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INCENDIO EN EL HUEMBES

Incendio esta madrugada en el mercado Roberto Huembes

Incendio Huembes 

Captura tomada de Canal 10

A penas han transcurrido dos días del pavoroso incendio del mercado Oriental que arrasó con 200 tramos, se registró otro incendio en el mercado Roberto Huembes en el sector de la Cotran.

El incendio se originó a las 3 de la madrugada. Los bomberos acudieron rápidamente al lugar del siniestro y controlaron las llamas.

3 tramos fueron convertidos totalmente en cenizas (una tienda de libros, una ferretería y una tienda de ropa usada) y 3 fueron consumidos parcialmente por las llamas que se propagaron esta madrugada en el sector occidental del mercado Roberto Huembes.

Los bomberos trabajaron con mayor comodidad en el mercado Roberto Huembes que en el mercado Oriental, donde el acceso a los camiones cisternas es demasiado difícil.

A esta hora se desconoce la causa que originó el fuego pero los comerciantes dijeron que posiblemente fue un cortocircuito lo que provocó el incendio.

 

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EL MERCADO ORIENTAL

Sábado, 10 de Septiembre de 2016

Crónica de una catástrofe anunciada

CRÓNICA DE UNA CATÁSTROFE ANUNCIADA

Un peligro evidente y una irresponsabilidad increíble

¿Por qué el gobierno ha permitido que el Mercado Oriental siga creciendo en forma tan desordenada y anárquica?

¿Por qué el gobierno no ha cumplido con la promesa de crear vías de acceso internas a este gigantesco centro comercial?

Los bomberos han tenido grandes dificultades para enfrentar los incendios registrados en el Gran Tiangue de Managua

¿Qué pasaría en el Mercado Oriental si ocurre un tercer gran terremoto en Managua? Ojo con el peligro de una estampida
Varias fallas sísmicas atraviesan el Mercado Oriental

Es inconcebible que todos permanezcamos impasibles ante una catástrofe que ocurrirá, sólo que no sabemos cuándo...

Por: Freddy Rostrán A.

Cuidado con el peligro de una estampida
¿Dónde están las rutas de evacuación del Mercado Oriental?

En nuestro recorrido por las diferentes zonas del Mercado Oriental, no logramos identificar las señalización de las “rutas de evacuación” o de los “puntos de reunión” que deben ser atendidos en caso de alguna emergencia.
Los comerciantes y compradores del mercado oriental, al ser indagados por este medio, no fueron capaces de responder que harían si en ese momento ocurriera un terremoto o un incendio en el mercado. En el mejor de casos, respondieron que  tratarían de salir corriendo.

Si bien algunos establecimientos han acondicionado sus locales, particularmente en la zona adyacente al Supermercado La Colonia de Ciudad Jardín y otros cuentan con amplias puertas a la calle, el problema radica en que los antiguos andenes y aceras han desaparecido para dar lugar a nuevos tramos y ventas improvisadas de todo tipo de artículos, al punto que incluso a los propios compradores se les hace difícil circular en un día normal de actividades.

Más grave aún es el hecho que algunos comerciantes de los “tramos de la calle” han improvisado estructuras que simulan techos para protegerse de la intemperie, sin que se conozca con certeza que sucedería con éstas al momento de un sismo.

La Ley creadora del Sistema Nacional para la Prevención, Mitigación y Atención de Desastres “Ley 337” establece los principios, normas, disposiciones e instrumentos orientados a la prevención, mitigación y atención de desastre y el Plan Nacional de Repuesta del Sistema Nacional para la Prevención Mitigación y Atención de Desastre (SINAPRED) debería en principio tener contemplado el manejo de una emergencia en uno de los puntos de mayor aglomeración de la población en la capital nicaragüense.

MÁS INFORMACIÓN:

https://mercadorientalinformaciones.blogspot.com/

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2016-09-07 07:45:58

Dos fallas sísmicas atraviesan el Mercado Oriental

GASOLINERA DEL GANCHO DE CAMINOLa gasolinera del Gancho de Camino está asentada sobre una falla sísmica

Estudiantes de la UCA ponen el dedo en la llaga

 

Por: Freddy Rostran A.


SEGUIMOS ENFOCANDO EL PELIGRO QUE VIVEN COMERCIANTES Y COMPRADORES DEL MERCADO ORIENTAL

Estudiantes de Arquitectura de la Universidad Centroamericana presentaron el jueves 1 de septiembre un diagnóstico de los aspectos urbanísticos del Mercado Oriental, poniendo de relieve el crecimiento incontenible de este gran centro de compras, los aspectos de insalubridad, y sobre todo, el peligro existente por la falta de vías internas en lo más denso del lugar, y para empeorar las cosas, la presencia de fallas sísmicas en varios puntos del Tiangue.

