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UN AMOR SIN FIN

Carl y Elena, un amor que traspasó la muerte

El caso de un hombre que tuvo relaciones sexuales con el cadáver de una joven cubana durante varios años en Miami

UN AMOR

 

El Nuevo Heral de Miami presenta hoy 14 de febrero de 2018 la siguiente nota periodística:

Dos historias trágicas y macabras: Los fantasmas cubanos de Key West que asustan o encantan a los turistas
POR SARAH MORENO

Las historias de fantasmas en Key West son tan comunes que hay una industria alrededor de esos seres que habitan los bed and breakfast, hoteles y museos de la ciudad más al sur de Estados Unidos.

Después de ver los atardeceres más famosos del país en Mallory Square, los turistas se dividen en grupos. Algunos se van a los bares de la calle central del pueblo, Duval Street, a gozar la noche hasta que el cuerpo resista, y otros toman los tours que recorren los lugares encantados de Key West, para que un guía disfrazado les cuente donde se aparecen los pobladores más prominentes, y a veces desgraciados, de las tinieblas en el Cayo.

En las habitaciones de casi todas esas mansiones de portales soleados, con plantas y sillones para pasar las horas hasta el final de los tiempos, viven sombras que se dejan sentir: mueven objetos, bajan las escaleras o sacuden candelabros.

Al menos esa es la publicidad que hacen las giras cazafantasmas para atraer a los turistas.


Casa Marrero no es una excepción. Este bed and breakfast de la calle Fleming fue una vez la residencia del cubano Francisco Marrero, el segundo empresario más rico del pueblo en la época del boom de la industria del tabaco, cuando las manos de los inmigrantes cubanos torcían más de 100 millones de puros al año.

Francisco construyó la casa en un terreno cerca de donde empezó el fuego de 1886 que consumió la mitad de los edificios de Key West. Uno de sus objetivos era conquistar a la que sería su esposa, Enriquetta Marrero, para que se mudara al Cayo. A juzgar por el aspecto de nido romántico que aún tiene la casa de madera de estilo victoriano, este era el hogar perfecto para los Marrero y sus ocho hijos.

Dos años después de mudarse a la casa, una tragedia golpeó a la familia. Durante uno de sus viajes a La Habana a comprar materia prima para sus fábricas, Francisco fue asesinado con un tabaco envenenado. Cuentan que detrás del complot estuvo quizás su rival, Eduardo Hidalgo Gato, sin duda el empresario más poderoso de la industria del tabaco.

Para Enriquetta, la muerte de Francisco fue solo el primer golpe. Un tiempo después llegó de Cuba, acompañada de abogados, una mujer que reclamaba ser la legítima esposa de Francisco, quien al parecer nunca se había divorciado. La corte falló a su favor y Enriquetta y sus hijos perdieron la casa y las fábricas.

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El empresario cubano de Key West Francisco Marrero, quien construyó la Casa Marrero.
Así describe la guía de una de las giras cazafantasmas más populares, Haunted Key West Tour, el momento en que Enriquetta quedó en la calle con sus hijos un día de 1891.

“Hoy son testigos de una gran injusticia”, dijo a los curiosos que presenciaban su infortunio. “Están arrebatándome la casa que es mía por derecho. Y con Dios como testigo, les prometo que mi espíritu nunca abandonará este lugar”.

No se sabe lo que fue de Enriquetta. Algunos de sus hijos enfermaron y murieron, y ella quizás terminó su vida con unos parientes en Tampa, la ciudad que sustituyó a Key West como centro de la industria de tabaco.

Los que pasan la noche en Casa Marrero, sobre todo en la habitación 18, su preferida, dicen haber visto a una mujer que se sienta a los pies de la cama a cepillarse. Cuando la notan, pide silencio. Uno de los testigos cuenta que cuando trató de despertar a su compañero de cama para alertarlo de esta presencia, la figura que creen es Enriquetta, se acercó y le tapó los labios.

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La Casa Marrero, hoy un bed and breakfast en la calle Fleming, en Key West, fue construida por el empresario tabacalero cubano Francisco Marrero. Es allí donde se aparace el fantasma de su esposa, Enriquetta Marrero.
Cortesía Alejandro Pascual
Los que la han visto subir las escaleras o dar algún que otro toque al orden en la casa, opinan que no hay que temerle. Es un espíritu guardián, benevolente, que viene a ofrecer protección. En su presencia, algunos sienten un bienestar, como si fueran mimados por una abuela.

Pero, según cuentan los empleados, el espíritu a veces se pone travieso, sobre todo cuando entra alguien que no trae buenas energías. Entonces Enriquetta se acuerda que esta fue una vez su casa y sacude los candelabros.

Pero ella no es el único espíritu que habita Casa Marrero, cuya página de internet cuenta que algunos huéspedes han oído el llanto de un niño. Y lo extraño es que allí solo pueden alojarse adultos.

La silueta de un caballero, un hombre de otro tiempo, a veces se mueve sigiloso en el portal. Algunos dicen que es Francisco que ha venido a pedir perdón a Enriquetta.

