solicitaban y vivo acompañada de mi nieta, hija de René.

MariaG-Diploma

PROLOGO

La autobiografía de MARIA GUERRERO, constituye un verdadero testamento espiritual, cuyo contenido encierra una valiosa experiencia de vida, de amor y magisterio, legado que siempre soñó transmitir a las generaciones futuras.

Su extraordinaria fortaleza cimentada en el amor de Dios, a la educacion y a su familia, la condujo por los derroteros del esfuerzo, logrando diplomarse como Maestra de Primaria de la época, ejercitar y dominar algunos oficios que le exigió las circunstancias en que le tocó vivir, fundó y dirigió varios centros  educativos.

Las pruebas y dificultades fueron su permanente compañía, acontecimientos familiares, guerras, terremotos, cierres de sus centros. En medio de todo esto supo transformar su extremo trabajo y esfuerzo,  en amor y esperanza. Mantuvo su fidelidad al ideal de la enseñanza y aún cuando todo parecía perdido, siempre tuvo algo mas que dar.

Este esfuerzo de publicar la autobiografía de MARIA GUERRERO, ayudará a despertar aquellas conciencias conformistas y adormecidas que esperan inútilmente una explicación razonable a sus fracasos.

La UNACAD hace suyo su aporte, esta institución de Educacion Superior que lleva su nombre descansa en los terrenos que una vez fueron suyos y nos acompaña como mudos testigos del amor ilimitado de esta maestra, madre y esposa.

Lic. Miguel Dávila Membreño.

…Como dijo la profesora
y poetisa chilena Gabriela Mistral,
refiriéndose al honor de dedicarse
a la educacion:
“Señor, perdón
que me llame como tú,
maestra”…*

•   Palabras finales del Lic. Miguel Dávila en el acto
    del 2 de junio de 2007, que se realizó en la
    UNACAD Managua