 

 La Gasolinera del Gancho Camino está ubicada sobre una falla sísmica.

Los estudiantes contaron con el respaldo de las autoridades y docentes del Departamento de Arquitectura de la UCA , y trabajaron conjuntamente con funcionarios de la Corporación de Mercados de Managua (COMMEMA).

Comerciantes del Mercado Oriental

COMERCIANTE Don Jorge Mercado OrientalComerciante Mercado Oriental GLORIA DEL CARMEN SÁNCHEZ

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2016-09-02 20:27:04

Infografía histórica del Mercado Oriental

INFOGRAFÍA HISTÓRICA DEL MERCADO ORIENTAL

 

Arte de Lic. Conny Aguinaga

Esta infografía contiene en grandes rasgos la historia del Mercado Oriental.

 Desde DiarioNica hacemos un llamado a toda la sociedad nicaragüense a tomar conciencia de los graves peligros que representa tener un mercado gigante de más de cien manzanas, sin calles internas que permitan hacerle frente a una eventual emergencia. Varias fallas sísmicas atraviesan el Mercado Oriental. Estudios revelan que por debajo de la Gasolinera del Gancho de Camino pasa una falla sísmica.

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2010-12-26 00:08:12

A 38 años del Richter 7

 Las enseñanzas del enorme sacudión que destruyó Managua en 30 segundos se han ido al carajo, y en la capital nicaragüense se está construyendo de cualquier manera olvidándose de la alta sismicidad de este suelo.

 

managua_terremoteada.jpg

 

 SOBREVIVIENTE

 Por: Henry Briceño 

 He vivido tanto. He sufrido tanto. He gozado tanto. He hecho tanto de tanto. He amado tanto. Aquí estoy mientras tanto.

 A 38 años del sismo.

 Managua no ha muerto. Managua vive en mí. En usted. En todos. Managua con sus defectos estructurales sigue viva en el corazón de todos.  Viva en la mente de los que le conocieron antes de 1931 y que se han ido amando a su Capital, viva en la que le conocimos antes de 1972 y que aun conservamos en nuestras mentes sus calles, avenidas, referencias populares, sus personajes, en fin, no podemos olvidar a lo inolvidable. 

 

 

Managua era y seguirá siendo una ciudad muy bella. Muy hermosa. Muy galana. Hablamos algunas veces mal de Managua, que es fea, que no se sabe donde inicia menos donde termina pero al final la amamos. Somos fieles amantes. Amantes de la novia del Xolotlan.

Señales históricas:

“Managua se perderá. Un día de estos Managua se va a perder. Ya ocurrió en el pasado” decía la Mama Rosa –Bisabuela- desde su silla abuelita allá en el Jinotepe querido. Los chavalos jamás pusimos oídos a los “cuentos” “leyendas” sobre el terremoto ocurrido un tenebroso 31 de marzo de 1931,  un Viernes Santo, a las diez con veinte y tres minutos de la mañana cuando Managua fue destruida. Jamás le creímos todo el “cuento”.

Los adultos de los años sesenta y setenta del siglo pasado hablaban del terremoto de 1931 como algo infernal. Que Managua significa Mana-agua, un sitio que mana-agua y que por tanto se perderá, que por su posición  a orilla del lago la tendencia es que Managua sea inundada, todos los comentarios desembocaban en que la capital nicaragüense estaba destinada a desaparecer. Las historias algunas veces aburrían y nos distraían de nuestros juegos infantiles.

Sin embargo, el comentario era coincidente entre personas adultas de la capital y gente mayor del interior del país. Managua podría perderse. Estamos en el ciclo, Managua podría desaparecer. Así paso el tiempo sin que los jóvenes del sesenta e inicios del setenta le otorgáramos siquiera el mínimo sesgo de interés a las pláticas de los y las abuelas. Lo cierto es que tanto y tanto abordar el tema y escucharlo, pues, sin duda que mucho sobre la trágica vida de la Managua querida quedó en nuestras mentes.

Managua, antes del sismo de 1931, ya había enfrentado sismos como los sucedidos en 1844 Y 1885 con resultados catastróficos. Nuestra Capital ignoraba lo que le deparaba el destino en lo relacionado a terremotos de gran magnitud.