La novia del falso conde
Si Enriquetta Marrero prometió que nunca se iría de Key West, Elena Milagros Hoyos solo quería que la dejaran marcharse tranquila cuando finalmente llegara la muerte.

Pero eso no fue posible porque Carl Von Cosel un aventurero alemán que inventaba aviones que no volaban y equipos de rayos X que no curaban, se obsesionó con ella al punto de desenterrar su cadáver y vivir con sus restos embalsamados durante 7 años.

Esta historia macabra, que está recogida en numerosos libros, incluso en las enciclopedias médicas como uno de los casos más raros de necrofilia, comenzó en el Marine Hospital, situado entonces en lo que es hoy el Truman Annex.

Elena, una joven de 23 años de familia cubana que sus contemporáneos describían como “una belleza delicada, con una piel blanca impecable y una luz interior que se encendía con unos ojos vivaces”, estaba muriéndose de tuberculosis.


Elena Milagros Hoyos, de una familia cubana de Key West, murió a los 23 años de tuberculosis.

Von Cosel, en su cincuentena, la conoció en el hospital, cuando ella iba a darse tratamientos. Encantado con su belleza, el falso conde convenció a la familia seguirla tratando en la casa. Fue en esas visitas, entre una y otra sesión de corriente, que Von Cosel oyó una de las canciones preferidas de Elena, Bodas negras, que se especula fue la inspiración para lo que hizo tras la muerte de ella en 1931.

La letra del poeta venezolano Carlos Borges (1867-1932), con música del cubano Alberto Villalón (1882-1955), cuenta exactamente el caso de un amante que desentierra el cadáver de su enamorada.

“En una noche horrenda hizo pedazos/ el mármol de la tumba abandonada,/ cavó la tierra y se llevó en sus brazos/ el rígido esqueleto de su amada”, dice una de las estrofas de Bodas negras.

A la muerte de Elena, Von Cosel construyó un mausoleo en el cementerio de Key West que visitaba constatemente. Hasta que una noche, siguiendo los pasos que creía le indicaba la voz de Elena, se robó el cadáver. Después de practicarle tratamientos químicos para preservarlo, vistió el cuerpo de Elena con un traje de novia y lo acostó en la cama que él le había regalado.

Ese fue el panorama que encontró la hermana de Elena cuando llegó a la playa de Rest Beach, al borde del Atlántico, en Key West. Allí vivía Von Cosel con el cadáver, escondido en un avión sin alas con el que una vez planeó escapar con su amada a las islas del Pacífico.

Nana Medina, la hermana de Elena, impulsada por los rumores y bromas en el pueblo por las grandes cantidades de jabón y colonia que compraba Von Cosel, le exigió ver los restos de su hermana. Él reconoció que ya no estaban en el cementerio y la llevó hasta el avión.

Cuando el caso se hizo público, Elena fue velada y enterrada en un lugar secreto. Dicen que en esa funeraria donde tuvo lugar el velorio al que asistieron más de 6,000 personas, es donde hoy merodea a veces el fantasma de Elena.


Carl Von Cosel, el técnico de rayos X llegado de Alemania a Key West, que se hacía pasar por conde. Su obsesión por la joven cubana Elena Hoyos lo llevó a vivir con su cadáver por varios años.

Von Cosel, cuyo verdadero nombre era Karl Tanzler, fue llevado a una audiencia judicial en 1940. La prensa de la época, especialmente The Miami Herald, cubrió los hechos. La opinión pública se puso a favor de Von Cosel. Para muchos, especialmente las mujeres, fue un acto romántico.

Para David L. Sloan, autor de los libros Ghosts of Key West y Haunted Key West, y de la introducción a las memorias de Von Cosel, lo más significativo es que él creía que Elena era “su destino”.

“Su convencimiento era tan fuerte, que fue capaz de vivir con su cadáver, y creer que estaba vivo”, dice Sloan, quien fundó y es uno de los operadores de la compañía de giras Haunted Key West Tour.


En verdad, Von Cosel creía que había resucitado a Elena. Y no fue hasta dos décadas después que salió a la luz lo que la prensa de los años 1940 no podía abordar por las convenciones de la época.

Los estudios forenses comprobaron que la muñeca que Von Cosel había construido empatando los restos de Elena tenía unos senos que se sentían como reales, y en la vagina, un tubo acondicionado para tener relaciones sexuales.

Nada tenía de romántico. Solo era un caso de necrofilia que quedaba para los anales de la ciencia.

La literatura y hasta la música han seguido hablando de la historia de Elena y Von Cosel. El escritor, músico y compositor Ben Harrison, que vive en Key West y es autor del libro Undying Love (Les Edition Duval), estrena una nueva producción de un musical del mismo nombre.

La obra abre este 14 de febrero en The Studios of Key West, y estará en cartelera hasta el 3 de marzo.

Quienes quieran ver la lápida de Elena pueden ir al museo East Martello, en Roosevelt Blvd, en Key West. Solo un pequeño detalle está omitido, el apellido de casada de Elena Milagros Hoyos. Fue Von Cosel quien pagó por la lápida y él nunca aceptó que su amada se había casado con otro hombre, incluso aunque este la abandonara a poco más de un año de la boda.