Hace casi ochenta años Managua fue destruida por un terremoto de 5.8 de intensidad en la escala Richter. 31 de Marzo de 1931, viernes Santo, diez con veinte y tres minutos de la mañana. Mil quinientos muertos y más de dos mil heridos. La Capital sucumbió por el fuerte temblor y sus respectivas replicas, luego el incendio se encargó de hacer lo suyo en materia destructiva. El sismo destruyó el Palacio de Comunicaciones, los Mercados Central y San Miguel, el Teatro Variedades, la Casa del Águila,  templos de Candelaria, San Antonio, San Pedro, la Penitenciaría Nacional. Los edificios que quedaron en pie fueron arruinados por el terremoto. Muchos cadáveres fueron a las fosas comunes. La mayoría de estas víctimas no fueron identificadas. En la Penitenciaria murieron muchos marinos norteamericanos veinte y cuatro soldados y casi todos los reos. En los mercados se identificaron 65 cadáveres de mujeres y 17 varones los que fueron recogidos por sus deudos.

Diversas construcciones que quedaron en pie fueron reparadas pero sus entrañas habían sido dañadas considerablemente  debido a esto, 41 años, 8 meses y 23 días después  sucumbieron ante otro horroroso terremoto. Aquí vamos…

NUESTRA VIVENCIA DEL TERREMOTO DE 1972:

Discurría diciembre de 1972 con su frio incomparable. Con su gritería, gofios, gorras, matracas, cohetes, bombas y carga cerradas. Misas del Niño Dios, café caliente y atol por las madrugadas, luces  dicembrinas que alumbraban a la bella Capital. Las golondrinas-por millares- de la Roosevelt revoloteaban de alegría frente al Jardín Central, un salón  cervecero incomparable. Este ultimo vive en la conciencia de los que le visitamos, jamás volveríamos  a tomarnos un stain de cerveza acompañado de cebichito en el jardín Central, entre la intersección de la calle quince de setiembre y la avenida Roosevelt de nuestra Managua.

El Cine Salazar exhibiendo las películas del momento, la época de Gary Cooper, John Wayne, se disipaba la euforia del Llanero Solitario con su caballo “Plata” y su eterno compañero “Toro”, Roy Roger, sin faltar, por supuesto, la figura inmortal de Johnny Wesmuller el verdadero Tarzán. El cine mejicano hacia de las suyas con Arturo de Córdoba, Roberto Cañedo, Enrique Guzmán, Silvia Pinal, César Costa, los Teen Top, quien no bailó al ritmo de Popotito por esa época, quien no amó a los Beatles, Triny López –con su Martillo-, Shubby Sheker –con su Twist- Barrabas Power,-grupo español- Music Máster, Los Panzer, Carlos Santana con Chepito Áreas en los timbales entre otros. Inolvidable.

Un comercio atiborrado de clientela preparándose para la noche buena. Artistas nacionales y extranjeros exhibiendo su arte. Managua resplandeciente. Bella. Las luces de navidad y música de diciembre invitaban al jolgorio, al baile, a la alegría. Comenzaban largas vacaciones ese viernes veinte y dos de diciembre de 1972 para retornar al trabajo el siete de enero del año entrante.

Los jóvenes de esa época habíamos salido de la universidad ese mismo viernes, finalizaba  ese veintidós de diciembre el semestre. El Estado había otorgado vacaciones, el sector privado otro tanto. Las fiestas de Navidad en la Managua sonriente e iluminada en toda su plenitud.

Lleno total en cantinas como el Chilamate, Guayacán, la Costillita o el Luky Seven, correcto, el que estaba costado noreste  del Mercado Bóer. Las platicas  recurrentes sobre nuestro deporte rey. Nicaragua AMIGA 72  había logrado una odisea poco común: había derrotado a la novena cubana aquel diciembre inolvidable  del siglo pasado. Un poco al sur en el Versalles Marcos Antonio Muñiz nos hacia bailar con su “Escándalo” y en el Rincón Español frente a la vieja Casa del Obrero Luisito Rey-Papá de Luis Miguel- nos estremecía con su tema “Soy como quiero ser”.

NUESTROS BARRIOS.

Campo Bruce con la “Caimana” lanzando sus mejores cohetes y bombas, la cantina El Cuervo, donde los bolos eran tus mejores aliados en las noches de bohemia.  Campo Bruce donde un gringo cayó en un avión sobre ese hermoso campo al sur este de nuestra capital y de allí el Bruce, Campo Bruce. El Barrio Largaespada por Tiscapa creciendo, embelleciéndose con buenas familias que venían del lado del Barrio Santo Domingo y San Sebastián. Justo Pérez Mora con su familia adornaban, al igual que don Carlos Sevilla al naciente barrio Largaespada.

Santo Domingo, San Sebastián con los Yokotas y sus motos ronroneando, con su gente preciosa, en donde la solidaridad se burlaba de la política para convivir en paz, en armonía, compartiendo el pan nuestro de cada día. Algo así  era como se vivía en el barrio San Sebastián allá por los Dormitorios Públicos, muy entrelazado con la Hormiga de Oro, Las Brisas, Monseñor Lezcano con sus cebadas bien heladitas y sus fritangueras hermosas ofreciendo la rica carne asada como queriendo competir con la carne asada del gran Hotel. Jamás. Carne asada como la del gran Hotel o mejor dicho la carne asada frente al gran Hotel, casi cerca del hermoso edificio de la inmobiliaria. ¿Cuántas veces estuvo de pie comiendo usted su carne asada allí, precisamente, en la Carne Asada? Observando la avenida Roosevelt, mirando hacia el lago y con el rabillo del ojo observando al Gran Hotel en donde Cantinflas, Agustín Lara, Dámaso Pérez Prado, Pedro Infante y otros grandes  de la canción popular consumieron Santa Cecilia a orilla de la piscina en ambiente tropical.

San Antonio, el Eskimo, el Lacmiel, Cafetería la India en donde los poetas, cuentistas, pintores y bohemios literatos discutían, discutían y entre sorbos de cerveza fresca  componían los mejores versos sin faltar los cuentos cortos y largos que adornan gran parte de nuestra literatura nacional. Cafetería la India vive en nuestra mente, en nuestro diario vivir. Es eterna.

El Club de Clases al solo iniciar la Bolívar, más abajo, sobre la calle Colón el Almendarez junto a este la Galletería Cristal, un poquito arriba la Embotelladora Cristal propiedad de don Arón Guerrero Salomón, un poco hacia el lago el Doctor  Fernando Agüero Rocha. El Cementerio San Pedro con sus muertos y los vivos recordando las historias de sus inquilinos. El Bóer, el mercado Bóer, con la farmacia Pataky de Lazlo, los buses de Carazo, Granada y Rivas, las comiderias  ofreciendo a tres pesos la tamuga de comida rica, riquísima hecha por la propia esposa de Jorge Hernández, el famoso “Conejo Hernández” cátcher del Cinco Estrella y estrella del base Bal por esos días. Hacia el sur del  Bóer “Juan Culón” con su cantina y sus rielazos.

“Juan Culón” era todo un espectáculo mirarlo caminar. Señorial, con unas nalgas hermosas. Muy hermosas, siendo chiquitín se miraban más hermosas, cintura alta, serio, circunspecto, hacia honor a su apodo. JUAN CULON. Cebollón Papa de Alexis Arguello-q.e.p.d.-,  allá por Monseñor Lezcano era competencia de Juan Culón, Pedro “Tuco”, Pedrito García, era parte de la competencia. Quien brindara el mejor trago y el mejor trato. Había mercado para estas tres cantinas  populares.

“Peyeyeque” –personaje popular,- cuya picardía inspiró al Gato Aguilar-fundador de Ciudad Sandino- quien le compuso una canción llamada “la Manguella de “Peyeyeque” era parte del escenario de Managua. Don Melico,-Masayés- el Santa Claus nica, cuya barba frondosa, bien cuidada y arreglada, vestido de Santa hacia la vida feliz a niños y adultos en el corazón de Managua. La Quince de setiembre, Roosevelt, Momotombo, Candelaria entre otras calles y avenidas fueron la cuna de Mélico el Santa Claus de carne y hueso nicaragüense cuya imagen aun está fresca en la memoria de los que nunca olvidamos nuestra querida Capital.
La calle Momotombo, Candelaria, Adlon Club en donde su azulado ambiente quien  de la época no compartió los mejores momentos de juventud, la Financiera un poco arriba, al sur El Plaza, la Roosevelt con sus coyotes, las minifaldas en las escaleras eléctricas de Tienda Carlos Cardenal- novedosas- era todo un espectáculo.

Del Chilamate a la Costillita de allí para el Luky Seven, el 747 del Balmoral, de este último sitio observamos a la Managua deslumbrante, coqueta, bella, bellísima. Allí, el Hotel Balmoral nos sorprendió el temblor de las diez y treinta de la noche del viernes veinte y dos de diciembre de 1972. Bailamos  en el 747 de dicho Hotel, antes habíamos  pernoctado brevemente por casi todas las cantinas y bares más representativos de aquella Managua inolvidable. Todo era cerca, caminando visitabas una y otra cantina para saborear buen trago con buena boca. El temblor de las diez y media de la noche no lo sentimos. Alguien lo comento. Bajamos en el ascensor a la planta baja del Balmoral. Observe el cielo. Feo. Sentí  el frio de diciembre. La Avenida Bolívar resplandeciente, Managua más viva que nunca, estaba cerca donde vivía. A Lo feo del cielo no le hice caso, no le puse atención.
Alquilaba un modesto apartamento de trabajador estudiante frente a Pedro Tuco, en las cercanías del Mercado Bóer y apenas a escasos metros del viejo Hospital del Seguro Social en donde por primera vez mi primer hija Irilene vio la noche estrellada de un siete de noviembre de 1967. Me acosté, espere a varios compañeros de apartamento inútilmente, Raúl Tijerino Sandoval, un blufileño  blanco que jamás volví a mirar, un salvadoreño que era locutor de una radio capitalina, incluso nunca volví a ver. La Abuelita que nos alquilaba el apartamento, si mal no recuerdo, era la Madre de Auxiliadora Moncada, una bella mujer que animaba programas de televisión en el canal 6 de Somoza. Esta bella dama había sido en algún momento candidata a “Mis Nicaragua”. Un  palo de hembra.

Allá en la lejanía se escuchaba aquella bonita e infaltable canción de la Sonora Matancera en época de navidad: “otra navidad, otro año más de recordación, yo estaré muy triste para mí no habrá fiesta ni alegría...”

Acostado en un catrecito de esos que llaman sándwich, con algunos tragos consumidos, solo en un cuarto del segundo piso de una vetusta casona. Sentí hambre, baje al refrigerador de la Abuelita y no había siquiera un tomate estudiantil. Aborde  la Avenida del Ejército buscando comida. Nada. Todo cerrado. Decidí ir al Ron Ron Club, ubicado este ultimo frente a los Bomberos, muy cerca del Estadio Nacional Somoza, después Rigoberto López Pérez Hoy Denis Martínez,  donde servían un rico bistec entomatado por siete cincuenta córdobas.

Una cerveza en mano, arrimado al Bar, solo, cuando de repente José Muñoz,-Contador Público- ex compañero de labores en la Nabisco Cristal me tomó del hombro y procedió a presentarme a una hermosa mujer, muy joven como yo, me comprometió a bailar con la joven  una canción popular del momento “La Negra Celina”. Nunca supe como era el nombre de esta mujer simpática, se que enfrentó el terror igual que yo y cuando menos en el Ron Ron Club no murió. No sé si aun viva o este ya en la presencia del Señor.

EL TERROR ME TOMO POR SORPRESA BAILANDO “LA NEGRA CELINA”

Fue todo de repente. Ruidos por doquier acompañados de un horrible movimiento bajo los pies. Difícil mantener el equilibrio. Gritos de hombres, mujeres, niños gritos que gritaban por algo que no se conocía y que se comenzaba a experimentar. La energía eléctrica desapareció dando paso a las luces vehiculares, salimos  DEL RON RON CLUB y como una pesadilla mire caer en pedazos el edificio de los Bomberos, postes del tendido eléctrico cayeron a mis pies. Nadie sabía que estaba ocurriendo en  Managua.

El edificio de Pollos Rostizados diagonal al actual MTI casi me sepulta y desde el parquecito del viejo Plantel de Carreteras pude observar como el Estadio Nacional de forma rítmica sin salirse de su circunferencia me brindaba  un macabro espectáculo. ¿Qué está ocurriendo? Pregunte a una anciana que se cobijaba con el cielo de Managua esa madrugada, y ella, de rodillas, serena muy segura de sí misma me contesto.: ¡¡¡Se perdió Managua!!!    Este es un terremoto y vos muchacho no sabes que cosa es esto  señaló la humilde mujer. El reloj marcaba las doce de la madrugada con veintiocho minutos  del veinte y tres de diciembre de mil novecientos setenta y dos. Había comenzado una odisea en el mismo infierno. No concluí de bailar “La negra Celina”. Lo cierto es que jamás volví a tener la oportunidad de bailar esa canción, sobre todo con una bella mujer que mire en la penumbra de fiesta navideña una sola vez en mi vida.
Macabro recorrido:

Corrí y llegué al Rincón Español, un hoyo en la pared permitía salir nerviosamente a todas las personas que disfrutaban de una noche navideña en la propia calle Colón. La empresa Alka Seltzer celebraba  la navidad con sus empleados en ese local. Ayudamos a salir a varios amigos y amigas que  estaban  gozando de la música de Luisito Rey En vivo. Un taxi nos condujo sobre la Avenida del Ejército.  Muchas casas caídas comenzaban a  obstruir el tráfico.  Llantos, gritos desgarradores y aun no comprendía nada de lo que ocurría. Pellizque mi brazo izquierdo, sentí, no era pesadilla.  Otro temblor y  las viviendas pequeñas, medianas y grandes caían frente a nuestros ojos como naipes, tolvaneras rojizas alumbradas por faroles de vehículos que  con rumbo fijo y otros sin el comenzaban a deambular por la Managua atacada por un terrible terremoto. Llegue con muchas dificultades al barrio Largaespada, de la vieja Mansión Somoza seis cuadras al sur. Allí nos recibió un tercer temblor que concluyo la obra infernal.

El edificio la Protectora frente a la otrora Embajada Americana resistió el embate telúrico pero los daños fueron irreversibles al final el polvo se convirtió en polvo. El barrio Largaespada, al igual que la mayoría que conformaban la Managua sucumbieron ante un feroz terremoto no comparado con los ocurridos en 1844, 1885 y 1931. Esto, el terremoto del veintitrés de diciembre de mil novecientos setenta y dos era otra cosa. Era algo horrible. No se supo en que instante la fiesta navideña se convirtió en dolor. No podemos decir que brotaron lágrimas en esos momentos. Muchas veces –el terremoto lo puso al descubierto- era tan grande el dolor que las mismas lagrimas sufren tanto que no quieren siquiera dar la cara.

La Miscelánea “Angelita” en el corazón del barrio Largaespada, destrozada, en sus escombros estaba el hijo de la propietaria Angelita Reyes de Lai, lloraba esta gran mujer ante los escombros de su vivienda, igual cosa hacia Ramón Lai su marido. Chonin, el hijo de estos estaba enterrado en los escombros.  Sin medir consecuencias, propia acción de joven, penetre entre piedras, bloques, polvo y logré llegar donde estaba semienterrado el niño. Hale bruscamente de su brazo y logré rescatarle, aun vivía, aun vive en Brasil convertido en Ingeniero. De prisa llevamos al niño al Hospital Bautista ubicado a escasas cuatro cuadras. ¡Decepción! El Bautista en el suelo, ya muchos heridos y muertos estaban en sus costados esperando una inútil atención.

Un pavoroso incendio en el corazón de la Capital surgió posterior inmediato al terremoto. Mercado Central, San Miguel, los dos más grandes y populosos de Managua fueron calcinados por las llamas. Farmacia Ramos, Sabas Acosta eran parte de la antorcha que ponía punto final a la existencia de Managua. Las llamas avanzaron y a su paso destruían todo. Imposible ayudar  a las miles d personas que habían quedado atrapadas en ascensores, oficinas, edificios comerciales y casas particulares. Feo decirlo pero los que vivimos el terremoto de 1972 estuvimos en el mismísimo infierno.

Esa madrugada friolenta, cargada de pesadilla real, me recordó el momento agradable que horas antes había gozado en el barrio San Sebastián en casa de nuestro compañero de estudio  Julio Chacón. Logre llegar en  Jeep Scout prestado por Justo Pérez Mora, ya fallecido, al famoso barrio. Julio Chacón de rodillas, frente a los escombros de su vivienda, toda su familia había quedado sepultada, una familia entera, no podía aceptarse esa triste realidad, apenas minutos antes nos tomamos un par de tragos en la acera de esa casa atendido por su propia Madre. “Todos están allí” me señaló Julio Chacón. Procedimos a quitar  destrozos y a evacuar muertos. Se profundizaba en ese instante la tarea  sin par de rescatar heridos, ilesos y muertos. Julio no se detenía y continuaba tarareando ante estas horribles escenas la   Canción de la alegría de Beethoven. No habían lagrimas, estas vendrían después, siguen surgiendo hoy al recordar a los más de diez mil muertos que dejó a su paso el sismo Sin bomberos, sin policía, sin cruz roja, sin nada. Solo aferrados a la voluntad de Dios.

Ataúdes hicieron falta. Tipitapa fue solidario, nos obsequió ocho Cajas mortuorias que  sirvieron para dar cristiana sepultura a un número igual de muertos. La mayoría de victimas  compartieron tumba.  Palas mecánicas cavaron fosas de ocho por veinte por tres metros. Camiones de volquete depositaron centenares y centenares de cadáveres en las tumbas comunes. Muchos amigos, familiares de estos quedaron enterrados para siempre. En el cementerio Oriental, ante estas escenas nadie lloró a sus muertos, tal como dijéramos anteriormente las lagrimas vendrían después y es por eso que muchos de los que vivimos ese terrible experiencia lloramos, incluso, ante la ternura infinita de un pajarito.

Casa Vargas y el edificio del Diario Novedades tampoco estuvieron al margen del desastre, Nunca más Managua que nos recibió y acogió en su seno con  ese amor que no se compra ni se vende. Nunca más Managua con sus barrios sanos, cafeterías y poetas, cuentistas, ensayistas, pintores y declamadores ávidos de cultura progreso y amor. Nunca más volvería a ser Managua como la Managua que vivió hasta las doce y veintiocho minutos de la madrugada del veintitrés de diciembre de mil novecientos setenta y dos.
El saqueo también dio la cara para concluir la obra infernal. Muchos  indiferentes al dolor ajeno  llegaron de los departamentos  a saquear, a robar, a hacer más daño a los damnificados. La guardia de Somoza  también saqueaba y arrebataba bienes a aquellos que se querían aprovechar. No había duda, había comenzado  otra triste acción contra Managua. El saqueo.
Managua sin luz, sin agua, sin alimentos y sin casas. Tratábamos de cuidar los pocos enseres en regular estado que habían quedado a familias amigas. Hicimos un alto en la pesadilla ante la noche del veinticuatro de diciembre en plena media calle del barrio Largaespada. “Feliz Navidad” dijera don Carlos Sevilla, conocido como Chale Sevilla, ya fallecido, a decenas de personas sentadas y acostadas en plena calle alumbrada por la luna decembrina,  Managua seguía temblando. Un trago de whisky evacuado quién sabe por quien y donde supo a nada. Surgieron abrazos, feliz navidad, simple como por llenar un vacío, cumplir con un requisito establecido. Todos sin regalos, sin gallina, pavo y pollos, sin tragos, sin uvas peras y manzanas. Sin nada. Con mucho dolor y sin poder llorar.
La ayuda internacional no se hizo esperar., países amigos  enviaron aviones cargados de medicinas, ropa y alimentos. Anastasio Somoza Debayle  nombró Coordinador de la ayuda internacional a su propio hijo del mismo nombre apodado el “Chigüín”,  malas costumbres que aun prevalen desde el poder político, la mayor parte de la ayuda llegada del exterior quedó en poder de los Controladores de turno en el Aeropuerto Las Mercedes hoy Augusto César Sandino. El capital de los otrora dueños de Nicaragua se incrementó con la desgracia de los capitalinos y allí recomenzó el fin de la dinastía Somocista. Ya había iniciado el 21 de setiembre de 1956 en León. Todo acaba. Todo tiene su tiempo.

Cómo no recordar en este triste pasaje la figura morena del inmortal Roberto Clemente, el big leguer, que nos había visitado durante el XX Campeonato Mundial de Base Ball Aficionado, “Nicaragua Amiga 72”. Roberto cargó de víveres  y medicinas su avión y salió de Puerto Rico rumbo a Managua con mucha ayuda. Lo hizo de noche. Roberto Clemente se perdió para siempre el 31 de diciembre de 1972 pero su gesto e imagen quedaron estampados en el corazón de todos los nicaragüenses en  particular de los que sufrimos la embestida del terremoto.

Somoza Debayle no perdió un segundo para hacer negocio a costa del sufrimiento de todos los que habitábamos la Capital. “Abandonen Managua, abandonen Managua…” decía un sujeto con megáfono en mano desde  un helicóptero que volaba  sobre los escombros de la Capital. Advertían que la epidemia podía iniciar de un momento a otro. El hedor de muertos –humanos- ya era una molestia para los que nos resistíamos a abandonar nuestra querida Capital. Al final el éxodo. Miles de familias ordenadamente dejaron atrás a Managua físicamente, la Managua intacta iba en sus corazones.  Para principios de febrero  de 1973 ese éxodo  fue retornando a Managua, poco a poco. Muchas familias quedaron para siempre viviendo en el interior del país, otras tantas se fueron de Nicaragua para nunca más volver.

Managua jamás volvió a ser lo que era. El terremoto de 1972 todo lo destruyó, sin embargo, como el Ave Fénix la Capital con el apoyo de sus hijos ha venido surgiendo de las cenizas. Aunque para ello se ha tenido que hacer un recuento del daño que nos ocasionó el sismo que hoy a treinta y ocho años de distancia le recordamos con nuestras viejas referencias. Referencias destruidas físicamente pero que están intactas en nuestras memorias.
Papum, los Balcanes, el Infierno, el Abanico, el Plaza, el Adlon Club, el Club Managua, el Cuarto Bate, la Conga Roja, el Eskimo, el Salazar, el Lacmiel la Financiera Tienda de Carlos Cardenal, Panadería  Cagnoni, la Sopa de Arriba, en medio y abajo, la Noche Criolla con sus patitas de chancho, Chico Toval, los Coyotes de la Roosevelt, Tropigas, el Versalles, el Mouling Rouge, el Almendarez, la Galletería Cristal, el Club de Clases, los Dormitorios Públicos,  las Honorables putitas lindas de La Hortensia, Cafetería La India, el Foker, la Colonia Montoya, el Café Vargas, la Carne Asada del Gran Hotel , el Jardín Central, los Juzgados del Trébol, el Bóer, el Luky Seven, la Palmera, el Charco de los Patos, el  Mercado Central y San Miguel, el Buen Tono , la Estela Alfaro con sus galanas muchachas, la Cumbancha, el Gato Abraham el Mamón las Dos y media, el Nilito Blanco que aún este último se resiste a morir.
Jamás resucitó Cafetería la India  en cuya sala principal los poetas, ensayistas periodistas de la época se daban cita para resolver el problema de Nicaragua. Tampoco Casa Vargas con su inolvidable y humeante café nos volvió a albergar. Las minifaldas, los escotes y los coyotes de la Roosevelt se fueron con el terremoto, también Cebollón, Pedro Tuco y Juan Culón y hasta Peyeyeque se confundieron en la argamasa del brutal sismo que paralizó el corazón de nuestra Capital.


Managua fue destruida por el terremoto de 1972 en treinta segundo, igual que Hiroshima, sueños, aspiraciones, toda una frustración, impotencia, pero lo fundamental. Nadie se rindió. Todo producto de un sismo 6.4 es la escala Richter. 320 mil afectados, sin viviendas, sin dirección. 10 mil muertos. Muchos perdieron a sus familias. Cuarenta y nueve minutos después del primer sismo el otro, luego otro y Managua cayó a mis pies hecha pedazos. Sin previo aviso, muy propio de la naturaleza. Muy intimo del Creador.


Los temblores no dejaron a la Capital en paz, sismos de menor intensidad mantuvieron su ritmo después de la catástrofe. Centenares de movimientos telúricos se suscitaron después del veintitrés de diciembre, aun para marzo de 1973 Managua sufría los embates de la falla sismológica de Tiscapa que se había activado a las 12:28 de la madrugada del 22 de diciembre de 1972, teniendo como epicentro las orillas del lago de Managua.  De la alegría a la tristeza. Del canto a  la agonía. De la risa al llanto sin lágrimas. De la indiferencia a la solidaridad, de la estabilidad a lo incierto, de la hermandad navideña al siempre amor de los managuas. Fueron variables que el terremoto de 1972 nos impuso..Ah… cómo olvidar La Costillita --cantina popular- en donde conocí el sabor de la cerveza y a consumir Gato en vez de Conejo

Como olvidar Papum-cerca del Cine Méjico- frente al Batimercado propiedad de don Enrique Lang papá de Emett y de Evelyn, jamás podre olvidar los Dormitorios Públicos, los Yokotas en San Sebastián a Justo Pérez Mora este último con su risa jovial, cantarina recordándonos al pájaro guis de la Paz Centro. Difícil no llorar al recordar lo que fue nuestra Managua. Somoza cubrió de alambre la cintura de Managua destruida pero jamás pudo alambrar el amor que hemos  tenido y tenemos para Managua. Se dislocó la familia mediante el terremoto, pero se unió aun más en la reconstrucción  individual y colectiva. No padecimos hambre, sed y frio. Siempre surgieron familias solidarias que nos brindaron no solo su mano y techo si no también sus alimentos y medicinas hasta trabajo al interior del país. La solidaridad del nicaragüense estuvo a prueba…y que solidaridad ¡¡Dios Mío!!


Enterramos a nuestros muertos, elevamos una oración por los que quedaron sepultados por siempre en sus destrozadas viviendas. Oramos también por los qué aun deambulan ya ancianos y ancianas debido al sismo por las calles de nuestra Capital. Aun oramos para que no vuelva un terremoto similar a destruir nuestras obras y esperanzas.

Justo reconocer la compañía de muchos y muchas que hicieron posible brindar  ayuda a los más afectados cerca de nosotros mediante y pos terremoto, justo mencionar a: León Hilario Silva-hoy convertido en Ingeniero, vive en Bolonia, Managua- Noelia Pérez Quintana-radicada en Usa- Justo Pérez Mora –q.e.p.d.-, su esposa Victoria Quintana, sus hermanas Maruca y Graciela, estas dos últimas fallecidas, Leslie Pérez-hoy Ingeniero radicado en Brasil-, Don Heberto Bermúdez, un gran señor que me enseño el don de la caballerosidad, Azalia Álvarez y su hermano Saúl Álvarez que durante la Insurrección Sandinista en el fragor del combate se ganó el honroso titulo de Subcomandante, Saúl fue asesinado  de forma vil en la carretera norte mediante una protesta callejera, un gran muchacho antes de la guerra, durante el terremoto un chavalo valiente, un gran hombre después de la guerra de liberación y tantos otros y otras que estarán por siempre en mi corazón. Todos ellos y ellas sufrieron igual o más que yo ante esta tragedia. Que Dios les guarde y bendiga donde se encuentren.


 
HENRY BRICEÑO
SOBREVIVIENTE
San Rafael del Sur
DICIEMBRE 22 DEL 2010